domingo, 1 de diciembre de 2013

ALEJANDRO SANZ: EL MISMO DISCO DE SIEMPRE, EL MISMO GRAMMY DE SIEMPRE A poco informado que esté, el ciudadano sabe que este año, como todos, Alejandro Sanz se lleva varios premios Grammy Latino; es algo que se repite tanto como sus propios discos y canciones.

Los Grammy para Alejandro Sanz se repiten tanto como sus discos y canciones
Recientemente Alejandro Sanz recibió su enésimo premio Grammy Latino. Aunque se trate de unos galardones totalmente dirigidos por y para el marketing y centrados en los artistas que gustan o residen en Miami, aunque cada edición premie a 40 ó 50 concurrentes en las más variadas y pintorescas categorías (como ‘Mejor álbum de pop contemporáneo brasileño’), aunque en realidad tenga muy poco que ver con la realidad de la música en los países y comunidades hispanohablantes, al final tiene que ser poco gratificante recibir el premio por sistema, como hace Alejandro Sanz, que siempre se lleva un buen número de medallas a pesar de que viene fabricando el mismo disco desde hace varias décadas.
El más reciente álbum del cantante, el décimo de estudio, es el que le ha proporcionado esos nuevos homenajes, sin embargo, podría ser cualquiera de los anteriores, de hecho casi todas sus canciones giran en torno al mismo tema: la chica, y lo hace siempre de modo afectado y lacrimógeno, con intención melodramática, maneras artificiosas y afectadas, cargado de tópicos, ambiente lechuguino e infestado de melindres y cucamonas.
Algunos de sus versos, ripiosos y cojitrancos, tomados de canciones escogidas al azar: 

“Tú eres esa mujer
por quien me siento ese hombre capaz de querer,
viviendo cada segundo la primera vez,
sabiendo que me quisiste
y todo aquello que me diste”.

Los de otra dicen:
“No pidas más que yo sea tu dueño mi amor,
intentaré parar la vida un instante
para estar contigo, si puedo”.

Y estos:
“Enséñame tus manos, esas con las que nos acariciamos 
y hoy nos hacemos tanto daño, tanto daño amor”.

Y otra más:
“Vengo del aire
que te secaba a ti la piel, mi amor”.  


Estos son los términos que más abundan en la producción cancioneril del, al parecer, siempre atribulado bardo, instalado desde el primer momento en la nube de la reiteración machacona de manufacturas de usar y tirar.

Lo del apartado musical de las composiciones del exitoso vecino de Miami también tiene lo suyo. Más que cantar lo que hace es declamar, con registro vocal limitado y monótono, extendiéndose en larguísimos estribillos (si es que se pueden llamar así), carentes de inspiración y gracia y evidentemente enfadados con cualquier insinuación de melodía. Y todo ello basándose en dos o tres modelos, moldes perfectamente troquelados de los que salen las canciones, a las que luego se dan los ajustes pertinentes para ser envueltas y presentadas como exija el momento; el chaval le ha cogido el tranquillo a la cosa y puede ir sacando discos hasta el infinito, y todos podrían ser el próximo o el anterior.

Seguro que no vende tantos discos y descargas como su discográfica anuncia, pues cada día se despacha menos música, pero también es evidente que tiene legión de seguidores-consumidores, y por eso es preciso ponerle otra condecoración con la que halagar el gusto y el ego del consumidor, apremiándole así a comprar. Porque al final, lo que hace Alejandro Sanz es fabricar productos de consumo en los que lo más secundario es el aspecto creativo. Eso sí, mientras haya a quien le guste, ojalá siempre haya cantantes de este tipo. Al fin y al cabo, gracias a ellos se puede distinguir a quien tiene verdadero talento.    


CARLOS DEL RIEGO