miércoles, 9 de agosto de 2017

MARADONA, PERFECTO EJEMPLO DE DETERIORO MORAL Y MENTAL. El que fuera genial jugador de fútbol Diego Armando Maradona vuelve a dejar evidencia de su decadencia moral y mental al declararse incondicional del régimen de Maduro. Fue un triunfador, un número uno, hoy es un figurón desnortado.

Maradona y Maduro, almas gemelas, conductas similares, con el retrato de Bolívar detrás.

El hoy orondo personaje fue en otro tiempo un mago del fútbol, rápido, con visión y cambio de ritmo, con una capacidad de desborde nunca vista y, en fin, con casi todas las cualidades que tendría el futbolista perfecto. Sin embargo, su mala cabeza le llevó por el mal camino en un proceso de degradación que lo ha convertido en lo que es hoy, un tipo evidentemente desequilibrado y, seguro, con el cerebro afectado por una vida de excesos. El caso es que quien fuera un 10 en el campo no hace más que mostrar su decadencia mental cada vez que dice o hace algo. La última ocurrencia maradoniana no es una jugada como aquella del Mundial de México 86, sino su ofrecimiento como “soldado” al presidente venezolano, Nicolás Maduro, pues dice sentirse “chavista hasta la muerte” y dispuesto a pelear contra “el imperialismo y los que quieren apoderarse de nuestras banderas”.

En primer lugar, un soldado con su constitución e intelecto sería poco eficaz; y por otra parte, su lenguaje resulta rancio, de otro tiempo, tópico y absolutamente vacío. Pero nadie puede sorprenderse de las posturas del argentino, sobre todo si se echa un vistazo a su biografía a y a alguna de sus amistades. Amigo del dictador Fidel Castro y adorador de Hugo Chávez, lo es también de sus sucesores, y ello a pesar de los pozos sépticos en que ambos metieron a sus respectivos pueblos. Y puede añadirse que él no vive como un cubano o un venezolano, con todo tipo de carencias y privados de no pocos derechos, sino como un magnate, de palacio en palacio.

Sea como sea, parece fuera de lugar que alguien con la biografía de este señor sea modelo de conducta y, por tanto, alguien cuyos consejos haya que tener en cuenta. No será preciso recordar el gravísimo problema de drogodependencia que lo derribó del pedestal en el que estaba para trasladarlo a clínicas de rehabilitación y hospitales de medio mundo. Incapaz de sujetar sus otros instintos, debía ser capaz de zamparse un caballo, pues consiguió meter 120 kilos en su 1,65 m. de estatura. Colérico e iracundo, parece que tenía la mano muy larga, como demuestran las grabaciones en las que sacude a su mujer y las denuncias por malos tratos, o aquella vez en la que disparó a los periodistas. Tampoco puede olvidarse su episodio de dopaje y posterior sanción, ni su negativa a reconocer a sus hijos extramatrimoniales a pesar de las resoluciones judiciales (alguno de esos hijos es su vivo retrato), a sus condenas por evasión de impuestos… En resumen, puede afirmarse que el otrora fenómeno del fútbol es un hombre de voluntad débil que se deja llevar por sus instintos primarios, que es pegón, abusón e inclinado a la violencia, tramposo y mentiroso… Por ello puede concluirse que, a lo largo de su vida lejos del césped, Maradona ha dado muestras evidentes y continuadas de ser una persona de moralidad y conducta más que reprochables.

Por otro lado, siempre se ha presentado como amigo de comunistas como Castro, siendo él un capitalista puro, un privilegiado que ha disfrutado de una vida de abundancia en la que no se ha privado de ningún capricho; y también hace buenas migas de revolucionarios bolivarianos como Hugo Chávez y Maduro, a pesar de que su proceder encaja perfectamente en los modos más conservadores; dicho sea de paso, los países dirigidos por esos sátrapas no son lo que se dice modelos de bienestar.

Asombra, vistos y repasados sus ‘meritos’ extradeportivos,  que tenga tantos incondicionales, tantos auténticos fanáticos que disculparán y perdonarán cualquier enormidad que haga o diga; al revés, tomarán partido voluntaria y entusiásticamente por todo aquello que sea defendido por su rechoncho ídolo. 

De todos modos tampoco puede exigirse demasiado a una persona con las entendederas tan agujereadas que si no está para ingresar en un frenopático le falta muy poco. Él, el gran Maradona, uno de los mejores futbolistas de la historia, para muchos el mejor, es hoy una especie de histrión decadente que no hace sino demostrar su deterior mental y sus carencias morales. Lo malo es que hay quien lo tiene por un dios, o sea, omnipotente.         

CARLOS DEL RIEGO


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