miércoles, 15 de enero de 2014

CIEN MILVASCOS PROCLAMAN SU SIMPATÍA POR EL ASESINO Cien mil vascos se echaron a la calle para manifestar su apoyo a una pandilla de asesinos con pensamiento nazi, mostrando a su vez idéntica mentalidad

Cien mil vascos, evidenciando pensamiento nazi, pidieron por los asesinos
e insultaron y amenazaron  a las víctimas
En tono agresivo y fanfarrón, esos amigos de asesinos elogiaron y homenajearon a esta especie de nazis a quienes llaman patriotas, e incluso se les escuchó vocear “Eta mátalos”. Lógicamente esta gente desprecia a las víctimas y sus familiares (que también son víctimas) y les acusa de ser causa de la prisión de los matones…, por haber muerto a manos de éstos… De locos.

¿Cómo es posible que haya cerebros que encuentren meritorio poner una bomba en un supermercado y liquidar docenas de personas? Fácil es la respuesta, y es la misma que explica cómo personas aparentemente normales veían con buenos ojos la caza y masacre de judíos: el fanatismo más ciego, obtuso y sectario. Y es que siendo absolutamente execrables los ejecutores, peor es el hecho de que tan significativo número de ciudadanos aparentemente normales, de esos que llevan diariamente los niños al colegio, alienten y respalden tan incondicionalmente a los verdugos. Es increíble que tantos sean incapaces de entender que los muertos a manos de sus amigos también tenían niños que llevar al colegio. ¿Qué procesos mentales les llevan a perder esa capacidad exclusivamente humana de compadecerse del muerto e identificarse con el que sufre esa pérdida? El nazismo vuelve a señalar la respuesta, pues al igual que los etarras por los que cien mil vascos salieron a pedir, los nazis organizaban cacerías de judíos como la tristemente famosa ‘noche de los cristales rotos’ (y muchas otras noches de terror), mientras los ciudadanos miraban sonrientes, insultaban a las víctimas y vitoreaban a los verdugos; y posteriormente les expresaban a voz en grito su apoyo incondicional en masivas manifestaciones y concentraciones. Los asesinos vascos y quienes los respaldan son nazis, piensan nazi, actúan como nazis, sin que tenga ninguna importancia el sentido de sus reivindicaciones o su supuesta ideología. ¿Alguien se imagina que cien mil alemanes salieran a la calle a exigir libertad para los nazis encarcelados y que se deje de perseguir a los que aun no han respondido por sus crímenes?

¿Cómo se puede encontrar admirable y respetable el asesinato?, ¿cómo pueden personas aparentemente normales aplaudir la ejecución fría de personas indefensas, cuando no de niños e incluso bebés? Más aun, ¿cómo pueden exigir suavización de penas para asesinos múltiples y ‘humanidad’ para sus familiares, a la vez que insultan y amenazan a esos a quienes han arrebatado padres, madres, hijos?

Por disparatado que parezca, esa distorsión de la lógica, esa deformación de la verdad se produce y cuenta con afiliados en varios lugares del planeta, donde se otorga tanto mérito a abyectos pervertidos como hacen cien mil vascos cuando aplauden a individuos por pegar tiros en la nuca, por secuestrar y enterrar en vida, por detonar explosivos en la parada del autobús… Así, muchos eslavos (sobre todo serbios), tienen a Gavrilo Princip en el Olimpo de los héroes, ¿cuál fue su hazaña?, simplemente matar a una pareja de recién casados, ¿y qué aportó al beneficio de los hombres?, nada más que causar el estallido de una guerra que ocasionó millones y millones de muertos, ya que la meritoria acción de aquel cretino condujo directamente a la Primera Guerra Mundial (y la segunda hubiera sido imposible sin la primera). Pues a pesar de ello, aquel prehomínido tiene una calle en Belgrado que recuerda su proeza (¿se admitiría una calle Adolf Hitler en Munich?), e incluso presuntos historiadores serbios niegan que fuera un terrorista. Las personas son lo que hacen, no lo que dicen o piensan, de manera que si uno quiere imponer una ideología tiroteando a los demás es un terrorista, sin que tenga importancia su causa o su idea. Y sus amigos y simpatizantes son moralmente tan culpables.    

Eso es simpatía por el asesino, compasión por el diablo.


CARLOS DEL RIEGO