miércoles, 26 de junio de 2013

LA MODA DE VILIPENDIAR A WERT POR INTENTAR COMBATIR LA MEDIOCRIDAD Es una de las tendencias del momento: poner verde y menospreciar al ministro a causa de sus intentos de exigir más al universitario, por pedir un mínimo para acceder a la beca, cosa a la que se oponen a quienes desprecian el esfuerzo y pretenden premiar la mediocridad

Los desplantes e insultos al ministro Wert son la moda del momento.j

Está levantando ampollas la nueva ley de educación del ministro Wert, quien se ha convertido en diana de casi todos, hasta el punto que bien podría decirse que se ha puesto de moda abuchear, insultar, negar el saludo y, en fin, realizar todo tipo de desplantes y gestos de menosprecio al susodicho. Contiene dicha ley no pocos elementos de discusión, pero el que más encendidos debates promueve es el asunto de la nota mínima para acceder a una beca, que se establecerá en unos discretos 6,5. Los contrarios a esa exigencia afirman que será perjudicial para los estudiantes con menos recursos económicos, puesto que si el aspirante a licenciado tiene posibles y saca sólo un 5 seguirá estudiando, mientras que si no los tiene y no cuenta con la ayuda del estado tendrá que dejar de estudiar (nada de eso, sólo tiene que esforzarse un poco más). Se puede comparar la cosa con, por ejemplo, las becas Erasmus; si uno saca la nota exigida disfrutará del privilegio, sin embargo, si el mal estudiante goza de posición acomodada podrá ir de todos modos, mientras que si el mal estudiante es de familia humilde tendrá que renunciar al viaje. Más aún, si un universitario suspende una y otra vez en primero de carrera y su familia vive justo al día tendrá que pensar en otra cosa distinta de la Universidad, pero si el cateador tiene un padre sobrado de pasta puede continuar cateando de carrera en carrera.  
El asunto, más que de dinero y subvenciones, es un asunto académico, de esfuerzo, de notas; es decir, si el estudiante se esfuerza contará siempre con la beca, independientemente de su poder económico, sobre todo teniendo en cuenta que no se exige un brillante 9, sino un moderado 6,5. Afirman los contrarios a la ley propulsada por Wert que las becas han de ser para la gente sin recursos, no para los mejores, y es aquí precisamente donde radica el quid de la cuestión. Para empezar, no parece que quien saca un 6,5 pueda ser integrado al grupo de los mejores. La cosa es que hay quien exige pagar los estudios a quienes no son capaces de hacer el esfuerzo suficiente para obtener un mínimo tan corto, o sea, se clama por pagar la carrera no a quien más trabaja, sino a todos por igual, independientemente de su sacrificio, empeño, valía…, se pide pagar los estudios a los que se instalan en la mediocridad por vagancia y desidia, pues quien accede a estudios superiores tiene capacidad suficiente y demostrada para superar un listón tan bajo.

Los que rechazan la exigencia de una nota tan mediana para acceder a la subvención lo que están haciendo en realidad es animar a no esforzarse, de forma que transmiten la idea de que es mejor trabajar lo justo, sin molestarse demasiado; en otras palabras,  quienes pretenden que se premie con dinero de todos al que se conforma con un aprobado raspado están alentando el conformismo más vulgar y mezquino que, al estar siempre en la frontera, es fácil que muchas veces ni siquiera alcance para ese simple 5. No hay que olvidar que el estado paga alrededor del 70% de los estudios universitarios a cambio de ir aprobando sin más, y que la beca es algo así como un premio a quien más ha estudiado, a quien más horas ha sacrificado ante los libros.
Y eso es, en fin, lo preocupante, que al pedir beca para el que se conforma con lo mínimo se está recompensando, estimulando la mediocridad. Con la actual ley de educación (esa que quiere reformar el denostado y vilipendiado ministro) se están produciendo casos verdaderamente increíbles; por ejemplo, actualmente se puede pasar de ESO a Bachiller con dos asignaturas suspensas siempre que no sean Mates y Lengua, o sea, con una de estas y otra sin aprobar se pasa a Bachiller, pero no con la vista puesta en examinarse de las cateadas, sino sabiendo que no va a haber examen, sabiendo el interfecto que aunque no sepa dividir nadie le va a pedir que aprenda y lo demuestre en un examen, nada de eso, se las dan por aprobadas sin más... Y aun se producen casos más sangrantes. Hay alumnos que están ocupando plaza en institutos a los que se les paga por ir aunque no aprueben ni una, aunque estén todo el día de bronca con sus compañeros, aunque causen destrozos en el centro (esto sí que es una discriminación, una injusticia para quienes se comportan y estudian); contaba un bedel que se avisó a ‘estudiantes’ de esos que acuden a clase acompañados por la policía de que tenían que recoger unas fotocopias, a lo que respondieron los muchachos que no tenían dinero y no las pagarían; el mencionado conserje les explicó que daba igual, que el propio instituto se las regalaba, pero los susodichos sorprendieron al buen ordenanza espetándole que daba igual, que para qué se molestaban en hacer las copias si ellos no iban ni siquiera a mirarlas… Estos alumnos están quitando plazas a otros que quieren estudiar de verdad (además, la enseñanza obligatoria termina en la ESO, pues el Bachiller no es obligatorio). Curiosamente, esos supuestos estudiantes reciben dinero por ir a clase, e incluso sin acudir exigen que el director les firme los correspondientes certificados de asistencia para cobrar…

En fin, que aquí se exige financiar la mediocridad y se gasta dinero público en obligar a acudir a clase a adolescentes que no quieren estudiar y que lo único que harán es pelearse, romper, amenazar…, y no sólo a sus compañeros. No puede extrañar que personajes sin mérito, virtud o valía estén siempre en los medios y gocen de admiración y consideración, como la Preysler, la Esteban o los del Gran Hermano.

Los mediocres exigen que nadie sobresalga, pues entonces se notaría más su medianía.   
     


CARLOS DEL RIEGO