domingo, 16 de febrero de 2014

CLÁSICOS DEL ROCK SUREÑO El sur de Estados Unidos posee, debido principalmente a su devenir histórico, su propia personalidad, la cual se refleja en todas sus manifestaciones culturales, incluyendo la música rock; tan es así que hasta se ha acuñado un subgénero dentro de ese amplio cajón de sastre: el rock sureño, que incluye bandas verdaderamente únicas.

Charlie Daniels, considerado el padre del rock sureño.
No son pocos los grupos que, dentro de esa denominación de origen, han brillado y dejado auténticas joyas, héroes para la leyenda y un sonido característico. En la prehistoria del rock sureño podrían citarse muchos nombres, desde el gran Hank Williams a los no menos grandes Creedence, pero la esencia la pusieron otros. Entre sus principales señas de identidad destacan (además de que todos proceden de estados del sur, aunque no todos los grupos del sur hacen southern rock) la generosidad instrumental, sobre todo la profusión de guitarras, desde la ‘steel guitar’ hasta la acústica de 12 cuerdas; asimismo es casi general el sonido de finos teclados y no es extraña la presencia de saxos, armónicas, violines, e incluso flautas; la voz siempre es profunda y densa, muy armónica, muy modulada; los ambientes conseguidos son herederos del country y deudores del blues más pantanoso. Luego, lógicamente, cada autor y productor aporta su ‘manierismo’. El resultado es intenso, exigente, pero por más instrumentos que haya, jamás se capta como ruidoso ni se pone cargante. La presencia de la bandera sudista también es casi obligada en vivo, sobre todo si el concierto es el cualquier ‘estado confederado’; por cierto, es curioso cómo agitar la ‘Cruz sureña’ no se hace ni se entiende como menosprecio o deseo de divorcio.    


No son pocos los grupos que han sobresalido especialmente dentro de la estantería del ‘southern rock’, pero hay tres nombres imprescindibles: Allman Brothers Band, Lynyrd Skynyrd  y Marshall Tucker Band, que pueden ser identificados por tres canciones magistrales, tres piezas emblemáticas y cargadas de carácter como son, respectivamente, ‘Jessica’, ‘Sweet home Alabama’ y ‘Fire on the mountain’.



El grupo de los hermanos Allman (Duane murió en 1971) ha dejado canciones de leyenda, como la emotiva y vibrante ‘Rambin’ man’ (inspirada en una homónima de Hank Williams, pero sin nada que ver) o la más jazzística ‘In memory of Elisabeth Reed (frase que vieron en una lápida de un cementerio de su pueblo, Macon, Georgia, el mismo donde está enterrado Duane), pero su pieza de bandera es la irresistible ‘Jessica’. Se trata, sin duda, de uno de los mejores (por no decir más) instrumentales de la historia del rock. La batuta la lleva la inmaculada, elegante, finísima guitarra de Dickey Betts, que dibuja en el aire una fantástica, casi hipnótica melodía; el ritmo atrapa, los arreglos que órgano y piano aportan un ambiente único. Con todo ello se consigue, un tema de gran densidad pero con el que es muy fácil identificarse, de modo que tras un par de audiciones, ‘Jessica’ se vuelve importante en la lista de éxitos que cada uno tiene en su memoria.



Lynyrd Skynyrd tiene también canciones sobresalientes, como la monumental ‘Free bird’, una pieza lenta y larga cargada de intención y emoción, que va ganando en intensidad para terminar en una explosión de guitarras con riffs encendidos; el pájaro libre es Duane Allman. Pero la canción de Lynyrd Skynyrd es, claro, ‘Sweet home Alabama’. Su entrada es emblemática, con esa entrada inconfundible y ese ‘Turn it up!’ (‘¡Súbelo!’, que no estaba previsto, pero al escuchar lo bien que quedaba decidieron dejarlo), con el ritmo cadencioso y la voz profunda, con el piano sutil y los coros, con el enfrentamiento de guitarras…, en cualquier parte del mundo sería tarareada a la primera. El tema gira en torno a dos asuntos; por un lado se trataba de contestar a lo que Neil Young decía en sus ‘Southern man’ y ‘Alabama’, y por otro reconocer el trabajo de los estudios Muscle Shoals y sus músicos, The Swampers’. Sin embargo lo que ha prevalecido es la controversia con el viejo Neil, que insinuaba racismo, y la réplica de los sureños, mostrando su orgullo por ser del sur (curiosamente eran de Florida).

Marshall Tucker Band propone algo más elaborado, barroco si se quiere, pero con el sello de fino estilista; su sonido se presenta cargado de detalles y gran aporte instrumental, con la correspondiente voz densa y penetrante, ese extraordinario cuidado a la hora de pulir y refinar la mezcla final y esa chispa en la melodía…, todo encaja en una armónica y arrebatadora perfección. En su repertorio se encuentra verdaderas delicatesen, como ‘Can´t you see’, ‘Ramblin´’ o ‘Searchin’ for a rainbow’, pero sobre todas destaca la prodigiosa ‘Fire on the mountain’. Lucen la steel guitar, las acústicas, las eléctricas, la flauta, en una cabalgada acompasada y melodiosa que invita a subirse a su ritmo suave que parece acariciar los sentidos. Es una canción absolutamente imprescindible y que gusta desde el primer momento, pues transmite algo que se acopla perfectamente a los receptores de estímulos placenteros del cerebro. En 1980 murió uno de sus fundadores, Tommy Caldwell, y en 1993 su hermano Toy, el guitarrista.

Pero además de los ‘majors’ del rock sureño, la nómina de adscritos a este estilo es amplia, variada y muy atractiva. Ahí está el hipnótico Charlie Daniels (barbas, violín y sombrero) al frente de Charlie Daniel Band que, aunque country y campero por los cuatro costados, es considerado padre del southern rock.  Blackfoot (más heavy), Molly Hatchet (tirando a metal épico, aunque con una voz delatora), The Outlaws (finísima, preciosa fusión de country, rock & blues y armonías vocales), 38 Special (más rythm & blues), Cowboy (pioneros del country-rock, con apuesta más melódica, anteriores a Poco o Eagles y muy unidos a los Allman), o los siempre elegantes y entrañables, por lo que significaba tener sus discos en los años setenta, Amazing Rythm Aces (aquella rana en moto); y Little Feat (tirando hacia el blues), Black Oak Arkansas, Atlanta Rythm Section, Ozark Mountain Daredevils…   

Visto desde 2014, resulta casi increíble que en aquella España de hace cuatro décadas hubiera quien conociera e incluso tuviera discos de estas bandas.


CARLOS DEL RIEGO