domingo, 5 de enero de 2014

DESACUERDOS ENTRE CRÍTICA Y PÚBLICO: GRAND FUNK, SLADE Y SUPERTRAMP No son pocas las veces en que un grupo obtiene excelentes resultados comerciales a la vez que malas críticas; entre los casos más significados se pueden mencionar a Grand Funk, Slade y Supertramp

Supertramp fue durante unos años el grupo más popular del planeta
La discrepancia entre la prensa especializada y el comprador de discos suele ser muy habitual en el terreno de la música, algo lógico tratándose de un arte, de algo absolutamente subjetivo. Sin embargo, a veces se da el caso de que por muchos méritos que hagan los músicos jamás encuentran una palabra amable entre los ‘entendidos’ que publican sus juicios. Así ha sucedido con no pocos, pero hay algunos a los que el mejor crítico, el tiempo, ha recolocado; se recuerdan tres grandes bandas que vendieron millones de discos (cuando para escuchar música había que recurrir al soporte real) y que, en su tiempo, no recibieron sino reproches y vituperios de gaznápiros con firma: los estadounidenses Grand Funk y los británicos Slade y Supertramp. 

Hoy día se hace menos caso a la crítica, pero en otro tiempo el que tenía interés buscaba datos y opiniones especializadas; y ha habido ocasiones en que la prensa ha minusvalorado a bandas de rock, a veces con calificativos terriblemente despectivos, aunque con el paso de los años ha tenido que tragarse sus palabras, ya fuera porque aquellos opinadores cayeron del caballo o simplemente el apoyo popular les empujó a cambiar el discurso; por ejemplo, la revista Rolling Stone se burló de los primeros discos de los Queen, despreciándolos con tal saña que parecía odio personal, pero en cuanto el triunfo de la Reina no admitió dudas cambiaron el tono y la opinión. Por otro lado, hay veces que la prensa especializada (la mayor parte) se obceca tercamente, e incluso los periodistas de rock pasan el testigo de la mala opinión con libros y artículos, de modo que su parecer se mantiene en el tiempo. Afortunadamente, el mérito termina por asomar, y pasadas décadas, casi nadie se atreve a dudar del poderío de Grand Funk, del buen gusto de Supertramp y del atractivo horteriforme de Slade


Grand Funk (de Michigan) compitieron con los Beatles, o sea, ya estaban ahí en los sesenta del siglo XX, de modo que Mark Farner y sus colegas pusieron su granito de arena en la causa de la construcción del heavy metal. Casi desde el primer momento fueron descalificados por los gurús que trataban de sentar cátedra con sus críticas, pues estaban intentando algo que se apartaba de los cánones del rock; así, llegaron a decir que aquello era una música simplona hecha por bárbaros para borrachos. Sin embargo, el público estuvo a su lado siempre, llenando estadios y comprando masivamente sus álbumes. Su estilo era de raíz ‘bluesera’, pero rocoso hasta decir basta a pesar de que, al menos al principio, sólo eran bajo, guitarra y batería; con estructura sencilla, construyeron canciones pletóricas de energía rock y supieron dar nuevos matices a piezas ajenas, sobre todo en casos como ‘The Locomotion’ (de Gerry Goffin y Carole King), ‘Some kind of wonderful’ (de John Ellison) o el ‘Feelin´ allright’ (de Traffic). En cuanto a sus propias creaciones, el excelente y  orgulloso álbum ‘We´re an american band’ es bien representativo de su propuesta: blues-hard cargado de energía con un concepto casi esquemático, riffs trepidantes y nerviosos, canciones con alma heavy ya sean lentas, medios tiempos o explosivas. Hicieron varios de elepés sobresalientes durante sus años dorados, los setenta del XX y llenaron allí donde tocaron, pero increíblemente jamás pisaron un escenario lejos de USA.

Supertramp fueron durante algún tiempo (de 1974 a 1980) la banda más famosa del planeta, y sus discos se vendieron como rosquillas. Su sonido estaba muy cuidado, pues sus principales integrantes (Davis, Hodgson y Helliwell) eran músicos fantásticos, con gran sentido de la armonía y partidarios de la visión más artística de la música. En sus canciones no cabía improvisación (ni siquiera en algunos pasajes que se acercan al jazz), sino una meticulosidad casi obsesiva, con una sonoridad muy equilibrada, composición inspirada, finísimos arreglos y pinceladas de exquisita musicalidad con solos deliciosos…, bien puede afirmarse que algunas de sus piezas emblemáticas semejan cuadros de gran maestro de la pintura. Toda la cara A de ‘Crisis?, What crisis?’ es un prodigio de creatividad en la que hay casi de todo; y qué decir de la preciosista ‘Fool´s overture’ o las pegadizas ‘Give a little bit’ o ‘Babaji’ de su otra obra cumbre, ‘Even in te quietest moments’; no se pueden olvidar éxitos mundiales como ‘Dreamer’ o ‘Logical song’, ésta pertenece a su multimillonario ‘Breakfast in America’. Sí, el público estuvo con ellos durante lustros, pero la crítica los destrozó acusándoles de un gravísimo pecado en aquella época: ser comerciales, vender muchos discos; y en base a esto se les puso verdes en casi toda publicación que se creía legitimada para entregar carnets de autenticidad o, por el contrario, se acusaba de ignominia y deshonra. Lo malo es que aquello caló, al menos en su momento, y muchos fanáticos del rock colocaron (injustísimamente) a Supertramp en su lista negra.

Slade era otra cosa: vocingleros y horterillas, ruidosos y barriobajeros, excesivos, facilones y con un sonido muy sucio. Y sí, eran todo eso, como prueba el hecho de que siempre fueron número uno en las salas de billares y futbolines, donde había máquinas en las que se metía una moneda de cinco pesetas, un duro (0,03 euros), y se escuchaban dos canciones, una de las cuales casi siempre era el ‘Mama weer all crazee now’, ‘Gudbuy T´Jane’, ‘Cum on feel the noize’ o ‘Coz I love you’… Sí, escribían con faltas de ortografía y su atuendo era hilarante, pero sus melodías chillonas y exageradas entraban sin dificultad a pesar del farragoso sonido. Esto, el aspecto de Holder, Lee y compañía, sus ventas millonarias y el hecho de que alternaran con Los Chichos y similares en ‘los 40’ o en los coches de choque hizo que los rockeros excluyentes les colocaran un capirote de hereje.


CARLOS DEL RIEGO