domingo, 2 de febrero de 2014

ALGUNOS DISPARATES DE LOS OCHENTA Una forma de conseguir popularidad rápidamente es acudir al disparate, al exceso, como hicieron algunos en los ochenta del siglo pasado que, lógicamente, se diluyeron en poco tiempo. ¿Alguien recuerda a Sigue Sigue Sputnik o a Adam & The Ants?

De semejante guisa se atrevían a presentarse en público Adam & The Ants
Siempre ha habido grupos de pop y rock que han optado, para que se les prestase atención, por una presencia y puesta en escena exagerada más que fiarlo a sus canciones. Por ejemplo, se puede decir que Kiss o Village People hicieron del esperpento su principal rasgo de identidad en los años setenta. Pero puede afirmarse que fue la década de los ochenta del siglo pasado la que más disparates permitió, algunos de ellos con cierta gracia…, al menos durante un par de minutos. Fue el momento de las hombreras insultantes, de los tocados delirantes y los teñidos monstruosos, de los colores estruendosos y, en fin, de una estampa digna de un cuadro de El Bosco.


El caso es que, una vez que la marea punk derribó las paredes de los cánones de la música popular, el todo vale se impuso, de manera que en los primeros años de aquella década algunos se inscribieron en la carrera de la exageración y, casi siempre, del mal gusto; era la moda, había que ir un poco más allá en el empeño de llamar la atención a base de (visuales) provocaciones. Pero claro, nada hay más cierto que el hecho de que todo lo que está de moda pasará de moda, con lo que aquellos grupos desaparecieron tan repentinamente como un cambio de escaparate al llegar la nueva temporada.

En realidad, ya en su momento causaron más curiosidad y sonrisa que otra cosa. Vistos desde hoy la percepción apenas ha cambiado: mucha más fachada que canciones, pero hay algunos a los que se les ve como curiosidades de su tiempo, como representantes de un corto período en el que el personal vivía bastante más despreocupadamente. Era un hedonismo rococó, decadencia si se quiere, fantasía, desinhibición sin prejuicios…, y exceso, exceso en todo, “nada satisface tanto como el exceso” decían en una peli.


Entre los que mostraban una facha más escandalosa estaban los Sigue Sigue Sputnik. Eran estos un especímen singular, un grupo de rock con ínfulas futuristas, con tanto sinte como laca y maquillaje. A mediados de los ochenta tuvieron su minuto de gloria con la canción ‘Love misile F1-11’. Efectos, ecos, filtros, voces, oropeles sonoros…, y alguna guitarra que asoma de vez en cuando; la melodía es prácticamente inexistente, apenas pasa de un recitado que parece ser poco más que un pretexto para exhibir novedades tecnológicas. Con tan escaso contenido no puede extrañar que duraran lo que una moda, pero el caso es que en su segundo disco se decidieron a hacer más rock y menos pantomima, aunque curiosamente la cosa se diluyó por indiferencia general. El vídeo se ve con esa sensación de una moda más que pasada, trasnochada, casi hilarante.

Otro grupo que destacó en aquella antología del disparate fue Adam & The Ants. Surgido con propósitos punk aun en los 70, comprobaron que no se comían nada, así que contrataron al figurón Malcom McLaren (sí, el que se inventó a los Sex Pistols) para que diera un giro a la cosa. Se vistieron de piratas de guardarropía, se pintaron y peinaron como si fueran de carnaval y probaron fortuna. De esta guisa lanzaron un par de álbumes, de los que salieron sus dos únicos ‘éxitos’, el ‘Stand & deliver’ y el ‘Dog eat dog’. Los temas no tienen gran cosa, aunque un veterano resabiado como el guitarrista Marco Pirroni daba un poco más de consistencia al sonido; de todos modos a veces se sugiere algo de melodía que se puede tararear. Sea como sea, un par de años y al archivo. Por cierto, el tal McLaren se llevó a varios de los integrantes de los Ants para otro de los grupos de su cuadra, Bow Wow Wow, digno de entrar en el estante de los desacatos y que sonó con una titulada ‘C-30, C-60, C-90’, título que no comprenderán quienes no conocieran la cinta de casete (aquellas TDK…).

Dead or Alive, Visage o los primeros Spandau Ballet y Duran Duran militaron en los ejércitos de la mamarrachada que, como en cualquier otro tiempo, también hubo en los ochenta del XX. De otro modo, también fueron auténtica jaula de grillos Frankie Goes to Holliwood, pero ahora con canciones, algunas de verdadero mérito como la sugerente ‘Relax’ o la impagable ‘Two Tribes’, cuyo imprescindible vídeo mostraba un doble del presidente USA Ronald Reagan y otro del soviético Konstatin Chernenko peleándose ante una audiencia mundial que apuesta; los últimos treinta segundos son antológicos.

La versión española de la cosa fueron los lechuguinos de (¡horror y pavor!) Locomía, aunque los cardados, el colorido empalagoso e incluso la espantosa hombrera también menudearon por aquí. Afortunadamente también hubo mucho y bueno, tanto aquí como allí.

Hoy también hay de esto, como esas y esos que tienen más espacio en los medios por lo visual que por lo sonoro.


CARLOS DEL RIEGO