domingo, 9 de junio de 2013

ALGUNOS ÉXITOS MENORES DEL POP Los grandes éxitos mundiales oscurecieron el incipiente brillo de otras canciones que apenas disfrutaron de unos instantes de fama y casi siempre lejos de su casa. Pero son piezas con mucho mérito que, aunque menores, pueden considerarse éxitos

Billy Bragg siempre podrá presumir de un clásico, menor pero un clásico,
como 'She´s got a new spell'.
Casi desde los primeros momentos de la era dorada de la industria discográfica se produjo una encarnizada lucha por escalar las listas de éxito y ventas hasta lograr la cima del número uno. Las bandas y solistas más grandes llegaron a la cumbre repetidas veces (muchas en competencia con lo que se llama ‘canción ligera’), dejando en el camino piezas verdaderamente meritorias que en ocasiones alcanzaron sus minutos de gloria, pero fue una gloria muy efímera, corta y sobre todo limitada. Los que hicieron esos éxitos menores tienen realmente biografías bastante comunes y con apenas uno o dos chispazos momentáneos, pero merece la pena detenerse en estos grupos de segunda clase que un día estuvieron en primera, aunque rápidamente volvieron a bajar. Lógicamente hay muchos, muchísimos que podrían entrar en este pequeño recuerdo de quienes tocaron la cima con los dedos pero no pudieron quedarse. 


Un británico llamado Robin Scott alcanzó gran éxito en 1979 (número 1 en Usa y 2 en Inglaterra) bajo el seudónimo de M o M Factor, con una curiosa y pegajosa canción titulada ‘Pop music’. Según dice el autor, quiso hacer “un pequeño resumen de los 25 años de historia del pop, algo importante en todo el mundo desde los años sesenta”; en principio la hizo con arreglo rythm & blues, luego le puso un traje funk a lo James Brown, y finalmente le dio un toque electrónico muy atrevido para su tiempo (“usé la tecnología como un pintor sus óleos”, aseguro Scott). La canción es pura melodía pop envuelta en atmósfera y mobiliario electro; tiene un algo que se adhiere poderosamente a los receptores acústicos del cerebro, de modo que una vez escuchada es prácticamente imposible olvidarla; es fresca, chocante, distinta, tiene mucho ritmo y adornos sencillos y precisos. El vídeo también engancha pues, como se repite en el estribillo, “todo el mundo habla de música pop”. M  publicó otros tres o cuatro álbumes, pero jamás llegó a acercarse a la cumbre ni de lejos. Por cierto, hay una versión maxi con dos surcos paralelos en la misma cara del vinilo, de forma que si pones un surco suena ‘Pop music’ y si se coloca la aguja un milímetro más allá suena otra. Lo suyo fue un destello, un relámpago que, cuando lo quieres mirar, ya se apagó.

Otra pieza que gozó de un instante de brillo fue ‘The worker’, del grupo inglés Fisher Z. Funcionó del 76 al 81 (luego resucitó y volvió a desaparecer), editando tres buenos discos; curiosamente Fisher Z apenas tuvo relevancia en su país (sólo alcanzó el puesto 53 de las listas), pero en otros lugares de Europa, incluyendo España, gozó de bastante popularidad en los círculos de los más iniciados en la incipiente ‘new wave’. En su primer álbum, ‘World salad’, se incluía esa pieza verdaderamente deliciosa, ‘The worker’; con evidentes influencias reggae, la melodía tiene don, es suave y parece acariciar, y a ello contribuye la aguda y melosa voz del autor, John Watts, que cantaba en tono muy alto (pero no en falsete), casi de niño; la construcción es simple, lógica, y resulta fácil de digerir y más fácil de tararear; habla del trabajador que a diario tiene que perder mucho tiempo en el odiado viaje hacia el tajo, lejos de su esposa. Fisher Z tiene muchas otras muy buenas canciones, de forma que quienes ya estaban introducidos en este universo en aquellos años podrían recordar fácilmente media docena. Su cuota de triunfo, su estancia en el paraíso duró algo más, pero en realidad jamás pasó de la antesala, y al final tampoco hizo cumbre.   

‘Nth Degree’ es un trepidante y colorista tema del grupo neoyorkino Morningwood, que en 2005 consiguió sacar la cabeza del estrato ‘underground’ para echar un vistazo al adictivo oropel del éxito. Con la alocada y descarada Chantal Claret al micrófono (para comprobarlo se pueden visionar los vídeos en vivo de ‘Gett off your clothes’), esta banda de pop-rock sí que ha sacado rentabilidad a sus canciones, pues ha conseguido que algunas fueran elegidas como soporte de varias campañas publicitarias. ‘Nth Degree’ se construye como u tema mutante que cambia varias veces de dirección, aunque siempre con tono pop-rock enérgico y contundente; el vídeo es muy original y divertido: los integrantes del grupo van apareciendo en sucesivas portadas de discos y actuando ataviados a la usanza heavy, luego como punk-Ramones, más tarde al estilo disco-Donna Summer, ahora en plan sixties y luego a modo country, aquí haciendo de techno-Kraftwerk y allí imitando indies. Siempre con ritmo trepidante, un estribillo muy contagioso y la hipnótica presencia de Chantal, esta pieza ha sido su única oportunidad de conocer de primera mano eso de las listas, tal vez porque apenas han publicado un par de álbumes desde su nacimiento, hace doce años, pero a cambio, sus directos deben ser de lo más excitante… 

La nómina de melodías que estuvieron en el cielo tanto como una estrella fugaz es ciertamente extensa, y cada uno tendrá su alineación preferida; podrían recordarse sin embargo la preciosa ‘She´s got a new spell’ del bohemio Billy Bragg, la delicada ‘Stay’ de The Blue Nile (de la que se decía gustaba a todas las chicas, sin excepción), la apasionada ‘Nowhere girl’ de B-Movie (que fue éxito relativo en toda Europa y sólo alcanzó el número 68 en Inglaterra; el grupo no llegó a editar álbum), el enigmático y cautivador ‘Total control’ de The Motels (que apenas logró el número 4 en Australia y ni siquiera entró en lista en Usa), la elegante ‘Driver´s seat’ de Sniff & the Tears’ (15 en Usa y 42 en su país, Inglaterra)…

Todas, en fin, son canciones que estuvieron arriba lo que dura un suspiro, pero no merecen perderse en el olvido.

CARLOS DEL RIEGO