miércoles, 25 de abril de 2018

LLEGA LA BESTIA DE LA CORRECIÓN POLÍTICA En la película ‘Planeta prohibido’ (1956) el malo es una bestia sin cuerpo, que es el subconsciente de un hombre. Hoy, otra bestia incorpórea, la corrección política, es una amenaza constante. En Usa se han dado casos escalofriantes; y se propaga como la peste

La corrección política conduce inevitablemente al absurdo
y la estupidez.


Aunque parezca difícil de entender, la corrección política está imponiéndose en sociedades avanzadas (sólo en éstas), lo que viene a significar que gran parte de los individuos nacidos y crecidos en dichas comunidades se esfuerzan por alcanzar la cima de la más infantil necedad. Así, para muchas criaturas el mérito ha dejado de tener valor, y lo que de verdad se tiene en cuenta es pertenecer al grupo o ideología mayoritarios y correctos. Esta bestia informe y etérea, la corrección política, avanza y crece sobre todo en el terreno de las palabras, de modo que exige no sólo poner en el punto de mira al que se sale de la pureza del lenguaje, sino que encañona al que simplemente lo piensa (Orwell escribió algo al respecto). Es la censura en su más estricto sentido; en épocas pasadas los censores atendían principalmente a que no se viera demasiada anatomía femenina en el cine, mientras que ahora los puritanos están pendientes del uso del lenguaje, como si estuvieran convencidos de que los problemas se resuelven usando el habla del modo que ellos (¡y ellas!) exigen. Es más, seguro que hay gentes convencidas de que, con la narración y el discurso adecuados, desaparecerán de la Historia las guerras, los crímenes, las injusticias… Se trata además de un intento de uniformizar individuos e identidades, de imponer el pensamiento único, ya que quien se atreve a discrepar es inmediatamente deslegitimado, descalificado como persona y tildado, ¡cómo no!, de facha. Lo mejor del caso es que esas criaturas son las que más gritan exigiendo libertad de pensamiento y expresión, pero sólo para ellas y para quienes como ellas piensan.

En Estados Unidos se han producido casos de corrección política absolutamente esperpénticos, estúpidos, espeluznantes. Y si allí la cosa se ha propagado como una epidemia, es de suponer que pronto se habrá extendido por todo el mundo hasta convertirse en pandemia. Algunos de esos sucesos ‘made in Usa’ pueden dejar boquiabierto al más advertido… 

Al acercarse la fiesta de Halloween, las autoridades de una universidad hicieron circular una carta en la que aconsejaban al alumnado que no se disfrazara de minoría étnica o marginada, o sea, ni de afroamericano (se dice así, ¿no?) ni de indígena, ni de gitano, ni de asiático, ni de gordo, ni de mujer, ni de musulmán… Una profesora, sin embargo, contestó con otra misiva explicando que es casi una obligación de los jóvenes trasgredir las normas, ser provocadores, deslenguados e irreverentes… Le cayó lo que se dice la del pulpo, pero no de las autoridades académicas, sino de los propios estudiantes, aborregados y abducidos por una mezcla de estupidez pueril y corrección buenista. La pobre fue forzada a dimitir.

En la Facultad de Derecho de otra universidad los estudiantes protestaron porque, en clase de Derecho Penal, se pronunciaban constantemente palabras como violación o agresión sexual; la protesta obligó a la profesora a avisar cuándo iba a proferir tan horribles palabras y tan innombrables expresiones con el fin de que los cursis sentimentaloides pudieran taparse los oídos. Al parecer, los futuros abogados consideraban como agresión sexual el simple hecho de hablar de ello con las palabras justas, de manera que puede deducirse que los susodichos estarán convencidos de que si no se pronuncian tan alienantes vocablos, los repugnantes crímenes sexuales dejarán de producirse… Claro que llegado el momento, habría que ver qué eufemismos utilizan ante el juez. Y en el mismo plano está el docente que fue ‘denunciado’, menospreciado e insultado porque, en clase de Historia, dijo varias veces ‘negro’.

A la cúspide de la estulticia más pura se llegó en otro centro universitario donde iba a tocar un grupo de música que combina los ritmos africanos con el funk, una banda que definía su estilo como ‘afrofunk’. Sin  embargo, cuando los estudiantes se enteraron de que casi todos los integrantes de la banda eran blancos, exigieron a las autoridades que se cancelara el contrato, puesto que ese grupo se estaba apropiando de una identidad cultural que no le correspondía, y por si fuera poco, la identidad usurpada correspondía a una cultura marginada… Es decir, por la misma regla de tres, esos universitarios ¿se rebelarán contra la ‘insolencia’ de que un blanco cante blues o de que un negro haga ‘hillbily’? ¿Se puede ser más cerrado, palurdo y retrógrado?

Incluso se ha denunciado a la serie Los Simpsons porque presenta a Apu (indio de la India) como un estereotipo y, por tanto, con tintes racistas. Pero nada se dice de que el protagonista, Homer, es estadounidense, blanco y heterosexual, pero sobre todo es glotón y borrachuzo, vago, machista y grosero, mentiroso, caradura y egoísta, ignorante, violento, mal padre…, pero no se han levantado voces indignadas contra tan evidentes muestras de discriminación contra los blancos y heteros de aquel país. La propia serie ha propuesto el asunto de la corrección política: en un episodio de las primeras temporadas, los buenistas logran que se suprima la violencia en los dibujos animados y que se sustituya por amistad, amabilidad y buenos sentimientos, con sosos, mediocres y anodinos resultados. 

Estos ejemplos, que son apenas la cúspide del iceberg, parecen lejanos, pero tal y como se extiende la corrección política y el buenismo, tal y como penetran los sentimientos simplones, intantiloides y maniqueos, pronto se verán situaciones semejantes en toda Europa…, si es que no se están viendo ya.

CARLOS DEL RIEGO

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