miércoles, 26 de noviembre de 2014

LA DUDOSA FIABILIDAD DE LA MEMORIA En Estados Unidos se ha armado una gorda debido a que un poli blanco fue absuelto de matar a un joven negro. El veredicto se basa en la historia que revelan las pruebas, mientras que la memoria de los testigos se ha revelado contradictoria, poco fiable.

A pesar de todo, las pruebas avalan al policía y contradicen la memoria de los testigos
La ciudad de Ferguson, en el estado de Misuri (USA), está que arde a causa de la absolución del policía blanco que mató a tiros a un joven negro. Dejando a un lado el hecho de que los agentes en Estados Unidos suelen tener gatillo fácil, tal vez debido a que allí todo el mundo tira de pipa y los uniformados prefieren disparar primero y preguntar después, la exculpación del poli, examinando las declaraciones de los testigos, es absolutamente correcta; y es también una perfecta muestra de que la memoria es exclusivamente de cada uno, y no tiene que coincidir con la historia, con la realidad.

Así, resulta que de los diez testigos oculares que declararon, sólo dos coincidieron en el sitio donde estaban el tirador y la víctima, incurriendo el resto en contradicciones sorprendentes. En segundo lugar, más de la mitad afirmaron que el muchacho negro recibió tiros por la espalda, para retractarse posteriormente al saberse que la autopsia (se han hecho tres) demostraba de modo concluyente que las balas (media docena) entraron sólo por delante. En tercer lugar casi todos los testigos aseguraron con total convencimiento que el desdichado mostró actitud sumisa, y que aun así el homicida disparó, es decir, según los testigos de vista, no existió forcejeo; sin embargo, resulta que el uniforme del tirador presentaba restos del ADN del finado, lo que demuestra que sí hubo lucha, o sea, que el pobre chaval se echó encima del guardia. Y por si fuera poco, una de las manos del muerto aun tenía restos de pólvora, evidencia de que existió pelea por el arma. Asimismo, las autopsias y evidencias forenses desvelan que, lejos de lo que los declarantes sostienen, el joven negro estaba en estado de gran agitación instantes antes del tiroteo, justo como se está cuando uno se ve inmerso en una trifulca  callejera. Y hay más, unos dicen que el adolescente corrió y otros que se detuvo inmediatamente, unos que el agente empezó a disparar nada más bajar del coche, otros que todo empezó dentro del mismo y otros que no empezó a tirar hasta unos instantes después de salir del automóvil. No es que todas las declaraciones hayan de ser exactamente idénticas, pero tanto el desacuerdo evidente entre todas y cada una de ellas, como el hecho de que todas las pruebas coincidan con la versión del de la pistola, conducen a la conclusión del tribunal.

Sin embargo, en su mayoría, seguro que los testigos contaron básicamente lo que recordaban, sin mala fe (al menos algunos) aunque luego añadieran algún adorno. Este caso muestra con absoluta certeza que la memoria es de cada uno, y que el mismo hecho puede ser recordado de modo diferente por quienes lo presenciaron. Llegados a este punto es oportuna la pregunta ¿existen diferencias entre la memoria de los testigos y la historia que indican las pruebas? La respuesta está clara, y por ello, jamás puede hablarse de memoria histórica, pues aquella es personal y subjetiva, mientras que ésta es común y, ciñéndose a pruebas, objetiva. Tal cosa debería aplicarse siempre a ese oxímoron, a esas palabras contradictorias en sí mismas que son ‘memoria histórica’.

Otra cuestión es que a los agentes de las diversas policías de Estados Unidos les cueste menos tirar contra negros o hispanos que contra blancos, y que los tribunales también contemplan la piel del acusado...    
          
CARLOS DEL RIEGO