miércoles, 30 de abril de 2014

ENTRE LA ESTUPIDEZ Y EL FASCISMO Amparándose en el anonimato que proporciona la red, unos seres acéfalos se han dedicado a mofarse de víctimas del terrorismo, mostrando un pensamiento fascistoide y una imbecilidad infinita


Aunque resulte increíble, hay quien ha llegado a tal grado de degradación moral
 que aplaude al asesino y se ríe de la víctima.
Hay quien afirma que eso es sólo incorrección política, como cuando alguien se refiere a todos los españoles en sentido genérico sin añadir lo de ‘y españolas’, o como cuando se cuenta un chiste machista. Sin embargo, vejar, insultar, amenazar, acosar o agredir mediante mensajes en las redes sociales no es una simple incorrección política o, ni mucho menos, libertad de expresión, sino puro fanatismo sectario tendente al pensamiento faccioso. Así, unos bípedos con una sola neurona se han dedicado a tratar de hacer daño a familiares de asesinados o a las propias víctimas a través de Internet; y tales actos de cobardía y bajeza moral se producen desde los dos extremos, que por haberse alejado tanto, ahora están en el mismo sitio, se tocan, como los extremeños de Muñoz Seca. 

La pregunta es por qué hay gente que apoya a quien pone una bomba en un supermercado y, a la vez, desprecia, ofende y se burla de las víctimas. Seguramente este tipo de individuo vive en la insatisfacción permanente, en la envidia del mediocre enfadado con el mundo, sin embargo, en realidad, con quien está resentido es consigo mismo, y por eso está siempre buscando alguien a quien atacar, alguien a quien culpar de sus disgustos, alguien sobre quien descargar esa rabia que deriva del hecho de estar tan enfrentado a sí mismo. Esa desavenencia con el propio yo (que nunca se ve, como la viga en el ojo) se suele ocultar al propio yo con soberbia y engreimiento. Por otro lado, invariablemente, esta subespecie está convencida de ser ‘de izquierdas’ aunque no hagan absolutamente nada que lo demuestre, sólo agredir de un modo u otro a quienes ellos ven como enemigos: esto les hace sentirse ‘rojos’. Asimismo, también existe el ceporro con adoquín por cerebro que piensa (es un decir) y obra de igual modo pero desde la ideología contraria; uno es la imagen en el espejo del otro, son lo mismo, sólo los diferencia el hecho de que unos saben que son fachas y los otros no. En todo caso, unen su cólera a su supuesta ideología, con lo que no les produce ningún reparo moral, ningún problema de conciencia el hecho de aliarse con el cobarde asesino y despreciar al inocente.

Como dato curioso del asunto se puede apuntar que los ejemplares de este pelaje están en contra de la lidia de los toros (aunque no todos los que se oponen al toreo son de este jaez), claman al cielo y se manifiestan ruidosamente, insultantemente, contra ese espectáculo en el que ‘se mata a un pobre animal indefenso’ (verdaderamente, la plaza de toros es el único sitio donde un animal puede defenderse de un hombre y vencerlo). Es decir, se solidarizan con el morlaco y, a la vez, se ríen de la niña que escuchaba música en su cuarto cuando estalló una bomba etarra en la parada del autobús al lado de su ventana. ¿Quién está más indefenso? En la orilla contraria hay descerebrados de igual tamaño que cuidan amorosamente de su perro, pero están siempre dispuestos a insultar, denigrar o apalear inmigrantes.      
También entran en el saco de la estupidez fascistoide los raperos que se dicen orgullosos de ser equiparados a los asesinos terroristas o los que realizan actos y comentarios racistas. Da igual. Primero se es un imbécil integral, y luego cada uno se especializa en un tipo específico de imbecilidad.


CARLOS DEL RIEGO