miércoles, 17 de junio de 2015

MODERNOS NAZIS LLEGAN A LOS AYUNTAMIENTOS Asombra comprobar cómo la misma retórica utilizada por los nazis en Alemania en 1940 es reproducida hoy, casi palabra por palabra, por los que irrumpen en los ayuntamientos. Hablan de matar, torturar, quemar, exterminar. Igual aquellos que estos

El diario nazi Der Angriff dice, abajo a la izquierda, Por los oprimidos, contra los explotadores. Este lema les 'legitimaba' para decir cualquier atrocidad 
El mismísimo Goebbels escribió ya en 1928 en ‘Der Angriff’: “Nos hacemos diputados para debilitar y eliminar la república de Weimar con su propio apoyo. Si la democracia es tan estúpida que para este menester nos facilita dietas y pases de libre circulación, es asunto suyo”. Declaración explícita de intenciones que hoy ejecutan muchos recién llegados a las instituciones.

“Hay que abatir esta peste mediante la muerte”, dijo Hitler en noviembre de 1940 refiriéndose a los homosexuales. Conceptos similares pueden leerse en los textos difundidos en las redes sociales por ciertos nuevos concejales; la única diferencia es el destinatario de sus iras, pero el resto es prácticamente idéntico. Por ello, puede deducirse que el que piensa y se manifiesta como nazi… 

Igualmente, en aquellos terribles días de la Segunda Guerra Mundial, los descerebrados de la cruz gamada querían terminar con “vidas sin valor”, “existencias superfluas”, “seres inferiores”, “raza venenosa”… mientras pensaban en judíos, gitanos, comunistas o discapacitados, que “deben ser exterminados”. Mediante los medios de comunicación fueron insistiendo, un día y otro y otro, hasta que no pocos alemanes vieron como cosa normal, como algo provechoso para Alemania que se materializara el exterminio. Apelativos muy parecidos utilizan ahora los que desearían eliminar a quienes no comulguen con el único pensamiento válido, que es, evidentemente, el que ellos dicen.

Tales cosas escriben hoy los que, teniendo un evidente pensamiento nazi, se presentan con un discurso pretendidamente progresista y renovador. Sólo así puede explicarse que se hagan chistes sobre los judíos (chascarrillos que ya corrían antaño por los ambientes nazis), o sobre discapacitados y víctimas en general. Los nazis despreciaban a judíos, homosexuales, gitanos…, y, por supuesto, comunistas. Hoy, los modernos nazis recién llegados a los ayuntamientos y sus fanáticos partidarios usan idéntica dialéctica y con tantos prejuicios, ya sean contra los judíos (igual que nazis) o contra quienes no piensen como ellos (y aquí entran desde las víctimas del terror nazi-etarra hasta las de la delincuencia común). Seguro que a alguno de sus sectarios simpatizantes ya se le ha ocurrido construir guetos y colocar una pegatina en el pecho de quienes ellos señalen como ‘exterminables’ (en lugar de una estrella de David podía ser una cruz). No entienden que aunque el sentido de su ira sea ideológicamente opuesto al de los nazis clásicos, su pensamiento e intenciones son idénticos; y, por si fuera poco, coinciden en el antisemitismo, punto en el que también se reúnen nazis y soviéticos.

Se defienden diciendo que sólo hacen humor negro, pero curiosamente no se hacen chistes sobre la infortunada Palestina o la sanguinaria Eta…, ¡y que no se le ocurra a nadie!, porque se le vendría encima la ira del pensamiento totalitario y envanecido que piensa, habla y actúa como un Goebbels cualquiera. Los nazis de antaño deseaban exterminar a todo el que no coincidiera con su idea. Los de hoy también. Aquellos querían ‘pureza racial’. Los de hoy ‘pureza ideológica’. Como Hitler. Como Stalin (pues también había leyes soviéticas contra judíos, homosexuales, disidentes…).

Asimismo, hay quien se ampara en la libertad de expresión para insultar y amenazar, justo lo mismo que los escritores y periodistas hacían en la prensa pronazi: el Völkischer Beobachter (El observador popular), que era el diario oficial del partido nazi (el NSDAP) y tenía al propio Hitler como accionista mayoritario; el Der Angriff (El ataque), que manifestaba su odio al sistema con un lenguaje agresivo, antisemita y antiparlamentario, y cuyo lema era “Por los oprimidos, contra los explotadores” (proclama que vale para todo); Das Schwarze Korps (El cuerpo negro o La facción negra) era el periódico de las SS, y en él se atacaba con enorme virulencia a la Iglesia Católica y a los masones, a los judíos y a los comunistas; Der Stürmer (El atacante), en el que se aseguraba que los judíos realizaban rituales con sangre de niños, y en él abundaba la propaganda anticatólica, antijudía y anticapitalista.

Todos ellos empleaban el mismo tono amenazante que el que hoy manejan muchos nuevos concejales y sus fanáticos, pues gritan, igual que aquellos, contra católicos, judíos y capitalistas. Unos amenazaban desde la ‘libertad de expresión’ y otros llevaban el dicho al hecho. Claro que, en realidad, por aquí también ha habido conatos de ‘acción directa’, como el protagonizado por alguno de los nuevos ediles que un día asaltaron una capilla insultando e intimidando (una mezquita ni se lo platean). 

Si algún día estas mentes tan obtusas como totalitarias alcanzan el poder, bien puede esperarse una nueva ‘noche de los cristales rotos’, tal vez no contra comercios de judíos (o también), pero sí contra sucursales bancarias, iglesias (otra vez) o sedes de partidos contrarios. Es lo que pasa cuando hay quien se siente posesor de la única verdad: se cree legitimado para hacer lo que se le ocurra. Exactamente así obraron los nazis.

Lo peor es que hay espectadores que se apuntan a lo de “está mal lo que esos dicen y hacen, pero…”. Igual que en aquella Alemania.


CARLOS DEL RIEGO