miércoles, 11 de mayo de 2016

¿EXTRATERRESTRES? Es un tema fascinante y siempre de actualidad. Y como jamás se ha vislumbrado indicio razonable de la existencia de inteligencia extraterrestre, la cosa da para especular, imaginar o filosofar, para vaticinar o para echarse en brazos de la fantasía.

Los extraterrestres son, de momento, cosa de ciencia ficción
Raro es el día que los medios de comunicación no publican alguna noticia relacionada con los extraterrestres y con la posibilidad de vida lejos de la Tierra, con hipotéticas civilizaciones en otros lugares de la galaxia, con descubrimientos de planetas parecidos a este o con ciertas señales que podrían ser de seres que viven a años luz… Asunto tan apasionante atrae tanto a científicos como a profanos. Lo curioso del caso es que existe una elevada proporción de especialistas en el Cosmos (también entre la población en general) que dan por segura la existencia de vida e incluso de inteligencia en incontables planetas. Sorprende que expertos en la materia exijan pruebas concluyentes en otras cuestiones, mientras en esta se conforman con posibilidades estadísticas, con supuestos teóricos, con conclusiones que parten de hipótesis indemostradas y, de momento, indemostrables.

Unos investigadores de una prestigiosa universidad estadounidense han publicado hace unos días su estimación al respecto: la Vía Láctea podría albergar 78 millones de civilizaciones inteligentes; es más, afirman que antes de 1.500 años algunas de ellas se habrán puesto en contacto con nosotros (no hacía falta fiarlo tan largo, con que hubieran dicho cien años valía, pues ninguno de los presentes estará aquí para entonces, ni ellos para decir “os lo dijimos” ni el espectador para recordarles la errónea predicción)… Otros grupos de cosmólogos sostienen con rotundidad que es totalmente imposible que no haya más planetas que alberguen vida superior, o sea, inteligencia tecnológica. Incluso el famoso Stephen Hawking (de quien algunos de sus colegas dicen que hay otros mucho más capacitados que él, pero con la desventaja mediática de no ir en silla de ruedas) se atreve a dar por cierta la existencia de vida racional fuera de este sistema solar; su última idea (cada cierto tiempo publica una) es lanzar pequeñísimas y abundantísimas naves movidas por un láser (a velocidades cercanas a la de la luz) hacia el espacio profundo con la esperanza de que lleguen a alguien y que conteste… Conjeturas parecidas se adueñan de titulares casi a diario, pero lo cierto es que no tienen la más minúscula base real.

Y también hay astrofísicos que se basan en la llamada ecuación de Drake para dar por cierta la presencia de organismos razonables lejos de la Tierra; así, la susodicha es un galimatías de variables cuyos valores nadie tiene ni la más remota idea de cuáles pueden ser, o sea, los factores son desconocidos y, en consecuencia, es imposible determinar el resultado. No faltan sabios que afirman que se sabe con gran aproximación el número de estrellas que hay en el universo…, a pesar de que los mejores telescopios no han visto más allá de unos 13.500 millones de años luz, lo que quiere decir que no saben qué hay más allá.

Lógicamente, es muy fácil dispersarse en un espacio inimaginablemente grande. Por eso cabe preguntarse, ¿el universo es finito o infinito?, si es finito ¿qué hay más allá?, y si es infinito ¿cómo lo asimila una mente finita?; ¿cómo saber si el Big Bang que dio lugar al universo conocido fue el primero y el único?, ¿qué había antes?, ¿cómo saber de dónde salió esa partícula infinitamente pequeña e infinitamente densa qué ‘explotó’ y produjo ese Big Bang?, ¿cómo saber si hubo otros antes o después, e incluso si ahora mismo se están produciendo otros big bang a quinientos mil millones de años luz, muy lejos del alcance de cualquier radiotelescopio?; ¿cómo saber si las leyes que rigen aquí también son válidas en otros lugares? Y así sucesivamente.   

Por otro lado, al pensar en entes lejanos, el hombre no imagina otra cosa que algo parecido a lo que conoce, o sea, algo basado en su propia percepción; sin embargo, puede que existan otras modalidades de vida que hoy ni siquiera se pueden soñar, del mismo modo que Sócrates jamás pudo soñar con Instagram. Asimismo, es tremendamente difícil que la vida arraigue en un planeta (u otro objeto celeste) y que éste sea tan propicio y estable como para que la evolución conduzca a la inteligencia, pues depende de cientos de variables, de manera que si una no aparece o se da en la proporción incorrecta, la vida tal y como se entiende se vuelve imposible.      

Sea como sea, hay que admitir que, de momento, no existe ni el más mínimo atisbo de indicio de la existencia de seres inteligentes si no es en el tercer planeta del Sistema Solar. Y por ello, hablar de millones de civilizaciones en esta galaxia, y afirmar que antes de milenio y medio tendremos noticias de ellos sin la mínima prueba indiscutible, se acerca bastante a la adivinación y la futurología. Igualmente, basar esta creencia en la cantidad de posibilidades que el universo proporciona tampoco es una evidencia concluyente, ¿quién sabe?, tal vez la especie humana esté destinada a ir colonizando planetas, sistemas, galaxias a lo largo de miles y miles de millones de años…, algo parecido a lo que hizo el homo sapiens, que desde el este de África alcanzó todos los rincones del planeta.   

Lo más desconcertante es que gran cantidad de astrofísicos y estudiosos del espacio aseguran no entender que haya ‘creyentes’ (en la religión) aun cuando no hay pruebas para creer, y sin embargo, no tienen problema en confesar que ellos ‘creen’ que la vida es cosa común en el universo a pesar de que tienen tantas pruebas para apoyar su creencia como aquellos en la suya; bien podría afirmarse que unos y otros tienen una confianza, una convicción, una fe muy similar, lo que vendría a contradecir a los que creen en lo que creen pero desprecian a otros que creen otras cosas.

En fin, a la luz de los conocimientos actuales es imposible afirmar con una base científica sólida que existan seres inteligentes lejos de aquí. Lo cual no quiere decir que no existan… 


CARLOS DEL RIEGO