domingo, 13 de agosto de 2017

MÚSICOS DE ROCK QUE SUFREN VERDADERA DEMENCIA El rock & roll es, entre otras cosas, una locura, de modo que no extrañará que en ese entorno se vean muchas chifladuras. Muy diferente, y mucho más triste, es el caso del músico de rock que padece enfermedad mental grave. Desgraciadamente, abundan.

Brian Wilson, de Beach Boys, consiguió volver a la normalidad tras ser diagnosticado y someterse a tratamiento.

Las noticias por las que la cantante Sinead O´Connor aparece últimamente en los medios no son artísticas, sino que tienen que ver con sus problemas mentales: se negó a tocar en el Centro de Arte de Nueva Jersey si antes sonaba el himno USA, rechazó premios airadamente, rompió la foto del Papa en la tele ante una audiencia creyente y se hizo ordenar sacerdotisa, ha cancelado conciertos a causa de crisis mentales, ha intentado el suicidio varias veces y, en los últimos días, vuelve a hablar de ello…; el diagnóstico desvela que padece un desorden bipolar. Es un caso más que conocido en la feria del espectáculo en general y de la música en particular. Pero las psicopatías, como no podía ser de otro modo, asaltan tanto a los artistas como al resto de los mortales…, tal vez más.

No hay que confundir las chaladuras, ventoleras o extravagancias que antes o después cometen casi todos los que se dedican a este negocio, con los auténticos problemas mentales, esos que acortan la vida y la hacen profundamente infeliz. Por ejemplo, el chicano Carlos Santana ha tenido episodios…, desconcertantes, pero realmente lo suyo son poco más que majaradas de iluminado; dijo que su álbum ‘Supernatural’ (1999) había sido una misión santa que le había ordenado un ángel llamado Metatrón, que es el que permite a la gente besar, abrazar, comer perritos o mover los dedos; fue un entusiasta de los alucinógenos, pero también alucinó con la mística hindú. ¿Locura o psicotrópicos? Lo de Syd Vicious también tiene más que ver con tonterías que con verdaderas evidencias de locura: cuentan que antes de liarse con Nancy Spungen era un tipo de lo más normal, pero luego hacía y decía cosas sin sentido, aunque seguramente fuera la heroína la que mandaba en él, como cuando atizó con su guitarra a un espectador en Texas en 1978; ¿mató a Nancy y luego se echó a dormir o estaba tan ido que alguien la mató y él ni se enteró? También es más que sabida la manía del imprescindible compositor y productor Phil Spector; aficionado a las armas y tendente a la ira más ciega, produjo a Ramones a punta de pistola y cumple condena por asesinato; muchas de sus ‘novias’ declararon que cuando querían irse y él no, simplemente sacaba la pipa; pero esto parece más el caso de un rabioso incapaz de sujetarse.

Muy conocida entre los que saben de rock clásico es la desgracia de Syd Barret, el fundador de Pink Floyd. Personaje atormentado, se encerró en casa durante unos 30 años; dice la leyenda que el origen de su desequilibrio mental fue el exceso de LSD, que le producía vacíos en el cerebro que le impedían recordar qué es lo que estaba tocando, como ocurrió una vez en un programa de televisión; en otra ocasión, durante un concierto, repitió el mismo acorde una y otra vez durante minutos y  minutos. Murió con apenas 60 años, mientras sus compañeros siguen sacando discos.

Otros nombres relevantes vivieron con la razón totalmente confundida. Adam Ant, pintoresco representante de la época neorromántica, siempre estuvo aquejado de trastorno bipolar y depresión que le condujo a intentos de suicidio; una vez, en un bar, se mofaron de su sombrero, así que destrozó el local, luego volvió y tiró un alternador de un coche por la ventana y amenazó a los parroquianos con una pistola de fogueo…, pasó una temporada en un psiquiátrico y achacó sus desórdenes a las potentes drogas que entonces le administraron. El genial líder de los Beach Boys, Brian Wilson, comenzó a mostrar desequilibrios casi a la vez que empezó a consumir cocaína, anfetaminas y LSD a finales de los sesenta; escuchaba voces, exigía que los músicos llevaran casco de bombero, construía cosas de arena dentro de su casa…, luego empezó a no aparecer por el estudio de grabación hasta que se encerró y se pasó tres años sin levantarse de la cama, sin lavarse y asegurando que Phil Spector quería pegarle dos tiros (esto último tal vez no fuera una locura…); se tiraba todo el día comiendo, metiéndose drogas y durmiendo, con lo que consiguió un cuerpo de tonel; hasta que fue diagnosticado como esquizofrénico e inició el tratamiento conveniente que le permitió volver a su actividad profesional.

Entre los casos de demencia certificada está el de Peter Green, fundador de Fleetwood Mac. Deslumbrado por el LSD, intentó que el resto del grupo entregara sus ganancias a la caridad, aseguran que dejó de tocar la guitarra en 1970 porque había dejado de cortarse las uñas; fue ingresado varios años en el hospital siquiátrico como esquizofrénico paranoide, donde lo sometieron a sesiones de electroshock y un tratamiento con fármacos tan potentes que dormía unas 20 horas al día; en otro momento se retiró él solo a una casa para vivir como un monje durante años, y en otra ocasión amenazó con un arma a su representante cuando éste le entregaba un cheque, y le gritaba que no le trajera más. Trágica es la historia de Jim Gordon, batería y coautor del inmortal ‘Layla’ de Eric Clapton; también diagnosticado como esquizofrénico paranoide, durante una grabación le dijo al guitarrista “párate, estás moviendo mis manos”, decía escuchar voces que le prohibían comer más de un bocado en cada comida, apaleó a su esposa a causa de unos espíritus y finalmente, en 1983, empujado por esas voces, apuñaló y golpeó con un martillo a su madre hasta la muerte; su enfermedad mental lo mantiene recluido (en 2004, durante una evaluación, afirmó que su madre seguía viva y lo esperaba), los médicos aseguran que está seriamente incapacitado mentalmente y que, de no tomarse la medicación, sería un peligro para los demás y para sí mismo. Rocky Ericson, de los 13th Floor Elevator, en 1969 se declaró majara para no ir a la cárcel cuando lo pillaron con unos porros, pero lo metieron en un psiquiátrico para locos peligrosos y lo trataron con electroshocks (¡qué manía!) y abundantes cantidades de medicamentos que, seguro, terminaron de rematar la faena; a comienzos de los ochenta juró estar poseído por un marciano, y veinte años después tenía la casa llena de televisores y radios siempre encendidos, pues así conseguía tapar las voces que le hablaban…

Y la lista sigue, pues hay que añadir a algunos suicidas que llegaron a ese triste final a causa de la más terrible demencia (y de los que ya se ha dado cuenta en este blog): el cantautor Phil Ochs padecía alucinaciones y se echó a vivir en la calle sin aparente motivo (más allá de su fuerte alcoholismo); acogido por su familia, se ahorcó a la primera oportunidad. Ian Curtis, de Joy Division, sufría epilepsia, que se manifestaba incluso en el escenario; siquiátricos y fármacos le provocaron anorexia nerviosa, dicen; se ahorcó. El increíble Screamin Lord Sutch  también tenía un largo historial de maníaco depresivo; también se ahorcó.

Suele asegurarse que el genio está muy cerca de la demencia; desgraciadamente no son pocos los músicos de rock (y seguramente de los otros géneros) en los que el trastorno se superpone al talento y a la vida misma.

CARLOS DEL RIEGO