miércoles, 19 de marzo de 2014

CIENTÍFICOS ANSIOSOS DE FAMA Y PRESTIGIO = CHARLATANES El conocimiento que se tiene sobre asuntos del universo es escasísimo, mínimo, casi insignificante. Sin embargo, hay hombres de ciencia que se atreven a realizar atrevidas afirmaciones y predicciones basadas en suposiciones, indicios, pruebas endebles y probabilidades. Como los que afirman haber encontrado restos del Big Bang.


No hay forma de saber qué hay más allá de lo que muestran los telescopios,
por lo que afirmar algo en ese sentido es entrar en el terreno de la adivinación.

Es curioso cómo una noticia de índole científica, una noticia sobre astrofísica, es divulgada casi como si fuera una primicia deportiva, política o social de primer orden, y ello a pesar de que, en realidad, tales noticias interesan poco e inciden menos en el día a día del personal. Así ha sido con esa información que señala que se ha detectado una huella del primer momento inmediatamente posterior al Big Bang. Asimismo, en la misma página sobre astronomía aparecen unas declaraciones del eminente astrofísico Stephen Hawkins, que predice que si no hemos colonizado otros mundos antes de un siglo, la especie humana corre peligro de extinción, pues la Tierra no aguantará más.

Se trata de dos afirmaciones más que discutibles y cargadas de soberbia, de esa soberbia que ataca a algunos científicos que piensan más en las portadas, honores y premios que en el laboratorio. Hawkins hace tiempo que suelta verdaderas chorradas, las cuales serían tratadas como tal si fuera otro quien las largara; por ejemplo, no hace mucho afirmó que eso del bosón de Higgs era una tontería sin ningún interés, pero luego de las pruebas hubo de rectificar; e igualmente, hace unos meses se dejó decir a los cuatro vientos que los agujeros negros eran otra memez, algo inexistente… Pues ahora el científico se disfraza de charlatán, de adivino, de augur, y predice grandes desgracias al planeta (igual que el adivino de Astérix): la extinción de la raza humana si en un siglo no se encuentra modo de colonizar otros mundos y buscar allí cómo sobrevivir. Es más, afirma sin ruborizarse (o  al menos sin que lo parezca) que en cincuenta años habrá asentamientos humanos en la luna, y en algo más de cien, en Marte. Esto recuerda las predicciones que se hacían en los años cincuenta y sesenta, que aseguraban que en el año 2000 habría coches voladores, robots inteligentes haciendo todas las tareas de casa y la mayoría de los trabajos, y afirmaban aquellos futurólogos (sobre todo escritores y científicos visionarios) que los viajes espaciales serían cosa común y que la luna y Marte serían destinos turísticos tan habituales como Mallorca o El Caribe. Lógicamente, nada de eso ha llegado, y para más inri, ninguno de aquellos profetas anticipó nada parecido a internet o a los teléfonos móviles (tal solo el gran Isaac Asimov anticipó algunas ideas que sí se han correspondido con la realidad; por ejemplo, afirmó que la comunicación vía satélite permitiría comunicarse con cualquier parte del mundo incluso con imágenes). Si los científicos se las dan de videntes y adivinadores es que algo les falla. En el caso de Stephen Hawkins, tal vez esos 71 años empiecen a hacer mella en su cerebro…

Por otro lado, científicos de Estados Unidos han anunciado que han detectado ondas que proceden de los primeros instantes tras el Big Bang, es decir, ecos, restos fósiles de la explosión producida hace 13.800 millones de años. Admitiendo que la teoría del Big Bang es cierta (es probable, pero sin demostración empírica seguirá siendo teoría, o sea, no puede contestar a todas las preguntas), hay todavía muchos interrogantes sin respuesta; por ejemplo, ¿cómo saber que esa radiación de fondo detectada pertenece al Big Bang que nos interesa?, ¿cómo saber que no se debe a un Big Bang producido hace menos tiempo en un lugar situado a 20.000 millones de años luz?, de hecho, ¿cómo saber que el que nos interesa ha sido el único Big Bang producido en la historia del universo?, ¿cómo saber que no se han producido miles de Big Bang o se esté produciendo uno ahora mismo a 500.000 millones de años luz? Los más avanzados radiotelescopios ‘sólo’ detectan hasta esos 13.800 millones de años luz, que es lo que se reconoce como universo conocido, sin embargo, ¿alguien puede afirmar que el universo es finito o lo contrario?, si es finito, ¿qué hay más allá?, si es infinito, ¿cómo encontrar explicación? Son preguntas de imposible respuesta, a pesar de lo cual hay científicos que se atreven a realizar afirmaciones sin pruebas concluyentes. Por poner un ejemplo exagerado, esos científicos son como el niño que acaba de aprender a leer y ya se atreve a dar su opinión sobre El Quijote o sobre Guerra y Paz echando un vistazo a las portadas.

La fama, el prestigio, los premios, las subvenciones llevan a algunos investigadores a ofrecer conclusiones espectaculares aunque estén basadas en conjeturas, probabilidades, indicios, pero no en pruebas concluyentes, irrefutables y demostradas empíricamente, única base que el buen científico debe tener antes de llamar a los medios y reclamar cámaras y focos.

Afortunadamente, la ciencia siempre termina poniendo a los científicos en su sitio. 


CARLOS DEL RIEGO