Todo un clásicio en el campo de la imitación, el 'impersonator' de Elvis |
Todo músico es antes aficionado, es fan de otros que
hicieron música antes que él; de hecho, todo el que se cuelga una guitarra lo
hace porque previamente había escuchado y admirado. Es decir, la historia de la
música rock y pop es una continua combinación entre imitación y evolución. Y
por eso, la figura del admirador es una verdadera constante.
Quién se atreve a decir si es Freddy o un imitador |
Por otro lado, en el planeta del rock, el pop y
otros géneros cercanos es muy habitual que el grupo o solista toque
mayoritariamente sus propias composiciones cada vez que sube a un escenario;
esto no sucede, sin embargo, cuando se trata de una banda de jazz ni,
evidentemente, cuando quien ejecuta es una orquesta sinfónica o cualquier
formación de violines, atriles y partituras. Es decir, en la música clásica el
compositor rarísimamente es también el ejecutante, entre otras cosas porque las
orquestas, grupos de cámara, quintetos de cuerda o bandas municipales se
inclinan siempre o casi siempre por interpretar piezas escritas por músicos ya
desaparecidos. De igual modo, dentro de unos pocos años los grandes nombres de
la historia del pop y el rock pasarán a la categoría de leyenda, o sea, dejarán
este mundo, con lo que sus creaciones se convertirán en patrimonio de la
Humanidad, lo que significa que todo el que lo desee podrá grabarlas y
recrearlas sin tener que pagar derechos de autor. Cuando vaya llegando ese
momento, cuando el tiempo se lleve a los mitos, se multiplicarán los grupos
centrados en repertorios concretos y, seguro, gozarán de enorme aceptación.
Sea como sea, en los últimos años han florecido por
todas partes las bandas-tributo. Buscando el máximo parecido posible al ‘original’
en vestimentas, peinados, puesta en escena y estética en general, estos combos
ofrecen los repertorios más demandados por una audiencia que ya sabe qué es lo
que va a ver y escuchar. Algunos se presentan como auténticas fotocopias, mientras
que otros van un poco más allá y no hacen ascos a una buena y cariñosa
caricatura; de hecho, hay integrantes del original que aplauden y bendicen a
esos que quieren ser sus dobles. Claro que hay nombres y grupos que se prestan
más a la imitación que otros; por ejemplo, en el caso del Elvis el imitador es
prácticamente un profesional con horario y sueldo, y por eso abundan en todo el
mundo los concursos de ‘impersonators’ del rey.
De este modo, tirando de melodías infalibles, los
repertorios son inevitablemente muy agradecidos, pues están integrados por
temas célebres y siempre celebrados, o sea, el público se lo pasa en grande
cantando sus estribillos favoritos, hasta el punto de que hay quien se llega a
olvidar de que lo que tiene delante es un remedo, una copia. Habitualmente los
integrantes de estas formaciones son buenos músicos, respetuosos y admiradores
de sus ídolos, encantadores muchas veces…, pero imitadores al fin. Sin embargo,
este hecho no les quita su mérito, su valor, su acertada propuesta para
disfrutar de un buen concierto. La banda-tributo es un medio excelente para que
el espectador tenga una idea de cómo debían ser los auténticos; cierto,
innegable, el genio pertenece al verdadero y como éste no hay nada, pero
también tendrán algo los sucedáneos cuando son capaces de llenar incluso
grandes recintos.
En fin, con el grupo que se dedica exclusivamente a
recrear lo que crearon sus ídolos, el personal la goza cantando, saltando y
bailando, recordando y pagando menos; y por su parte, los que están en escena
la gozan cantando, bailando, recordando y cobrando menos. Todos contentos.
CARLOS DEL RIEGO
No hay comentarios:
Publicar un comentario