domingo, 9 de marzo de 2014

ROCK CON FALDAS Y A LO LOCO El 8 de marzo es el Día de la Mujer. Sin entrar en el sentido del mismo, se puede aprovechar para recordar a algunas de las mujeres de más peso específico en la historia del rock, chicas a la altura de los grandes héroes, algunas de las cuales han demostrado tenerlos mejor puestos que muchos

 

Tina Turner y Janis Joplin en un concierto en Nueva York en 1969.
Realmente siempre ha habido voces femeninas envueltas en distorsiones y redobles, aunque no hayan sido demasiadas en el cómputo total. Y menos aun las que tuvieron influencia en la música, las que aportaron, las que crearon, las que han perdurado. Pero las que lo hicieron estará ahí para siempre.

Por edad, ha de ser nombrada en primer lugar Tina Turner. Apaleada sin piedad y a diario por un asno de dos patas que atendía al nombre de Ike, Tina siempre fue un torbellino en escena, explosiva y entregada al cien por cien. Desde el tren del rock & roll Tina lanzaba al público todas sus pasiones con una fuerza irresistible, con una voz inconfundible, profunda, un tanto rasgada, una voz que conseguía transmitir emociones desatadas. Anda camino de los ochenta y ya está jubilada, pero ha dejado para los anales como legado medio siglo de puro rock. ¡Eres la Gitana, la Reina Ácida!

Inolvidable por más años que pasen, Janis Joplin posee (poseyó) un don, un algo especial, un carisma único. Janis fue el exceso personificado, ya fuera en el amor, en las drogas o en la música. Su voz doliente y emocionada es de las que enganchan, sus interpretaciones arrebatadas hipnotizaban; el blues y el rock dio un paso hacia delante con la malograda cantante tejana. Apenas ella y la anterior consiguieron que los ‘menea-melenas’ españoles de los setenta contaran con chicas en el Olimpo de los grandes del rock. ¡Inténtalo, sólo un poquito más fuerte!

En los momentos en que el punk estaba gestándose, Patti Smith estaba justo allí. Por eso llegó sin avisar, de repente, adelantándose a todo montada en ‘caballos’. En la España de 1975 no se entendió muy bien lo que traía: para unos era puro rock & roll, pero otros preguntaban sarcásticos “¿esto es puro rock & roll?”. A muchos les chocaron aquellas maneras pre-punk que lanzaba la deslenguada e inteligente Patti Smith. Por cierto, a la hora de elegir pareja da la impresión de que le gustaban los guitarristas cañeros, pues lo fue de dos brutotes con distorsión como Allen Lanier, de Blue Oyster Cult, o el gran Fred ‘Sonic’ Smith, de MC5. Siempre coherente y en su sitio, la de Chicago ha sido una importante referencia, y no sólo para chicas. Porque la noche te pertenece. 

Otra gran poderosa personalidad femenina dentro del planeta del rock es Crissy Hinde, la líder de The Pretenders. Y al igual que la anterior, prefería no salirse de un entorno de guitarras y baterías a la hora de emparejarse, pues fue compañera de Ray Davis (The Kinks) y luego se casó con el cantante de los Simple Minds, Jim Kerr, pero ella jamás fue ‘la mujer de’. Al contrario, es todo un carácter, tanto como proclamar cosas como que el rock exige un puntito de machismo incluso si quien está tras la guitarra es mujer…, tal vez por ese modo de pensar jamás se dejó ver con mini, escote o ropa insinuante. El rock en femenino fue otro tras ella, como demuestra el hecho de que su estilo haya resultado irresistible para muchas otras que han llegado después. Y nadie va a malinterpretarte.

Sí, hay más, muchísimas más, de antes y de ahora, como las Bangles, que hicieron rock con laca de uñas; Joan Jet y sus Runnaways con el eterno emblema ‘I love rock & roll; las punks de primera hornada The Slits; la trepidante Suzie Quatro, icono del glam rock y una de las primeras estrellas masivas con faldas y a lo loco; la sensual Deborah Harry y sus Blondie, que fueron nexo entre rock-punk y new wave-pop; y la etérea e inalcanzable Nico, respaldada por la Velvet Underground; y la inquietante Siouxie Sioux y sus Banshees, y muchas otras (y sin contar a las de soul, blues, jazz, folk…).  

Con o sin faldas pero siempre a lo loco, sin ellas el rock habría sido otra cosa y, sin duda, menos excitante y colorido.


CARLOS DEL RIEGO