jueves, 12 de diciembre de 2013

SE BUSCAN VOLUNTARIOS PARA IR A MARTE Y NO VOLVER Todos los medios informativos en cualquiera de sus modalidades daban cuenta de un ‘proyecto’ anunciado por una empresa llamada Mars One que, en esencia, afirma que en cinco años enviará robots a Marte para que preparen la llegada de colonos terráqueos a dicho planeta otro lustro más tarde. ‘Hay gente pa tó’

Esta especie de cárcel de aspecto retrofuturista esperaría a los incautos que 
se embarcaran en esta ocurrencia 
Los responsables de esa empresa, que afirman contar con casi 200.000 voluntarios dispuestos a emprender tan incierta aventura, aseguran que el proyecto es como el que emprendió  Colón; en realidad, antes de iniciarse la gesta del Almirante de la Mar Océana hubo quien lo calificó de majadería, pero los que sabían de qué iba la cosa (los Pinzón) la entendieron posible e interesante; lógicamente, eso de irse a Marte tiene poco que ver con lo de los osados navegantes de hace medio milenio, baste decir que a éstos nunca les iba a faltar el aire y, en caso de venir mal dadas, siempre podían dar media vuelta. En fin, que una cosa es explorar recovecos de casa, de la Tierra, y otra muy distinta aceptar un riesgo elevadísimo y una inaceptable probabilidad de desastre.

Los fantasiosos ideólogos de la mencionada empresa han debido hacer unos cálculos de auténtica ciencia-ficción, pues las dificultades a las que habrían de enfrentarse están fuera del alcance de la tecnología actual, es decir, cuentan con que se producirán avances significativos y determinantes para su propósitos en los próximos años, pero el caso es que los progresos científicos son imprevisibles; en fin, desde antes de empezar ya están jugando a la lotería.

Lo bueno es que las previsiones para el hipotético viaje son a cinco y diez años, o sea, que no hay que esperar demasiado para, desde entonces, poder echar un vistazo al día de hoy (13-12-13) y comprobar en qué ha quedado esta ocurrencia.

Los que están dispuestos a embarcarse en esta especie de Titanic (siempre habrá gente para todo) seguro que ya han tenido en cuenta  que sería un viajecito de casi 60 millones de kilómetros, que duraría en torno a un año y que a su llegada se encontrarían absolutamente solos, en medio del ambiente más hostil a que persona alguna se ha enfrentado nunca, y sin posibilidad de ayuda. Y como los temerarios irían en grupitos de cuatro (cada dos años partiría una nave), cualquier problema médico, electrónico, de cálculo, de mal funcionamiento de aparatos que se presente, o alguna de las infinitas contingencias e imprevistos que surgirán, conducirían inevitablemente a la catástrofe. Si los astronautas de verdad han de ser atendidos médicamente cuando regresan de misiones espaciales de varios meses, si apenas se pueden tener en pie a pesar de que no van más allá del porche de la Tierra, ¡cómo llegarían estos domingueros del espacio a Marte!

Pero bueno, en caso de que todo saliera como en las novelas y cuentos de Asimov, una vez en el rojo destino los imprudentes peregrinos deberían recluirse en espacios pequeños, vivir en unos pocos metros junto a los robots ayudantes, expuestos a cualquier pérdida, accidente, avería, desgaste inesperado, carencia imprevista (¡piensan extraer agua del subsuelo!) … Y a ello hay que añadir el siempre espinoso tema de las relaciones personales, que en espacio mínimo y siempre rozando con los mismos compañeros producirá una fricción que fácilmente desembocará en siniestro total.¡ Ah!, y la intención es no volver, de manera que quienes se empeñen en semejante desatino, si consiguen llegar a destino, habrán de asumir algo parecido a una cadena perpetua, en Marte, pero en una cárcel. ¿Aventureros temerarios?, ¿gentes insatisfechas que “no encuentran la alegría en esta Tierra y la buscan más allá de las estrellas”?, ¿incautos soñadores?, ¿corderitos camino del matadero? Afortunadamente para ellos pasarán todavía varias décadas hasta que ese anhelo de visitar otro planeta sea factible.

La cosa, en fin, parece broma o sandez, y la duda está en saber si los que han propalado esta paparrucha no son más que unos inocentes ilusos que viven en el País de las Maravillas o, por el contrario, tienen intenciones escondidas.

Carl Sagan, Isaac Asimov o Fred Hoyle se morirían de risa si no estuvieran muertos.     

CARLOS DEL RIEGO