martes, 18 de junio de 2013

LA EXTENDIDA (Y FALSA) IDEA DE QUE LA TRANSICIÓN PRODUJO IMPUNIDAD Amnistía Internacional ha publicado un informe en el que denuncia que en España continúan impunes los crímenes de la Guerra Civil y el franquismo; sin embargo dicho informe no tiene en cuenta que en los años los de la transición española se llegó a un acuerdo apoyado por una incontestable mayoría de ciudadanos

La transición fue el camino más práctico y, en realidad, el único posible. Ahí están Tierno, Carrillo, Felipe, Suárez, Fraga, Calvo Sotelo y Roca. Todas las opciones
Está extendida la opinión (sobre todo entre quienes no estuvieron allí) de que la impunidad se debe a que la transición la hicieron los franquistas para asegurarse la continuidad en el poder, algo totalmente falso, pues los partidos que llevaban a Franco en su bandera no sacaron ni un solo diputado en las primeras elecciones; sí que hubo un gran partido de derechas (AP) que aglutinó el pensamiento conservador que no quería tener nada que ver con los ultras; decir que hoy mandan los mismos de entonces (o sus hijos) es decir mentira, e igualmente afirmar que una democracia surgida de ese modo no es más que una farsa es también faltar a la verdad, pues quienes vivieron sin ella echaban mucho de menos una democracia como la actual; y de igual modo no son pocos los jóvenes que desprecian la situación actual y sueltan sin pensar que vivimos en una dictadura (¿será preciso recordar que la peor democracia es mejor que la mejor dictadura?) y que seguimos igual que en época del general, sin entender que la libertad con que pueden manifestar sus opiniones hoy hubiera sido inconcebible entonces. Desconocimiento, atrevimiento ignorante, sectarismo ideológico.

La transición caminó por el único sendero posible. En aquel apasionante, histórico y a veces hasta divertido momento, el personal de a pie optaba por la ruptura o por la reforma, es decir, o derogar todas las instituciones del estado y crear otras totalmente nuevas o reformar lo existente para iniciar el proceso democrático; algo así como la disyuntiva entre derruir la casa actual para luego construir una nueva, o esperar a que ésta esté habitable para echar abajo la vieja. Todas las fuerzas políticas con peso y apoyo popular acordaron, consensuaron, pactaron una amnistía (sin preguntar a los ultras) que contó con un aplastante apoyo popular. Es conveniente recordar que a la muerte del dictador vivían muchos de los que combatieron en la guerra, y gran parte de la población tenía un padre o un abuelo muerto durante aquellos tres fatídicos años, de uno y otro bando; por eso, porque se admitía que hubo crímenes y tropelías de color rojo y de color azul, la gran mayoría de los españoles de la segunda mitad de los setenta del siglo XX entendió que había que mirar hacia adelante. En realidad fue la postura más práctica, tal vez la única que no implicaba conflicto seguro. Imagínese que se imponen las tesis rupturistas, que se inicia un proceso para revisar todas las barbaridades franquistas de la guerra y de la primera posguerra; inmediatamente los perjudicados por el bando republicano hubieran exigido lo mismo, y los sectores más reaccionarios del ejército (convencidos de que habían combatido con la razón de su lado) no lo habrían consentido, no se hubieran quedado de brazos cruzados esperando su procesamiento. Así, si tras el 20 de noviembre de 1975 hubieran empezado a llegar las denuncias contra los que ganaron la guerra, el enfrentamiento violento habría sido una certeza matemática (como se auguraba en media Europa); los sectores más radicales de las formaciones de izquierda y los franquistas más inmovilistas hubieran echado mano a las armas, pues unos y otros hubieran estado encantados en acabar físicamente con el enemigo; parte de la población se hubiera alineado con estos y otro tanto con aquellos…, condiciones ideales para regresar cuarenta años. Y también hay que tener presente que si el Rey no hubiera firmado los Principios del Movimiento, Franco no le hubiera designado rey (como hizo con su padre al manifestarle éste sus intenciones democráticas), de forma que hubiera nombrado sucesor a alguno de los muchos continuistas convencidos (como Arias Navarro, ‘el fiscalito de Málaga’), los cuales contaban con apoyo suficiente como para detener por la fuerza cualquier avance democrático; y así se llega de nuevo al conflicto. Afortunadamente no fue así, ya que la inmensa mayoría de los españoles no quiso saber nada de extremos y se decantó por la opción conciliadora.

Aseguró un sabio que tras una guerra hay que olvidar para poder vivir, pero pasado el tiempo suficiente hay que recordar para no envenenarse; y en ese sentido el gran Pérez Galdós escribió que la Historia es como la fruta: si está verde no puede comerse y uno no se hace idea de cuál es su verdadero sabor. En fin, las cosas hay que mirarlas con perspectiva, con distancia, y por eso, pasados los años suficientes se verá la transición española como un modelo que, en realidad, era el único posible. Aquello desembocó en la actual democracia, evidentemente muy lejana de la perfección, pero que levante la mano quien se sienta cerca.

Otra cosa totalmente diferente es el espeluznante asunto de los niños robados y otros execrables crímenes del último decenio del franquismo; es de justicia investigar, tratar de reparar en lo posible el daño hecho y, por supuesto, denunciar y castigar a los culpables.

CARLOS DEL RIEGO