miércoles, 5 de noviembre de 2014

ENCUESTAS: LOS ORÁCULOS DE LA ACTUALIDAD Sorprende que gentes bien informadas, ilustradas, cultas, se traguen a pies juntillas lo que dicen las encuestas; es lo mismo que sucedía en otros tiempos, cuando todo el mundo se creía sin la menor duda los vaticinios de los adivinos.

Las encuestas son el equivalente a los oráculos y adivinos de antaño (la viñeta de Astérix reproduce el cuadro 'Lección de Anatomía...' de Renbrandt)
Las posibilidades de acierto del augur ayer son parecidas a las de los sondeos hoy
Antiguamente los augures recurrían a sacrificar un animal y mirar en sus entrañas para  adivinar el futuro (entre otras ‘técnicas’). Hoy las entrañas del animal son las encuestas, y con ellas creen que predicen el futuro los adivinos de la actualidad, que son tanto las empresas que se dedican a preguntar como los medios de comunicación y los partidos políticos, que son los que se encargan de ‘interpretar’ los resultados.

Así, es tanta la fe que se tiene en el sondeo que, después de interrogar a una serie de personas, los medios hablan en presente y dan por acontecidos hechos que aun no se han producido: por ejemplo, un diario de tirada nacional titulaba “el partido X pierde la mayoría en la comunidad Y”, para explicar en el texto que, según una consulta llevada a cabo entre tantos mil ciudadanos, el partido X obtendrá menos votos. Quiere decir este periodista que, con total seguridad, los electores votarán más a este que a aquel, es más, ya lo da por hecho, pues utiliza el presente para hablar del resultado de un referéndum para el que faltan años. Otro escribe después de leer en ‘las entrañas de un sondeo’: “El éxito de Z…”, dando así por cierto un resultado de una competición que ni siquiera ha tenido lugar. Son muestras de la fe ciega que algunos tienen en las encuestas, una fe sorprendente, pues procede de personas que aparentan gran cultura, conocimiento, ilustración.

Del mismo modo que hay mucha gente que cree en los adivinos y los astrólogos, en quirománticos y profetas, en los horóscopos, cartas astrales y oráculos, también hay quien se traga a pies juntillas cualquier profecía de un ‘estudio sociológico’, que no es otra cosa que el resultado de las respuestas dadas por unos cuantos ciudadanos a un cuestionario, casi siempre dirigido; los que están en centros de poder o los que hablan de él suelen ser más crédulos que el resto, tal vez porque, al igual que los jefes de muchos pueblos de la antigüedad, necesitan la predicción para tomar decisiones.

Y el caso es que todos estos futurólogos fallan más que un juez, entre otras cosas porque el que responde no siempre es sincero o puede cambiar de opinión, y también porque las respuestas de cinco mil o treinta mil personas no tienen por qué representar a las respuestas de veinte millones (las personas no son ovejas que reaccionan idénticamente a un mismo estímulo). Por tanto, si se encuesta a cinco mil personas, lo único que empíricamente se puede afirmar es que de ellas, tantas mil dijeron esto, tantas mil aquello y tantas mil lo de más allá, y eso es todo. Quiere decirse que no se puede (no se debe) proyectar con precisión matemática lo que han dicho unos pocos a lo que más tarde pueden decir todos, pues tal cosa es pura y llanamente manipulación; si así fuera, cada respuesta pasada estaría representando a miles, decenas o cientos de miles de respuestas futuras…, un completo disparate. 

En fin, las encuestas y sondeos, las investigaciones que buscan intenciones, la lectura de las respuestas a unos cuantos cuestionarios, tienen tanto valor adivinatorio como los horóscopos que diariamente publican los periódicos, como las profecías de los futurólogos, augures, profetas, videntes y demás embaucadores y charlatanes. Y además, a las cifras se les hace decir lo que se quiere.  

Es muy oportuna (además de divertida e ilustrativa) la lectura del episodio de Astérix titulado ‘El adivino’.


CARLOS DEL RIEGO