miércoles, 21 de mayo de 2014

COSTOSAS E INÚTILES CAMPAÑAS DE PROPAGANDA POLÍTICA Uno de los partidos anuncia que hará la campaña a las europeas más barata, tan barata que ‘sólo’ costará dos millones de euros. Entonces, cabe preguntarse cuánto habrá sido el gasto en propaganda de los otros y, sobre todo, ¿vale para algo tal dispendio?

Todas las campañas, todos los aspirantes pretenden lo mismo,
 aprovecharse del ciudadano
Cada partido envía a cada votante una carta, la correspondiente papeleta, el sobre para ésta y todo ello dentro de otro sobre con franqueo pagado. Si se multiplica todo esto por el número de votantes y por el número de partidos, el gasto ha de ser multimillonario; y a ello hay que añadir los carteles en las farolas, las vallas publicitarias, los vídeos y demás parafernalia propagandística. Pero el asunto se vuelve más chocante si se tiene en cuenta que, realmente, la influencia de la propaganda electoral en la intención de voto de cada ciudadano es muy escasa, mínima, casi nadie cambia su preferencia según la propaganda; de hecho, tienen que ser muy pocos los que modifiquen el sentido de su voto por lo buena o mala que sea la campaña de estos o aquellos, pues a los mítines sólo van los convencidos, las intervenciones en radio y televisión son tildadas de estupendas por los propios y de demagógicas por los contrarios y, en fin, los careos ante el público los ganan todos.

Curiosamente quienes están implicados en este colosal despilfarro lo ven como cosa normal, lógica, necesaria aun en una situación de escasez como la actual; claro que todo ese dinero viene de la subvención, o sea, de los impuestos que pagan los ciudadanos, y gastar el dinero ajeno no cuesta ningún esfuerzo; otra cosa sería que todos estos anuncios y reclamos fueran costeados por las cuotas de los militantes de cada formación política…, entonces serían (sin duda) mucho más comedidos, mucho menos espléndidos a la hora de enviar papeles que van directamente del buzón a la basura sin siquiera comprobar el contenido de cada sobre. Por otro lado, el hecho de que los aspirantes a las canonjías europeas vean normal tal derroche es indicativo claro de que no tienen los pies en el suelo, de que viven unos metros por encima de la realidad, aislados en el planeta de la política en el que se ve razonable y justo gastar millones en papel inútil. Tal vez la explicación esté en el hecho de que los agraciados se embolsarán 6.000 de sueldo más 9.000 en complementos, netos todos los meses todos los parlamentarios europeos españoles…; lo curioso es que entre los complementos están las dietas por acudir a los plenos (es decir, por cumplir con su obligación), las cuales se reducen a la mitad si no hacen acto de presencia en la mitad de los plenos. Ante tal perspectiva, ante tales privilegios, parece lógico echar el resto, ‘invertir’ lo que se tenga a mano para lograr bicoca semejante, lo malo es que dicha inversión no sale de los bolsillos de los que compiten por esos pingües destinos europeos; en fin, que los que pretenden destinos de tan poco esfuerzo y tan grande provecho no arriesgan nada propio. Y es que gastar y poner a producir el dinero que no ha costado ganar es muy fácil.

En resumen, los partidos políticos (es decir, las personas que viven de los partidos políticos) harán lo que sea, gastarán todo lo que crean necesario, lo que tienen y lo que no, con el fin de alcanzar el apetitoso objetivo de unas nóminas tan abundantes.
Hay que insistir en la idea: es necesario acabar con la figura del político y sustituirla por la de ciudadano metido ocasionalmente, temporalmente, a labores políticas; de este modo se acabará con el político experto, el cual empleará su experiencia en hacer política, pues habrá convertido la política en un fin, en su objetivo principal. ¿Quién no lo haría si con ello se lleva 15.000 todos los meses? Por eso hay que huir del vicio de la experiencia política.

Por eso se gastan lo que sea si a cambio ganan una docena de votos.   
      

CARLOS DEL RIEGO