miércoles, 18 de diciembre de 2013

MICHELLE Y EVELYN: ETERNAS ENEMIGAS ÍNTIMAS Michelle Bachelet y su oponente en las elecciones de Chile, Evelyn Matthei, eran amigas desde niñas, hijas de generales; pero el padre de Michel fue torturado y asesinado por la dictadura de Pinochet, de cuya Junta Militar formaba parte el padre de Evelyn


Bachelet y Matthei, amigas de la infancia, rivales políticos, polos opuestos de la dictadura chilena
Dos Mujeres se han disputado la presidencia de Chile, algo verdaderamente sorprendente. A pesar de ello la noticia apenas aparece en las páginas de internacional de los medios nacionales, para los que cualquier asuntillo interno tiene mucha mayor consideración y espacio que cualquier desmesura producida en el extranjero, cosa que, por otro lado, es común en todas partes. Sin embargo, estas dos mujeres, Bachelet (ganadora de las elecciones) y Matthei, mantienen una relación desde niñas que va más allá, muchísimo más allá de lo estrictamente político.

Bachelet, la víctima, y Matthei, el traidor y cobarde

Las dos son hijas de militares, de generales adscritos a la fuerza aérea de Chile. Desde jóvenes, éstos habían tenido el mismo destino y habían vivido uno frente a otro durante muchos años; de este modo, las dos niñas, Michele y Evelyn, pasaron sus años infantiles jugando juntas, en casa de una, en casa de otra, en la calle de la base donde estaban destinados sus padres; estuvieron muy unidas, pues en tanto que hijas de altos oficiales de la Fuerza Aérea de Chile estaban un tanto apartadas de la sociedad civil; de hecho, Alberto y Fernando pasaban las horas debatiendo sobre lo divino y lo humano, en casa de uno o en la de otro, como colegas que se llevan bien, como amigos íntimos, con pensamiento opuesto pero unidos por una (aparentemente) sólida y profunda amistad.

Pero en septiembre de 1973 Pinochet se sintió salvapatrias y asestó su golpe de estado. Alberto Bachelet (de ascendencia francesa) era más proclive a Allende, mientras que el otro, Fernando Matthei (ascendentes alemanes), estaba más cerca de la postura pinochetista. Bachelet fue detenido varias veces, torturado y, finalmente, asesinado en la Academia de Guerra del Aire (la muerte se produjo ya en la cárcel) por algunos de sus subordinados y compañeros de armas; de esta academia era director su ‘amigo’ Fernando Matthei, que estaba en Londres cuando aquel Mussolini de los Andes sacó los tanques a la calle. No participó, por tanto, en el golpe de estado, pero sí supo inmediatamente de la detención de su ‘amigo’. Regresó a Chile en diciembre de ese año y luego formó parte de la Junta Militar que presidía Pinochet. Lógicamente conoció desde el primer momento los padecimientos de su colega, pero no movió un dedo en su favor. No hizo nada, no trató de excarcelarlo, no pidió justicia para él, no pidió clemencia para su ‘amigo’, no se atrevió a enfrentarse a los golpistas ni, por supuesto, a llevarle la contraria al del bigote y las gafas oscuras. Es evidente que tuvo miedo, pero a diferencia de lo que ocurre con los valientes, el miedo lo paralizó, le impidió actuar…, no pudo superar el canguelo y se dejó dominar por su cobardía, de modo que abandonó a su camarada cuando más lo necesitaba.

Se puede pensar que enfrentarse a Pinochet en aquellos momentos era poco menos que un suicidio, es posible que pedir por su antiguo compañero de armas le hubiera acarreado graves peligros, pero quedarse quieto, con brazos cruzados ante la desgracia de su ‘amigo’ siendo uno de los hombres más poderosos de aquel Chile, es pura indignidad, deshonor, cobardía cómplice. Si temía por su vida y la de su familia al pedir por su viejo compañero, podía renunciar a su cargo, salir del país y denunciar el trato que estaba recibiendo Bachelet y otros militares que se oponían a la dictadura pinochetista, pero no, estaba en una cómoda situación social y no quiso renunciar a ella. Por eso son burdas mentiras su declaración de que lo sintió mucho, sus continuas explicaciones de que lo pasó muy mal y que todavía hoy se aflige y entristece por lo ocurrido con su ‘amigo’; es como si el asesino trata de convencer a la víctima lo mal que se siente por lo que hace justo cuando le está clavando el cuchillo. Son disculpas, autojustificaciones, pretextos para sacudirse una responsabilidad que llevará adosada a su nombre incluso después de su muerte. No sirven las explicaciones de padre e hija ante la realidad: Fernando Matthei traicionó a quien había sido amigo suyo dejándolo tirado a pesar de que sabía que iba a ser asesinado, a pesar de que conocía las torturas y vejaciones que estaba sufriendo (aumentadas por el hecho de que fueran sus subordinados y compañeros quienes se las infligían). Es posible que el ‘amigo’ desleal no sea culpable judicialmente, pero sí lo es de vileza, de inmoralidad…, de haber seguido viviendo como si no hubiera pasado nada.

Hoy, el general infiel y su hija siguen excusando la inacción, la traición, de manera que Evelyn Matthey insiste en que mantiene su amistad con Michelle Bachelet, pero no hay que ser muy listo para entender que no pueden ser igual los sentimientos de antes y los de después de septiembre de 1973. Afirman quienes están cerca de las dos que se llevan relativamente bien, que se tratan con fría cordialidad, aunque seguro que al mirar a su rival político, Michelle ya no verá a Evelyn como su amiga de la infancia, sino como la hija del cobarde traidor que miró hacia otro lado cuando su padre estaba siendo torturado. 
   

CARLOS DEL RIEGO