domingo, 19 de enero de 2014

MICK RONSON: UN GENIO EN LA SOMBRA Justo ahora hace cuatro décadas que el gran Mick Ronson publicara su primer disco en solitario, el excelente ‘Slaughter on 10th. Avenue’, su debut como solista, sin ser ‘el guitarrista de’. Bowie y otras grandes figuras se utilizaron su enorme talento


Mick Ronson, un músico excelente que siempre es recordado por haber
 sido 'el guitarrista de'.
Hay músicos y discos que, siendo absolutamente excelentes, se quedan en una pequeña reseña para el gran público y, a la vez, en lugar infalible cuando lo que se busca es talento. El gran guitarrista Mick Ronson fue algo así como el brazo derecho del mejor David Bowie (del ‘The man who sold…” hasta el ‘Pin ups’ pasando por el ‘Ziggy Stardus’, ¡casi nada!), contribuyó de modo decisivo a la construcción de álbumes míticos, como el ‘Transformer’ de Lou Reed, y no pocas leyendas se beneficiaron de su instinto musical, desde Dylan a Van Morrison, ¡casi nadie! Pero también hizo lo suyo, de modo que en marzo de 1974 Ronson lanzaba su primer álbum en solitario, el fantástico ‘Slaughter on 10th avenue’.




Mick Ronson era, ante todo, un músico de esos que les das una mesa y una hora y te hacen una canción. Tenía la música en los huesos, y por eso era capaz de imaginar qué es lo convenía a cada composición; por ejemplo, Lou Reed tenía escrito el ‘Perfect day’, pero hasta que Ronson no le dio forma no se convirtió en genial: él aportó ese maravilloso piano (relacionado con el de ‘Lady Stardust’ de ‘Ziggy’) y el tenebroso chelo para moldear una idea hasta convertirla en magia.

Pero tras ser ‘el guitarrista de’, en el 74, en plena efervescencia glam-rock, publicó este ‘Masacre en la décima avenida’. El álbum presenta siete canciones de muy diverso pelaje y procedencia, cuatro de las cuales son de categoría excelente, bellísimas melodías envueltas en ambientes dramáticos, intensos, y todo con un gusto y una elegancia que las hace especiales. El disco se abre con el ‘Love me tender’, pieza popularizada por Elvis; se trata de una adaptación de una tonadilla popular en Usa durante su guerra civil a la que Ken Darby puso la letra que se tiene por clásica; la versión de Ronson no tiene nada que ver con la de Elvis: muestra mayor carga efectista y teatral, pero mucho menos almíbar, sus arreglos son contundentes y la voz suena apasionada, desesperada a veces; el solo de Gibson que regala es fino y sutil, dulce y comedido. Sigue la entusiástico ‘Growing up & I’m fine’, un auténtico modelo de canción glam firmada por el propio Bowie que cautiva por su chispa, por su gracia y desenfado, por su singular tratamiento vocal, sus cambios de ritmo, sus personales toques de percusión. Después ‘Only after dark’, otra deliciosa melodía más cercana al pop que a otra cosa, y ‘Music is lethal’, dramática y encendida. El final es el tema que da título al álbum; se trata de una adaptación de una pieza escrita para una comedia musical de Brodway nada menos que en 1936; todo gira en torno a una melodía cargada de tragedia y sentimiento (la obra termina con la muerte de la chica a manos de su celoso novio), una cadencia que dirige y dibuja la guitarra de Mick, con cambios insospechados, etéreos pianos, pasajes explosivos…, y todo ello sin que suene voz alguna, pues se trata de un instrumental, una pieza emotiva y con mucho ‘feeling’.

Mick Ronson es uno de los muchos grandes artistas que dieron el lustre necesario a piezas que sin él se hubieran quedado en prometedores bosquejos, en intentos, él ideó desde los cimientos hasta el artesonado. Como dice el refrán, uno se llevan la fama y otros cardan la lana, y por eso hay que reconocer el mérito de quien siempre se queda detrás cuando llegan las cámaras, pero siempre está delante a la hora de crear. Por eso su riff en ‘Ziggy Stardust’ es una pared maestra del edificio del rock. 
Fantástico guitarrista (a la altura de las grandes leyendas), intérprete innovador y personal, ingenioso en la creación de ambientes y en la imaginación de sonidos, Ronson murió en 1993 con 46 años, apenas uno después de actuar en el homenaje a Freddy Mercury, desaparecido unos cuantos meses antes.


CARLOS DEL RIEGO