domingo, 23 de febrero de 2014

AC / DC, CUARENTA AÑOS DE ROCK EN ESTADO PURO Es asombroso, pero dos docenas de discos y cuatro décadas después, AC DC se ha asentado como uno de los más universales iconos del rock a pesar de que su propuesta es la misma que en sus comienzos. Afortunadamente.

Si el rock pudiera representarse con imágenes, esta sería una muy adecuada
Nadie en aquel momento hubiera apostado por la longevidad de aquellos recién llegados llamados AC DC; ni mucho menos que se convertirían en una de las bandas de rock más populares, influyentes, exitosas, vendedoras y aclamadas de todo el planeta. Pues sí, han pasado nada menos que 40 años desde que el grupo tomó forma, y Angus es casi un sesentón a pesar de sus pantalones.



Para empezar, estos británicos australianos hicieron su irrupción internacional en plena efervescencia punk, produciéndose cierta disputa; por un lado había quien descalificaba a AC DC por hacer ‘rock mastodóntico’, pero por otro había que los veía como una banda ‘que da mucha caña’. Su propuesta es realmente simple, de hecho resulta tópica, fácil, carente de sorpresa, con escasas variantes…, pero resulta perfecta para menear la cabeza; no suele llevar cadencia veloz, pero las guitarras apabullan, abruman, penetran fácilmente, se enganchan y mueven al receptor a su antojo; y luego está la voz, siempre cascada y un tanto arenosa, rasposa, aguardentosa…, ya fuera la del recordado bon Scott o la del eficaz Brian Johnson. Pero la seña de identidad de la banda es Angus caminando con paso firme con el escenario mientras arranca rock en estado puro de su negra Gibson. Ciertamente lo de AC DC nunca ha sido ni innovador ni original, nada de eso, ellos han apostado por recorrer siempre, más o menos, el mismo camino, pero asombrosamente la cosa funciona, la potencia de la muralla construida resulta irresistible para todos los que tienen química con el rock, con el rock en general, y da igual que se prefiera el hard o el heavy a la clásica, el metal, cross over o cualquier subgénero con guitarras distorsionadas, todos coinciden en Angus Young.


Sí, los temas de cualquiera de sus álbumes podrían formar parte de cualquier otro. Pero en realidad da igual que sus canciones apenas muestren variaciones, en primer lugar porque el rock no admite cánones de otros géneros musicales, sino que el rock permite recursos y ejercicios que otras músicas repudian; y en segundo lugar porque nadie desearía que AC DC empezara a hacer canciones en claves distintas y que dejara de ser lo que es. Lo bueno de esa guitarra tocada con hacha es que todo interesado en este mundillo la reconoce al instante, la asimila, la encaja, la metaboliza y la acompasa con su propio ritmo vital. Han publicado dos docenas de discos en los que apenas hay otra cosa que lo que ya había en el primero, sin embargo, invariablemente,  aquello que lanzaron en 1976 produce el mismo efecto que lo que publicaron hace un par de años; claro que tienen su himnos: ¿quién no se deja sacudir por ‘Let there be rock’?, ¿quién es capaz de sujetar la cabeza, quién no siente la sacudida, quién no ha gritado con todas sus fuerzas ‘Highway to hell’?.., y eso que títulos como esos (por citar sólo un par de emblemas de la banda) han sonado millones de veces en millones de altavoces (en la época del vinilo se solía decir que se “había pinchado tal disco hasta que sangró”).

Como todo iniciado sabe, AC DC es el grupo de los guitarristas Angus y Malcom Young; además, otro de sus hermanos, Georges, formó junto a Harry Vanda un grupo de new wave llamado Flash & the Pan, que tuvo un éxito corto y limitado a principios de los ochenta del siglo pasado gracias a canciones como ‘Media man’ o ‘Waiting for a train; luego se convirtieron en productores de grupos de diverso pelaje, incluyendo el de sus hermanos pequeños (a los que enseñó a tocar la guitarra). Echando la vista aún más atrás, Georges Young formó parte del grupo Easybeats y firmó, junto a su compi Harry Vanda, uno de los grandes clásicos de los sesenta, el precioso ‘Friday on my mind’ (1966), que versionéo en su ‘Pin ups’ el mismísimo David Bowie (¡a dónde se puede llegar tirando del hilo!).

A pesar de su aspecto de colegial travieso, menudo, inquieto, Angus será un sesentón el año que viene. Afortunadamente todo indica que el rock va a seguir fluyendo desde estos electricistas australianos (en realidad originarios de Escocia). Mientras la Gibson no quede olvidada en el ángulo oscuro, mientras Brian Johnson conserve su voz, mientras los Young sigan teniendo rock líquido en lugar de sangre corriendo por sus venas, habrá AC DC, habrá rock. Sólo.  


CARLOS DEL RIEGO