miércoles, 23 de abril de 2014

LA DEMOCRACIA NO LEGITIMA CUALQUIER LEY La dudosa moral que se está instalando en Holanda es de auténtico escándalo. Su última lección de vileza es el hecho de que su parlamento haya admitido a debate la propuesta de un ateneo de pederastas que pretende la legalización del sexo con mayores de 12 años.


Un parlamento democráticamente elegido no tiene poder
 para convertir en justa cualquier ley o disposición
Existe en este país una asociación que lleva años exigiendo la legalización de la pederastia. Asombrosamente, ¡su propuesta ha sido debatida en el parlamento holandés como si fuera la subida del iva!, ¡incluso un juez les llegó a dar la razón! De momento esta patulea, este ‘klan’ ha sido prohibido, pero ¿y si sus asquerosas iniciativas hubieran sido aprobadas? ¿Cuál sería la siguiente salvajada a debatir? Hay que tener en cuenta que, aunque parezca increíble, aquella asociación de pervertidos tiene sus publicaciones, con fotos deleznables, y el líder de la secta fue encarcelado por posesión de pornografía infantil y por abusar de un niño de 11 años. Es de locos pero esta manada de depravados no se esconde, tienen su lugar en la sociedad holandesa, que lo ve como algo normal…, ya que de otro modo reaccionaría escandalizada. Además, la asquerosa oferta añade que el sexo con los niños llegaría tras consensuarlo con sus padres…, o sea, que desean convertir a éstos en proxenetas (“¿Le parece bien que me lleve a su niño a mi casa un rato?”, preguntarían a los padres).

También viene de allí una ley que obliga a que los animales sean convenientemente sedados antes de ser sacrificados; cabría preguntar si los niños exterminados en el vientre de su madre son sedados o se les sacrifica sin anestesia (hay que tener claro el concepto de que la criatura dentro del vientre materno no es como el hígado o el corazón de la madre, sino que es un ser diferente, vive dentro de ella, a su costa, pero no es ella, no forma parte de ella, es otro ente, otra vida con un corazón que ya late a las seis semanas de embarazo). De este modo, puede colegirse que en aquella tierra una cabra de seis meses tiene más derechos que un no nacido de seis meses.

Y por si fuera poco, no sólo se permite la eutanasia, sino que casi se anima a ella. La última innovación es permitir la eutanasia a menores. Si hay que viajar a Países Bajos no sería exageración proveerse de un gran letrero que dijera “No eutanasia”, puesto que según la corriente actual si te rompes una pierna corres grave peligro de que te peguen un tiro, como a los caballos heridos en el Oeste, y además lo harán convencidos de que te están haciendo un gran favor… ¿Exageración?, puede ser, pero piénsese que quien acaba por matar a su mujer suele empezar con un insulto.

Todas estas disposiciones han surgido del parlamento holandés. Sin embargo, hay que tener presente que la democracia no legitima todo, la votación democrática de un parlamento legalmente constituido no tiene poder para convertir en justa cualquier idea, proposición o iniciativa. Por ejemplo, antes de la Guerra de Secesión de Estados Unidos (1861-65) los confederados (sudistas) tenían como legal la esclavitud, pues así se había decidido en los estamentos principales de cada estado; cuando desde el norte les conminaban a que terminaran con tan odiosa y antinatural práctica la Confederación contestó que no se metieran en sus asuntos, que eso era cosa interna, que todos los sudistas blancos estaban de acuerdo en mantener la esclavitud, que Lincoln y La Unión estaban atentando contra su derecho y contra su libertad, incluso que sus “negritos” eran felices así… Igualmente, también salieron de la cámara alemana (surgida de las urnas) las llamadas Leyes de Nurenberg (1935), que permitían todo tipo de agresiones contra los judíos; democráticamente fueron votadas por los representantes del pueblo y lograron el consenso preciso; paradójicamente, el III Reich también promulgó leyes que protegían a los animales, con durísimas sanciones contra quienes les hicieran daño. Evidentemente, moralmente, una votación democrática no es (no debería ser) instrumento para legitimar y justificar cualquier salvajada que se proponga a debate.

Lo que subyace en esas leyes holandesas que persiguen a los que viven en el vientre de su madre, a los menores y a los enfermos, es un auténtico acoso y derribo, una auténtica caza de los más débiles, de los más indefensos. Y todo ello con la apatía (cuando no con el aplauso) del pueblo holandés.

¡Qué mentalidades! Abominan de lo que hicieron allí los tercios y el Duque de Alba hace 500 años y ahora, hoy, ellos lo superan en ruindad, egoísmo, cobardía, vileza (y sin recordar cómo institucionalizaron el racismo, el apartheid, en Sudáfrica). Lo más chocante es que se piensan una de las sociedades más avanzadas, sin embargo, facilitar la muerte de los más desvalidos e inermes no es avance, es regresión, pura decadencia moral.

Aunque se consideren de otro modo, aunque sus leyes surjan democráticamente, estas sociedades están dando los primeros pasos por el camino que lleva a la animalidad. 


CARLOS DEL RIEGO