miércoles, 29 de enero de 2014

UNA CONFABULACIÓN JUDEOMÁSONICA E INTERGALÁCTICA Al verse imposibilitados para seguir negando, los dirigentes del FC Barcelona han recurrido al siempre eficaz truco de “vienen contra nosotros porque, como somos el ombligo del mundo, nos tienen envidia”. La treta suele funcionar…, de momento

En el mito de la caverna de Platón, los personajes atados creen que
las sombras que ven (manipuladas por sus dirigentes) son la realidad.
Una de las más socorridas triquiñuelas de los líderes que se ven acorralados por disputas y disensiones internas es buscar un enemigo al que culpar. De este modo, piensan, van a conseguir convencer a buena parte de sus partidarios, tan aleccionados que se creerán todo lo que se les cuente si ello supone ataque y denuncia contra los otros, contra los que “no son de los nuestros”.

Esto ha sucedido a los directivos del Fútbol Club Barcelona que, señalados como fulleros a la hora de justificar una importante transacción económica, no han encontrado mejor defensa que acusar al rival de siempre, el Real Madrid CF, de estar detrás de todo el asunto y haber urdido una trama para perjudicarlos a ellos y a la entidad. De este modo, alguien ha ideado el amaño y luego se ha convencido a sí mismo para, finalmente, arrastrar a toda la cofradía al convencimiento de que la culpa es de otros, de los malos de siempre. ¿Es posible creerse que la denuncia interpuesta por un socio del Barça contra su presidente haya sido organizada por Florentino Pérez (presi del Madrí), quien llamó a Aznar, el cual exigió al ministro Gallardón que forzara al juez a tomar una decisión? Solamente quien esté dispuesto a creerse cualquier cosa si apunta al enemigo secular puede tragarse bola de tal tamaño; no habrá autocrítica y se tomará la denuncia contra los otros como una liberación, como un “menos mal que son los otros”, como un “ahora me lo explico todo”. Es, evidentemente, mucho más fácil y asumible la idea de que la culpa no está entre nosotros, sino entre ellos.

En primer lugar, denota cierto egocentrismo afirmar que oscuros y poderosos personajes han maquinado contra uno algo así como una conspiración intergaláctica, una auténtica confabulación en la que influyentes empresarios, políticos y jueces conspiran contra uno. Y en segundo lugar hay que ser crédulo y estar adoctrinado para admitir a pies juntillas cualquier fantasía fabulada por los cabecillas, que saben que la cosa funciona con “los suyos” y así pueden distraer su atención de problemas verdaderos. Que una persona empiece a ver fantasmas por todas partes y entienda que todos están contra él es más habitual de lo que parece, pero que un conjunto de población de cientos de miles de personas caiga en un argumento disparatado ya es otra cosa…, aunque tampoco se trata de una rareza, como se demuestra echando un vistazo a la historia del siglo pasado.

Se pueden encontrar en este asunto ecos del ‘Mito de la Caverna’ de Platón (la gente atada frente a la pared del fondo de una cueva y de espaldas a la entrada está convencida de que las sombras que ve proyectadas en la pared son la realidad, y se niega a volverse y ver), pero también del chiflado paranoico que se monta su propia historia y luego se convence a sí mismo de su veracidad, hasta convertir cualquier detalle o actitud de quienes lo rodean en prueba de su creencia, o sea, de su chaladura.

Un pobre hombre llegó a la redacción de un periódico preguntando por un antiguo amigo; tras los saludos el periodista le pregunta eso de ¿cómo por aquí?, a lo que el otro responde que viene a comprobar qué se dice de él en la prensa. Sorprendido, el redactor le contesta que no sabe a qué se refiere, de manera que el hombre le explica primero que su jefe lo despidió porque su mujer (la del jefe) se había enamorado de él, y segundo que ya sabe que es muy guapo, por lo que no es de extrañar dicho enamoramiento… Al día siguiente el cronista se puso en contacto con el jefe, quien le dijo que el tal no iba por el trabajo desde hacía meses y que, lógicamente, por eso lo había despedido; y añadió que el interfecto sólo vio a su mujer (la del jefe) una vez y sin que ella bajara del coche; y concluyó que un año atrás había empezado a decir a las empleadas (primero casi en broma y luego con enojo y a voces) que dejaran de llamarlo por teléfono, de dejarle notas por todas partes y, en fin, de proponerle relaciones…, hasta que no hubo más remedio que avisar a la policía, pues las pobres chicas están asustadísimas. Pues bien, con otro origen pero al igual que este pobre desequilibrado, la afición más fanatizoide del FC Barcelona ha sido convencida de que es tan guapa y tan importante, que todo el mundo está pendiente de sus cosas, que todos envidian sus infinitas virtudes…

En fin, que incluso cuando el origen del conflicto es evidentemente interno, basta un discurso acusatorio para que las miradas se vuelvan contra los otros, contra los que “no son de los nuestros”, que siempre están “celosos y envidiosos de nosotros”. Este mensaje resulta halagador para los parroquianos, pues les transmite la idea de que son poco menos que el centro del universo, y por eso, el resto, los que “no son de los nuestros”, les desea todo mal.

Tarde o temprano se suele llegar al fondo del asunto, lo cual no es impedimento para que los más adoctrinados sigan creyendo más allá de la evidencia. Sólo hace falta querer creer para creer.


CARLOS DEL RIEGO