domingo, 8 de diciembre de 2013

ZZ TOP Y STATUS QUO, HERMANOS DE SANGRE No, no es que los tejanos y los británicos tengan los mismos gustos, influencias e intenciones musicales, no es que ‘La Grange’ se parezca a ‘Gerdundula’, sino que si se observa la propuesta artística con la que los dos grupos se han hecho un nombre en la historia del rock, se pueden encontrar no pocos nexos y simetrías.

Las barbas más célebres e identificables.

Ningún seguidor del rock tardaría más de un segundo en identificar
 esta pose y este grupo.
Surgidas en la década de los sesenta del siglo pasado, las dos bandas nunca han abandonado el escenario, de modo que aun hoy siguen perfectamente activas; lo curioso del caso es que ninguna ha hecho nada por evolucionar, nunca han sentido el impulso de reinventarse, de modo que apenas han mostrado en sus décadas de existencia grandes transformaciones estilísticas, modificaciones drásticas de sonido o cambios de ritmos o instrumentaciones. Lo que sí han realizado ZZ y Status es un ajuste permanente de sus bases, de sus sistemas, de su carácter en una palabra, y así, una y otra banda ha conseguido un sonido absolutamente identificador, una especie de manierismo que hace que ningún interesado en el asunto tenga dudas a la hora de identificar a quién pertenece ‘Tush’ o de quién es ‘Mystery song’; es más, tanto los de Houston y como los de Londres han alcanzado una sólida perfección en sus maneras y recursos, logrando auténticas piezas maestras del rock ya en sus épocas de madurez, como puedan ser ‘Gimme all your lovin´’ o ‘Whatever you want’, temas tan asociados al trío de las barbazas y al cuarteto en formación rockera (los tres guitarristas alineados y moviendo las guedejas a la vez) como la lengua a los Stones o las gafitas a John Lennon.



Asimismo los unos y los otros muestran una estructura parecida en muchas de sus canciones: un comienzo con un riff de guitarra en solitario que, inmediatamente, va seguido de toda la potencia sónica de la banda; luego los dos grupos confeccionan algo así como un rock & boogie más bien sencillo, a veces casi esquemático, pero demoledor, eficaz, contagioso, fácil de asimilar y con ingredientes clásicos y académicos, o sea, guitarras poderosas y distorsionadas, baterías ágiles y rocosas, poco espacio para grandes demostraciones de virtuosismo, casi nulo aporte de arreglos ajenos a sus integrantes y presencia escénica personal e inconfundible. También comparten una reverencial pasión por los clásicos, cosa que demuestra el hecho de que nunca hicieron ascos a una buena versión, como la que el trío hizo del ‘Dust my broom’ de Robert Johnson y el cuarteto del ‘Rockin´ all over the world’ de John Fogerty.


Evidentemente los barbados y los rasurados han firmado algunos títulos emblemáticos para los iniciados en el rock más clásico, piezas legendarias como el ‘Blackdoor medley’ (“… Carmela, Carmela, Carmela…”) o el ‘Down down’, y gracias a ellos han conseguido traspasar épocas y generaciones, han vendido millones y se han convertido en auténticos iconos del rock. 

Claro que también existen no pocas diferencias entre estos dos nombres de leyenda, empezando por las influencias específicas de su entorno, pues unos estaban más impregnados de rock sureño, de Allman  Brothers y los Creedence, y los otros tenían más de ‘Mersy beat’, de los Beatles y los Hollies. En fin que ZZ nunca hubieran hecho ‘Blue for you’ y Status jamás podrían haber concebido ‘Fandango’.

Y todo parte de que estos dos supervivientes de las épocas gloriosas y heroicas del rock fueron alimentados por la misma fuente: el blues, que posteriormente ambos moldearon a su gusto hasta convertirlo a veces en blues-rock, a veces hard-blues, pero manteniendo siempre, machaconamente, obstinadamente, su fidelidad al linaje, a la sangre.


CARLOS DEL RIEGO