domingo, 10 de junio de 2012

UN GRAN TIPO LLAMADO NADAL Prodigioso dentro de la pista, día a día demuestra que fuera es todavía mejor.


Su capacidad de lucha no es su mejor virtud


¡Qué gran tipo este Nadal! Más allá de su prodigiosas facultades físicas, más allá de sus exhibiciones en las pistas, más allá, en fin, de los valores propios del deporte que atesora y muestra con generosidad y modelo, Nadal posee un extra totalmente inusual  en los ámbitos más altos del deporte.

De sus hazañas en la cancha parece más que ocioso hablar, pues en todo el mundo se reconoce que Rafael Nadal es no sólo un jugador de tenis excepcional, único, irrepetible, sin embargo, increíblemente, hay quien critica su juego, su forma de entender el tenis. Éstos no han asimilado que el deporte es ganar, ciñéndose a las reglas y si es con actitud ejemplar, mejor, pero por encima de todo ganar, de modo que no tiene la mínima importancia que lo hagas bonito o feo, jugando al ataque o a la defensiva, es decir, cada uno sale a la pista con lo que tiene, a hacerlo lo mejor que puede y tratando de imponer sus armas.

Su físico prodigioso no es su mejor arma

Pero no es la faceta deportiva de Nadal, así como su actitud en el terreno de juego, siendo absolutamente ejemplares, lo mejor de este joven prodigio que traspasa las fronteras del deporte. Tampoco su fortaleza mental, su espíritu de lucha, su inagotable  sentido del esfuerzo y esa energía positiva que siempre lo acompaña y que es capaz de transmitir. No es su deportividad absoluta, su incapacidad para “robar bolas” ni su serenidad ante la adversidad: jamás ha hecho un mal gesto ni ha arrojado la raqueta ni gritado de frustración. No es su respeto por el rival ni su elegancia y humildad tanto en la victoria como, sobre todo, en la derrota. Ni tampoco su carácter y sinceridad en pista y en la calle.    

Lo mejor de Rafael Nadal Parera es su forma de ser al terminar el encuentro, fuera de la pista, esto es lo que lo hace diferente. Para empezar, pocos deportistas habrá en todo el mundo que tenga tanta paciencia con sus seguidores, pues no hay partido en el que, al terminar, gane o pierda, no se pase diez o quince minutos firmando autógrafos. A este respecto contaba el seleccionador de ciclismo del equipo español en los Juegos de Pekín 2008, Paco Antequera, que vio a Nadal iniciar el desfile inaugural y pensó que, una vez que llegara al sitio indicado en el césped, el tenista se iría a descansar; sin embargo, estuvo las cinco horas que duró el desfile saludando, haciéndose fotos y firmando autógrafos a todos los deportistas y entrenadores de equipos de todo el mundo que se le acercaron, “jamás había visto atender a tantos fans, pues todo el tiempo, las cinco horas, estuvo con éstos, no se cómo pudo aguatar tanto”, explicaba asombrado Antequera. Pero lo mejor de todo es que lo hacía sin dejar de sonrreir ni quitar de su cara una expresión de ilusión que dejaba fuera de toda duda que su gesto era totalmente sincero, no le costaba ningún esfuerzo, lo hacía con agradecimiento, con el corazón en esa mano que a tantos tendió. Y esto es muy difícil en deportistas de máxima altura mundial, acostumbrados a los halagos y a ahorrar esfuerzos. Además, él permaneció todo el tiempo en la villa olímpica: “si voy a unos juegos ahí es donde debo estar”, afirmó.

Lo mejor de Nadal es que es un tipo fiable, honesto, sincero y comprometido

Lo mejor de Nadal es su palabra, su integridad, su fidelidad al compromiso contraído. En este sentido contaba un directivo que, tras perder ante Djokovic uno de los agotadores partidos de final de Gran Slam de 2011, volvía para España unas horas después y, en el avión, se le veía acalambrado, contracturado, dolorido, al borde de los límites de la resistencia física; sin embargo, ante las caras de preocupación de todos los que viajaban con él, el de Baleares dijo sonriendo “no os preocupéis, en un par de días estaré recuperado y jugaré esta eliminatoria de Copa Davis”.

Lo mejor de Nadal es su escala de valores y su honradez, hasta el punto de que, a diferencia de la gran mayoría de tenistas profesionales, mantiene su residencia fiscal en donde reside, en su casa, en Menorca, no en un paraíso fiscal donde pagar menos impuestos. Siempre dispuesto a echar una mano y hacer el esfuerzo que sea en pos de una causa solidaria, deja traslucir sus emociones, esas que humanizan tanto al que vemos poco menos que como un supermán, y jamás protagoniza ninguna salida de tono, jamás aparece en situaciones inapropiadas, vive una vida absolutamente ordenada.

Seguro que tiene sus cosas, como todos, pero sin duda se trata de una gran persona, más grande aun que el deportista. No puede extrañar que la Reina Sofía dijera que es el hijo que toda madre quisiera tener..., cosa que él escuchó sujetando a duras penas sus emociones.

En fin, es una persona que transmite, una persona con carisma, alguien de una pieza en quien sería muy fácil confiar, alguien que no defraudaría jamás, que lucharía hasta el límite para cumplir con su obligación, con la palabra dada. Si un día se presentara a las elecciones...

Sí, gane o pierda, ¡qué gran tipo este Nadal!           

CARLOS DEL RIEGO

sábado, 9 de junio de 2012

‘HARVEST’ 1972, UNA COSECHA EXCELENTE Uno de los mejores discos de la segunda mitad del siglo pasado fue ‘Harvest’, (Cosecha) del canadiense Neil Young. Hoy sigue siendo una delicia

La perspectiva que sólo da el tiempo permite apreciar el arte de otras épocas con muchos más elementos de juicio, con un distanciamiento que proporciona mucha mayor lucidez. Esto sucede también con la música rock que, al ser una recién nacida comparada con la pintura o la escultura, precisa mucha menos distanciamiento, por lo que tres o cuatro décadas son suficientes para revisar y analizar discos y canciones y situarlos en el lugar que les corresponde.En la historia del rock, la década de los setenta del siglo pasado fue extraordinariamente prolífica en cuanto a creatividad se refiere. Y precisamente hace cuarenta años (excusa recurrente pero irresistible) el gran Neil Young lanzaba una de sus obras maestras, el maravilloso ‘Harvest’, capaz de transportar a quien lo escucha a un melancólico, emotivo y evocador universo country con brillantes matices de pop, rock, folk e incluso ambientación orquestal.   

Compositor inspiradísimo desde sus inicios, Neil Young es considerado por muchos como uno de los mejores autores de canciones, a la altura de Bob Dylan, Van Morrison, o Lennon-McCartney y Jagger-Richards (sí, se podrían añadir a al menos otros diez o doce). Su carrera, al ser tan extensa, tiene sus altibajos, pero la menos inspirada partitura del canadiense tiene más rock que no menos de la mitad de los discos que se editan.

‘Harvest’ vio la luz a comienzos del año 1972 (¡qué gran añada para el rock!), y para acompañarlo, Young contó con un grupo de estudio y con sus viejos amigos David Crosby, Stephen Stills, Graham Nash, James Taylor y Linda Ronstadt. Esta maravilla que cautiva desde la primera nota tiene la particularidad de que todos sus temas, los diez, son de ritmo pausado, lento en su mayoría y con apenas algún medio tiempo que  rompe la tendencia, pero a pesar de ello engancha de tal modo que cada escucha emociona más y más. Es tal su densidad que impide al oyente escapar de su atracción, de modo que es imposible dejar de prestarle atención, es un disco que no sirve como ambiental o de fondo, exige todos los sentidos.

 Comienza con un poderoso y rocoso ritmo de batería, muy cadencioso, al que se superpone la evocadora armónica e inmediatamente la voz nasal y alta de Yung; el steel guitar de este ‘Out of the weekend’ y las guitarras la convierten en un rock lento y característico del estilo del artista. Sigue la pieza que da título al álbum, que entra con guitarras que dan paso a la voz, la cual desglosa otro prodigio de melodía nuevamente acompañada por un steel que atrapa, emociona, pone la carne de gallina. ‘A man needs a maid’ vuelve a ser otra convulsión, otra subida de adrenalina, más teatral, casi trágica y con momentos de ambiente grandioso con orquesta sinfónica; pero cuando la voz vuelve a quedarse sola con el piano, queda patente que la composición puede aparecer al desnudo y brillar igualmente.

“Me estoy haciendo viejo pero sigo buscando un corazón de oro”, dice ‘Heart of gold’, para muchas personas en todo el mundo una de las cinco mejores canciones jamás escritas. Esa entrada irresistible, esa armónica y esa colosal sucesión de notas que remueve las entrañas del más frío pueden llevar, si la ocasión es propicia, a un estado cercano al éxtasis; y por si fuera poco, las moduladas y armónicas voces de Taylor y Ronstadt, ideales y perfectamente encajadas en el sonido, en la intención de esta pieza que no deja de sorprender, de emocionar por más veces que la escuches.

Con ‘Are you Reddy for the country’ termina la primera cara; tiene ritmo más vivo y una steel que acompaña continuamente al solista, invita a moverse con suavidad y a cantar junto a Crosby y Nash. Country de cinco estrellas.

La cara B arranca con otra delicia sureña, con una acústica y un bajo que preceden a una de las más bonitas entradas vocales, ‘Old man’; canción de contrastes, pasa de momentos delicados a explosiones con potentes armonías vocales, aunque el predominio vuelve a ser en medio tiempo con acompañamiento contenido, con steel, con banjo, acústicas. Preciosa. ‘There´s a world’ es otra melosa balada con decoración orquestal, muy sinfónica.

‘Alabama’ vuelve a subir las pulsaciones a 200 por minuto. Desde esa entrada eléctrica y pesada con que empieza, casi (o sin casi) el tema se sitúa cerca de la balada heavy, sentida, intencionada, con veneno oculto, con reproches. Dura, severa, ‘Alabama’ es ya más que una canción de Neil Young y está indisolublemente unida al ‘Sweet home Alabama’ de Lynyrd Skynyrd. Todo buen aficionado conoce la polémica que, en realidad, no fue tanta; el ‘Alabama’ dispara contra el sur por su pasado (y a veces presente) racista, mientras que el ‘Sweet home...’ se defiende diciendo algo así como “Oí que el señor Young nos menospreciaba, pero que recuerde que un sureño no lo necesita por aquí”. El caso es que la cosa no pasó de ahí, Neil Young siempre dijo que la canción de los Lynyrd era fabulosa y que se sentía orgulloso de que se le mencionara en ella, mientras que los de Lynyrd (algunos muertos al poco en accidente de avión) matizaron que lo malo es que Young generalizaba, que no todos en el sur son sudistas. Estuvieron a punto de salir juntos al escenario para cantar a la vez los dos temas, pero no se presentó la ocasión. En fin, la polémica tiene poco recorrido, pero produjo dos canciones sublimes, imprescindibles, tan distintas como inseparables.

Y luego llega esa pieza aparentemente ligera pero profunda, triste, cargada de lamento y pena, ‘La aguja y el daño hecho’, que con apenas un par de acústicas construye un canto a la desgracia de las muertes a causa de la droga; la melodía vuelve a cautivar de principio a fin, exquisita y sencilla. El disco termina con ‘Words’, tema que nuevamente vuelve al ritmo cadencioso y cansado y en el que las voces y coros cobran gran protagonismo en un ambiente cargado y a veces angustioso. Otra muestra del momento de enorme inspiración que vivía el genial indio canadiense, un personaje y un artista cuya trayectoria en ambas vertientes denota una personalidad y un talento extraordinarios.

Si se tiene química con Neil Young siempre se tendrá alguien a quien recurrir cuando se necesite música. Y ‘Harvest’ estará eternamente dispuesto.   
           
CARLOS DEL RIEGO


viernes, 8 de junio de 2012

LA PÉRDIDA DE RESPETO EN CLASE CONDUCE A LA INADMISIÓN DE AUTORIDAD

El respeto al docente ha de regir desde el primer día


SI LOS NIÑOS Y ADOLESCENTES TRATAN DE TÚ AL MAESTRO, DE IGUAL A IGUAL AL PROFESOR, TARDE O TEMPRANO CUESTIONARÁN A SUS PADRES, A LA POLICÍA, AL JUEZ, A CUALQUIERA QUE REPRESENTE LA AUTORIDAD. EL PROBLEMA ES QUE YA SE HA INICIADO EL CAMINO.



En el patio del instituto: “¡Coño Pepe, por qué demonios no nos avisaste de que íbamos a tener examen!”, y Pepe contesta buscando un tono de disculpa que no enfade a sus interlocutores: “Bueno, a principio de mes os di el calendario de exámenes, creo que yo no tengo la culpa, no la toméis conmigo, no os pongáis así, ya veremos cómo lo solucionamos”. El problema es que Pepe es en realidad don José, profesor y director de dicho instituto, y quienes le increpan son alumnos suyos.

¿Puede parecer una situación exagerada?, nada de eso, es habitual en gran parte de los centros educativos de España, sobre todo en institutos de enseñanza media, donde los profesores han perdido totalmente la autoridad, donde el trato con el alumno es de igual a igual, donde se cuestionan las decisiones en todo tipo de temas y, en casos extremos pero cada vez más comunes, se llega a la amenaza directa, a la destrucción de posesiones o a la violencia contra el maestro, despojado de toda autoridad.

Se conocen múltiples casos en colegios e institutos en los que los alumnos se muestran maleducados, incultos, malhablados; y es que la propia sociedad ha ido consintiendo poco a poco hasta llegar a situaciones en que son los jóvenes quienes tienen posición de superioridad, por lo que algunos profesores, amedrentados y carentes de herramientas y apoyo (de las familias, de las leyes), no pueden impedir que se infrinjan las reglas sin que pase nada, y así los escolares van a clase con el teléfono y otros artilugios electrónicos aunque esté prohibido, no se les reprende por insultar o amedrentar a compañeros, se transige con todo tipo de desplantes, se admiten las faltas de educación y de disciplina, la chulería, el desafío. Así, normas tan básicas de educación como son el trato de usted, el tono respetuoso, el saludar al cruzarse en el pasillo, el levantarse cuando entra cualquier persona de relevancia en el aula, el acudir con la ropa adecuada o, simplemente, el responder al profesor cuando se dirige al estudiante, se han convertido en auténticas rarezas en muchas centros españoles (por cierto, todas esas normas son de obligado cumplimiento en la práctica totalidad de países democráticos desde hace...).

En la escuela antigua el profesor solía ser
 autoritario, pero lograba buenos resultados
 
El origen del problema hay que situarlo en el momento en que se permite que el niño que llega al colegio trate de tú al maestro, y luego al profesor de secundaria, puesto que ese es el primer paso para que el alumno considere que el profe es como él, una especie de colega mayor al que hablarle como se habla a los compis en el recreo. Después llegarán las bromitas y los apelativos cariñosos con los que pervertir totalmente la relación entre uno y otros, más tarde se pasará a las palabras subidas de tono y así hasta llegar a la agresión contra la persona y sus pertenencias.

Nunca se valorará en su verdadera magnitud el daño que hicieron aquellos infaustos legisladores que pensaron que había que hacer de las clases y los estudios algo divertido, una actividad que no costara esfuerzo y que no produjera la frustración del suspenso, un lugar en el que aprender pero en donde nadie lo pasara mal, donde nadie sufriera el estrés de una amonestación, de una visita al director, de una expulsión de clase y, ni mucho menos, de unas malas notas que obligaran a repetir el curso. El principal objetivo era que el niño fuera feliz. El perjuicio que causaron aquellos lechuguinos que creían descubrir la pólvora se traduce ahora en la pérdida de la autoridad y el respeto que debe el estudiante al docente, al que trata como a otro más; no es extraño que algunos cedan y se plieguen a las exigencias de los niños y adolescentes, y que incluso vayan un poco más allá con el ánimo de empatizar y ganarse a los chicos (cosa que de ese modo no conseguirán jamás, sino que esa postura los animará a exigir más y más, a imponerse más y más). Hace medio siglo el maestro en clase podía hacer casi lo que quisiera, pero para modificar esa situación, los encargados de regular la educación pasaron al extremo contrario, arrebatando al enseñante cualquier indicio de autoridad en lo que fue un mediocre intento de venganza retroactiva.

Debido a todo esto, la docente se ha convertido en una de las profesiones más atacadas por casos de depresión y estrés, ya que quienes han de imponerse en clase se han visto despojados de todas las herramientas y apoyo necesario para llevar a cabo su trabajo con profesionalidad y eficiencia.

Y todo parte del momento en que se permite (incluso se aconseja) tratar de tú a quien te va a enseñar, y algo aparentemente tan nimio puede conducir a no asumir ninguna clase de autoridad, a enfrentarse a cualquier representante de la ley, a no mostrar ningún respeto por las reglas establecidas y, en definitiva, a relacionarse con mala educación. 

CARLOS DEL RIEGO

jueves, 7 de junio de 2012

NOSTALGIA DEL DISCO DE VINILO Cuando uno tiene un elepé o un single tiene algo, mientras que si las canciones sólo se tienen en cualquier soporte electrónico, en realidad no se tiene nada


La cremallera se podía bajar en esta portada
 diseñada por Andy Warhol

En los años dorados de la música rock (sesenta, setenta y ochenta) el disco de vinilo era el rey absoluto. Cierto que sólo tenía la competencia del casete (magnetófonos siempre hubo muy pocos fuera del ámbito profesional), pero el viejo elepé y el entrañable single tenían su propio encanto, su propio valor intrínseco más allá de lo que contuvieran. El compact-disc (el CD) parecía muy superior en todo, pero pronto se vio que no era así y que su vida no iba a ser larga. Con la llegada de los soportes electrónicos (del mp3 al Ipod, el ordenador, el móvil...) la caída de las ventas de soportes físicos ha seguido una progresión geométrica, muy bien ayudada por las descargas de Internet y, en mucha menor medida, por el pirateo callejero. No es que lo digital no sea absolutamente válido y útil, que lo es, pero eso no debería significar el exterminio de otras posibilidades, pues cada una tiene sus pros y sus contras.

En aquellos años de vacas gordas (musicales), la industria estaba en su apogeo, y los músicos estaban a la altura publicando discos evidentemente históricos; sin embargo, con la llegada de la tecnología digital, no sólo ha caído en picado el mercado, sino que la calidad de la música también ha experimentado un notable declive. Cualquiera que tenga un poco de perspectiva (o sea años), podrá decir de carrerilla dos docenas de grupos de las décadas mencionadas que ocupan lugar destacado en la corta historia del rock, grupos cuyos discos se siguen vendiendo, siguen siendo imitados y su influencia se hace patente; por otro lado, difícil sería señalar siguiera dos pares de bandas surgidas (surgidas, no que estuvieran activas) en los últimos veinte años que hayan hecho historia, y dos pares de álbumes para el recuerdo que marquen a posteriores generaciones. Sí, ha habido buenas canciones y algunos grupos de verdadero mérito, pero nada que ver con los años dorados del disco de vinilo.

Cuando uno compraba el disco de vinilo se encerraba (solo o con alguien que compartiera la misma pasión) a escuchar minuciosamente, a escudriñar todo lo que el plástico tenía impreso, a descubrir lo que el artista había creado, a disfrutar por fin con eso que tanto anhelaba; y mientras tanto, investigaba todos los créditos: títulos, compositores, productores, músicos invitados, lugar y fecha de la grabación, sello discográfico, año de edición, dedicatorias, explicaciones..., y a ello hay que añadir el repaso a las letras, pues la mayoría de los álbumes de calidad se editaban con una hojita con los textos de las canciones. En realidad era como una liturgia, emocionante, íntima, que implicaba a casi todos los sentidos; sí, hoy escuchas en el Ipod con los auriculares la canción, pero nada más. Sin embargo, con el disco de vinilo recién comprado escuchabas, contemplabas y analizabas las portadas, muchas veces cargadas de arte y con fotos estupendas (algunas ya legendarias), leías todo lo que estaba escrito allí, manejabas la cartulina, le dabas la vuelta, la mirabas de arriba abajo, buscabas mensajes escondidos (muchas portadas y contraportadas los tenían), en muchos casos se podían desplegar y, en fin, las mostrabas orgulloso a los amigos y con ellos las comentabas. Cuando uno compraba un disco de vinilo era para disfrute de casi todos los sentidos, no sólo del oído, resultando finalmente un objeto muy enriquecedor, algo que iba mucho más allá de un producto de entretenimiento.

Una colección de vinilos es algo muy valioso,
 y no sólo en sentido económico
En este sentido, cuando se empezaron a transformar las grabaciones analógicas (las registradas en cintas magnéticas y luego pasadas a vinilo) en digitales, de algún modo se estaba traicionando al artista, a la canción y a todos los que trabajaron en ella, pues fue ideada y materializada de aquel modo; al convertir lo analógico en digital se distorsiona incluso el sonido (de hecho, oídos expertos distinguen perfectamente un tipo de grabación de otra), que se vuelve más frío, más distante, más artificial. Bien podría decirse que escuchar una de T. Rex o Ramones en un Ipod es algo que está totalmente fuera de contexto.

Tenían sus inconvenientes (imposibles para el coche, eran extremadamente delicados, con cada escucha se deterioraban...), pero los discos de vinilo poseían un encanto inexistente en los soportes digitales (ni siquiera en el CD), una gracia especial, pues perfectamente pueden ser considerados auténticos testimonios de su época, testigos de gustos y costumbres más allá de la música.

Y por último, quien haya sido fiel al soporte analógico a 33 ó 45 revoluciones por minuto, hoy tendrá una estupenda, vistosa y valiosa colección. Quien se conforme con la música del Ipod, mp3, pen drive, ordenador, móvil..., podrá escuchar las canciones, pero nada más, de modo que irá consumiendo música del mismo modo que pan o pañuelos de papel.
     
CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 6 de junio de 2012

FEMINISMO LINGÜÍSTICO: UNA CARRERA HACIA EL ABSURDO La moda de feminizar palabras demuestra el escaso contenido del discurso de muchos, hombres y mujeres, que se creen con derecho a cambiar el lenguaje a conveniencia. En el culmen del absurdo la cosa ha llegado a los animales (y “anamalas” claro)


La Real Academia Española, fundada a principios del siglo XVIII,
 es muy permisiva con el uso del lenguaje

Desde que lo políticamente correcto se ha convertido en recurso para quedar bien, el tema del feminismo a ultranza es muy socorrido. Y por eso se llega a situaciones ridículas y al uso de una terminología hecha a la medida en el momento. Por otro lado, esta táctica, la de inventarse palabras o darles el sentido que uno quiere, es muy utilizada para calificar hechos o personas y atribuirles un contenido, una intención, un delito, un vicio que no tienen.

La cuestión arranca cuando muchos en puestos públicos quieren cambiar de un día para otro una tendencia de milenios y piensan que lo importante es modificar totalmente el vocabulario, saltarse cualquier regla gramatical y, “porque tengo la razón y la verdad absoluta”, inventar una terminología adecuada. El mejor ejemplo es eso de la ‘discriminación positiva’, culmen del desatino y la injusticia, pues al discriminar a alguien se beneficia a uno y se perjudica a otro, con lo que será positiva para el primero y negativa para el segundo, y por tanto se cae en la injusticia y la discriminación en función del sexo.

El uso perverso del lenguaje es un arma muy utilizada cuando se trata de manipular, y así lo entendieron los jerifaltes nazis, que se afanaron en modificar el sentido de las palabras a su conveniencia. Sin embargo también hay quien da a la palabra el significado que quiere o directamente lo modifica sin otro motivo que la falta de formación, que la pura ignorancia. Y aquí encajan mejor los que se atreven a pronunciar, sin sonrojarse, “miembra” y “médica” o “elefanta” y “rinoceronta”.

El macho de hiena seria hieno, el de foca
 sería foco y el de rata sería rato
Hay veces que uno llega al enfado cuando escucha cómo se maltrata la lengua de este modo. Ya no es que se quiera dar más personalidad a la mujer que ejerce la medicina o a la integrante de un colectivo simplemente cambiando de modo mostrenco la última letra, sino que la mamarrachada se lleva incluso al reino animal y se retuerce el idioma hasta encontrar lo que se desea. Si la hembra de elefante es “elefanta” como la del rinoceronte es “rinoceronta”, la del macaco es “macaca” y la del búfalo es “búfala” (hasta ahí se llega en muchos documentales de naturaleza), entonces el macho de hiena sería “hieno”, el de foca sería “foco”, el de fossa (carnívoro de Madagascar) sería un “foso”, el de llama un “llamo”, el de raya un “rayo”, el de rata un “rato”, el de orca un “orco”, el de alce un “alza”... ¿Alguien diría que el “hieno” atacó al “foco” que se había salvado del “orco”, o que el “llamo” huyó del “pumo”, o que el “foso” se comió un “rato”? ¿Y cómo sería el femenino de ñu, de ñandú, de calamar, de cudú, de órix? El camino hacia el absurdo está atiborrado de mamarrachadas, sinsentidos y barbaridades lingüísticas.  
  
Pero lo verdaderamente grave es que el Diccionario de la Real Academia acepta tonta y sumisamente muchos de estos ‘palabros’ (tampoco hay que pensar que lo que dice la RAE es dogma de fe, pues no hay que olvidar que la integran personas sujetas a errores, malas intenciones, partidismos..., se podría pero no es el momento de dar nombres), aceptando barbarismos, incorporando sentidos bastardos y permitiendo que lo  políticamente correcto se imponga al sentido común y pase por encima de las reglas “porque sí”. Un ejemplo clarificador es que si ha aceptado “elefanta” como hembra de elefante y “médica” como mujer que ejerce la Medicina, por la misma regla, debería aceptar “periodisto” como hombre que ejerce el Periodismo.  

Cualquier día la RAE dará carta de naturaleza a la expresión 

“Jo macha”.

CARLOS DEL RIEGO

MEDIOS DE TRANSPORTE: ¿EL MÁS SEGURO, CÓMODO Y PRÁCTICO? Dicen que es el avión, pero cada accidente conlleva la muerte de todos, por no hablar de las odiosas esperas en aeropuertos y otras incomodidades



En cuatro accidentes de avión puede haber mil muertos
Es otro tópico al que generalmente se da toda la credibilidad: el avión es el medio de transporte más seguro. A tal conclusión llegan quienes tienen intereses en el asunto, claro, que suelen encargar los estudios a empresas que (lógicamente) le dicen al cliente lo que éste quiere escuchar (un poco como los adivinos y las echadoras de cartas), pero la cosa se puede analizar un poco más en profundidad y los resultados no son tan concluyentes ni idílicos. El asunto viene a cuento por el accidente producido en Nigeria (junio 2012) en el que la cifra de fallecidos es... todos lo que iban en ese avión.

El problema para afirmar concluyentemente cuál es el medio de transporte más seguro es que no es posible averiguar, con exactitud matemática, la relación entre número exacto de pasajeros/año y número de muertos en accidente. Pero además habría que saber la relación entre accidente y muerte, es decir, en automóvil la relación es baja, pues la mayoría de accidentes sólo producen daños en el coche, mientras que la relación accidente-muertos en avión es lo contrario, muy alta, pues cada accidente arroja muertos; en definitiva, en coche hay muchísimos más accidentes que muertes, mientras que en avión es al revés, se producen muchas más muertes que accidentes. Así, es posible que en mil siniestros de tráfico se produzcan cuatro muertos, y que cuatro accidentes de avión causen mil muertos.   

Cientos y cientos de millones son las personas que viajan en avión todos los días, y casi nunca hay accidentes reseñables, sin embargo, accidente de aviación es sinónimo de ‘todos muertos’. Por otro lado, en tren viajan muchos más que en avión (piénsese en los trenes en la India o en Japón), pero el accidente de tren se suele saldar con una caminata, muy pocas veces con algún muerto, en rarísimas ocasiones con decenas y casi nunca con cientos de muertos. El automóvil produce muchos muertos porque cada uno conduce su propio vehículo, o sea, hay muchísimos más conductores de coches en las carreteras que pilotos en el aire, más que capitanes de barco en el agua, más que conductores de tren sobre las vías y, en fin, más que chóferes de autobús; de este modo, estadísticamente, es mucho más probable el accidente cuando hay más conductores, no cuando hay más pasajeros. En España hay permanentemente en las carreteras varios millones de turismos, cada uno con su conductor, mientras que aviones habrá unos cientos (o decenas), otros tantos trenes y muchos menos barcos de pasajeros; así, también se puede obtener la relación entre número de conductores, número de accidentes y número de muertos, con lo que a lo peor, la relación entre el número de muertos por conductor de coche y el número de muertos por piloto de avión saldrá extraordinariamente negativa para éste. Como puede verse, pocas cosas hay tan manipulables como las estadísticas, puesto que a diferencia de las matemáticas, la estadística se basa en la estimación, en la proyección a la totalidad de un resultado obtenido de unos pocos, con lo que cualquiera puede confeccionarse unas estadísticas a medida. Y de aquí nace el topicazo de la seguridad en los aviones.

Pero también hay que tener en cuenta otros factores. Por ejemplo, en las últimas décadas el avión es el objetivo preferido de los terroristas internacionales (no hay que poner ejemplos), lo cual conlleva infinitas incomodidades en los aeropuertos, así como denigrantes humillaciones a los viajeros, que en aras de la seguridad pueden ser tratados como delincuentes, avergonzados en público, desnudados ante los agentes, retenidos durante horas... Otra molestia a veces insoportable es la espera en los aeropuertos antes de embarcar, que por una u otra razón se puede alargar hasta el absurdo (más tiempo de espera que de vuelo); y no hay que olvidar las habituales pérdidas de equipaje o las no pocas tasas y complementos que hay que ir pagando sobre la marcha.

En mil accidentes de tráfico puede haber cuatro muertos
En realidad, todos los medios de transporte tienen sus ventajas e inconvenientes, sin embargo, el avión presenta algún que otro importante inconveniente que no tienen los otros, y es el trato de gran parte de los pilotos y no digamos los controladores para con los usuarios, pues aquellos tienen asumido que éstos son mercancía, moneda de cambio que se puede utilizar para conseguir objetivos. Y el viajero les debe agradecimiento porque, en realidad, los controladores y pilotos le están haciendo un gran favor, y por eso, tiene que tragarse todas sus iniciativas sin rechistar por mucho trastorno que le causen. En ese sentido, cuando sale en los medios de comunicación un representante de tan privilegiados colectivos a dar explicaciones por sus posturas de fuerza, jamás realiza una exposición clara y sencilla de las razones que les llevan a tomar esas posturas, nunca explican los porqués para que se les entienda, sino que se pierden en retórica demagógica y absolutamente vacía. Es la típica postura del privilegiado, del niño mimado que quiere más cuanto más le dan.

El tren, sin embargo, exige pocas incomodidades y esperas, tiene pocos accidentes y rara vez son mortales, es confortable y permite muchas actividades, llevas el equipaje contigo y, en fin, nadie te trata con conmiseración ni te mira por encima del hombro; ah!, y cuando hay movilización, los ferroviarios explican con claridad meridiana las causas de su posición y sus peticiones. Más que el más seguro, el tren es el mejor medio de transporte.

Pero los tópicos son difíciles de desenmascarar.
 
CARLOS DEL RIEGO

lunes, 4 de junio de 2012

‘LOS EXTREMEÑOS SE TOCAN’, O CÓMO LOS PRESUNTOS IZQUIERDISTAS COINCIDEN MÁS DE LO QUE CREEN CON LOS CATÓLICOS


Izquierdas y catolicismo conciden en su aversión
 hacia los ricos y la codicia

Al titular su obra ‘Los extremeños se tocan’, una de las más célebres del gran autor dramático español Pedro Muñoz Seca (fusilado en Paracuellos en 1936), el genial y divertido escritor estaba parodiando el dicho ‘los extremos se tocan’. Curiosamente esto es así en el pensamiento de los que se dicen de izquierdas y algunas de las ordenanzas de la Iglesia Católica, o dicho de otro modo, aquellos se creen en las antípodas de ésta, 


sin embargo, aquellos reclaman desde hace dos siglos lo mismo que ésta reclama desde hace veinte.
  
De este modo, algunas de las bienaventuranzas coinciden exactamente con los principios de las izquierdas teóricas y ateas. Por ejemplo, ‘bienaventurados los pobres...’, dice la Iglesia, mientras que los que se dicen de izquierdas elogian la pobreza, se fían más (teóricamente) de un pobre que de un rico y prefieren su compañía a la del poderoso (la práctica dirá lo contrario); incluso poetas de izquierdas elogian las virtudes de la pobreza. Otra dice ‘bienaventurados los mansos...’, que coincide con tópicos seudosocialistas del tipo de ‘prefiero que me maten a matar, ser agredido a agredir, ser víctima antes que agresor’, pensamiento que no pasa del plano teórico. La que habla de ‘hambre y sed de justicia’ la han tomado los presuntos izquierdistas para hacer espectáculo de la recuperación de los cadáveres enterrados en las cunetas, que deben ser recogidos y enterrados dignamente, pero todos, no sólo los de un lado, y en ningún caso hacer de ello un show o, en el peor de los casos, un arma arrojadiza. Y también hay relación entre la de ‘los perseguidos por causa de la justicia’ y el pensamiento políticamente correcto de los falsos rojos, pues éstos casi siempre están a favor del ladrón, del asesino, del terrorista..., tratando de que sus penas sean lo más livianas posibles y que no les falte de nada, que sean tratados con excelencia, pues estar en la cárcel es lo peor..., aunque rara vez tienen una palabra para la víctima (siempre que no sean ellos o sus allegados y correligionarios).       
           
Unos y otros reclaman comprensión y
perdón para los delincuentes-pecadores
Al final del enunciado de los Diez Mandamientos se suele decir que estos diez se resumen en dos: ‘amarás a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo’. Por su parte, los socialistas y comunistas de boquilla simplemente cambian Dios por Marx, Lenin, Stalin, Mao, Castro o González (por cierto, ¿a éste no le llamaban Dios?); y en cuanto a lo del prójimo, también coinciden en lo de echar una mano y respetar, es más, quienes portan carnet del partido defienden aquello de los hippies de ‘paz y amor hermano’, que a su vez puede superponerse a lo del prójimo.  

Pero es que además, en la vida real de hoy, las oenegés (que contradiciéndose a sí mismas dependen de los gobiernos) van a realizar su loable labor de voluntariado a los países donde la norma es la pobreza, cosa que llevan haciendo las organizaciones religiosas desde que se ‘inventaron’, o sea, aquellas imitan a éstas. Sin embargo, donde no coinciden es en la ayuda desinteresada aquí, no en países lejanos y menesterosos sino en la calle de al lado; es decir, en los comedores sociales y en los albergues de aquí, en los hospitales y lugares donde se socorre a los necesitados aquí. Y por cierto, no se sabe de presuntos comunistas en los hospitales de sidosos y enfermos pobres de todo tipo de países del Tercer Mundo, donde sí están monjas y religiosos a tiempo completo. Sea como sea, unos y otros defienden la misma teoría, aunque unos le llaman solidaridad y otros caridad.

Asimismo, los mandamientos de las izquierdas también concuerdan con la Iglesia en muchas otras cosas, por ejemplo en el recelo ante la riqueza y ante los ricos, en culpar a la codicia y los codiciosos de los males, injusticias y desigualdades, en exigir a los que más tienen que repartan con los que no tienen nada, en repudiar la guerra y buscar la paz a toda costa como único camino, en proteger a los más débiles (salvo los que no han nacido, indignos de vivir para quienes se creen de izquierdas), en socorrer, comprender y perdonar (hasta 70 veces 7) a quienes unos llaman delincuentes y otros pecadores..., y así se podrían seguir enumerando puntos en común de dos modos de pensamiento que, a priori, parece contrapuestos, extremos. Y eso sin contar las ganas de imitación que se demuestran cuando se celebran ‘misas o comuniones laicas’ o se construyen ‘capillas y santuarios laicos’.

¡Qué gran comedia hubiera escrito don Pedro con estos extremeños!

CARLOS DEL RIEGO

domingo, 3 de junio de 2012

DICHOS, TÓPICOS, FRASES ESTÚPIDAS Equivalen a modernos refranes, pero a diferencia de éstos, no contienen enseñanza ni muestran gracejo o sabiduría popular


En el bar es donde más estupideces se dicen,
 como en el de Moe

¿Cuántas veces se escucha en televisión o radio, en el bar o en el trabajo, algo como “Pepe es muy amigo de sus amigos”? La intención es decir que se porta bien con sus amigos, pero observando la frase en profundidad se llega a la conclusión de que es toda una estupidez, redundante y sin auténtico sentido. Es sólo uno de los infinitos dichos que, nadie sabe por qué, se ponen de moda, corren de boca en boca e incluso se dicen ampliando la caja de resonancia y tratando de demostrar que se está a la última. En un spot publicitario, en un diálogo de una serie, en una película, en un programa de debate, pero siempre en los medios (principalmente audiovisuales), se escucha una frase que, porque suena bien, tiene éxito y la gente comienza a utilizarla a pesar de que en el fondo es una tontería que demuestra lo fácilmente que se nos puede manipular.

En realidad, decir que uno es amigo de sus amigos es como decir que es hermano de sus hermanos o propietario de sus propiedades, o sea, es decir nada. Si uno es amigo, es amigo y, por tanto, es correspondido, y además, nadie diría que otro es amigo de sus enemigos o enemigo de sus amigos. Si eres amigo harás lo posible por él por esa razón, porque eres amigo, y si no es así es que no eres amigo, con lo que la frase se vuelve ociosa, innecesaria, estúpida. Se seguirá usando porque el tópico no exige esforzarse demasiado y suele entrar muy bien, pero realmente es una tontería que no dice nada.

Otro dicho convertido en lugar común es aquello de “el cliente siempre tiene razón”, puesto que el día a día demuestra todo lo contrario, que muchas veces el cliente no tiene razón. Sí tiene razón cuando señala que esto o aquello le gusta o no, que puede o no puede comprar lo de más allá, pero no la tiene cuando protesta a sabiendas de que el producto o el vendedor no tienen culpa de su insatisfacción. Si el cliente siempre tuviera razón sería él quien fijara los precios y señalaría que esto cuesta lo que le conviene. El cliente, en fin, se equivoca tanto como todos, porque todos somos clientes.

En el mismo sentido está aquella de “el pueblo es soberano”, que quiere subrayar que es el pueblo quien decide y hay que hacer caso a sus decisiones. El problema es cuando lo que ha decidido es negativo, contraproducente o, directamente, inmoral. Por ejemplo, si en la Sudáfrica racista del siglo pasado se hubiera hecho un referéndum para decidir si acabar con la segregación o continuar con ella y sólo se permitiera votar a los blancos, el resultado hubiera alargado tan odiosa situación; los gobernantes hubieran hecho caso al pueblo soberano y la discriminación racial hubiera continuado. El pueblo habría ejercido su soberanía, pero con resultados indeseables, por lo que perdería autoridad.

La tele es el mayor proveedor de frases tópicas

También por ahí va lo de “todas las ideas, todas las opiniones son respetables”. Falso, hay muchas ideas que no son respetables; por ejemplo la idea de la superioridad de la raza aria, que no es nada respetable; y del mismo modo las opiniones, pues gente habrá que sostenga que la tierra es plana o que los astronautas de la Nasa no llegaron a la luna, opiniones absolutamente irrelevantes y, por tanto, prescindibles. Quienes sí son respetables son todas las personas, pero no todas sus ideas u opiniones.

Otra muy curiosa dice que “es preferible dejar libres a cien culpables que encarcelar a un inocente”. Esto tiene dos visiones. Desde el punto de vista de los culpables y del inocente la cosa tiene sentido, pero se puede ir un poco más allá. Por ejemplo, si por no encarcelar a un inocente quedan en libertar cien culpables, pronto habrá cien víctimas, y desde el punto de vista de estas tal vez no fue tan deseable la idea liberar a esos culpables.
¿Y aquella de “las faltas que más disculpo son las que tienen que ver con las relaciones amorosas”? O sea, es menos grave traicionar a quien está más cerca, a quien más confía en nosotros, que una deslealtad semejante ejercida contra un compañero, contra el jefe o contra el vecino.

Las expresiones tópicas y falsas, las frases sentenciosas carentes de sentido como las mencionadas son muy abundantes y su uso es de lo más habitual, lo cual denota un innegable seguidismo de modas, usos y manías del momento, es decir, cierta propensión a dejarse manipular, cierto temor a salirse del rebaño o parecer diferente, pues es en la muchedumbre donde se encuentra seguridad y aceptación.
                
CARLOS DEL RIEGO
 

sábado, 2 de junio de 2012

ÚNICO, INCONFUNDIBLE, IRREPETIBLE, MÁGICO: CREEDENCE CLEARWATER REVIVAL, A finales de 1972 la Creedence anunció oficialmente su separación, pero sus canciones siguen sonando asombrosamente convincentes, hechizantes, pletóricas

Cuatro décadas después sus canciones
siguen resultando milagrosas
Fueron los Creedence algo especial en la historia del rock & roll, diferente a todo lo anterior y posterior, de hecho, nadie se ha atrevido nunca a imitarlos, sí ha habido muchos que han versioneado sus canciones, pero jamás ningún grupo ha intentado siquiera tomar alguno de sus elementos (¿quién se parece a los Creedence?). Sin embargo, son cientos las bandas del mundo que buscan algo tan directo, sencillo y de asimilación tan rápida y eficaz como son las canciones del sensacional cuarteto estadounidense. Hace cuatro décadas, Creedence anunció su separación definitiva, dejando un hueco jamás llenado desde entonces y, sobre todo, una prodigiosa colección de canciones emblemáticas, de esas que nadie puede resistirse a tararear, de las que identifican a un grupo, canciones, en fin, que uno agradece siempre. Y eso que se mantuvieron en activo apenas cinco años en los que publicaron media docena de discos antológicos de los que salen fácilmente dos docenas y media de títulos mágicos.

Idolatrado en todo el mundo, las canciones de los Creedence han salido en cientos (sí, cientos) de películas, series de televisión, spots publicitarios, obras literarias, videojuegos, en los discos e incluso en las letras de las canciones de otros artistas a lo largo del planeta; y es que sus canciones funcionan en cualquier momento, en cualquier parte, en cualquier cultura.

 ¿El secreto?, el poderoso e inagotable talento de uno de los mejores compositores de canciones que dio el siglo XX, John Cameron Fogerty, autor de todos los grandes temas y para muchos a la altura de Bob Dylan o Neil Young. Pero además, las deliciosas melodías escritas por éste eran luego arregladas por él mismo de modo original pero con elementos reconocibles, cien por cien americanos y de procedencia principalmente sudista. Así, básicamente los Creedence eran rock & roll, pero en sus arreglos aparecen muy diversos matices e instrumentos de todo tipo, de modo que las inspiradísimas melodías de John pueden sorprender con barnices de rock pantanoso, con delicias country más o menos montañés, con toques de pop de una elegancia sencilla y sin impostura, con detalles más psicodélicos y, cómo no, con momentos especiales reservados para el blues más pasional. La cosa se construye con una batería siempre viva, generalmente a buen ritmo y copiosa en cambios, redobles, cortes y demás; el bajo dibuja sin parar, asomándose de vez en cuando al primer plano, pero casi siempre quedándose en un imprescindible pilar, poco visto, pero fundamental; luego una deliciosa y casi omnipresente guitarra rítmica muchas veces acústica que proporciona un dinamismo sorprendente; luego la eléctrica, el saxo, el violín, la armónica, el dobro...; y finalmente esa voz característica, inconfundible, a veces chillona, a veces más sugerente y profunda, pero siempre eficaz y fabricada a medida del sonido del grupo (o es al revés). Y todo ello registrado sin trucos de estudio, sin grandes pompas, de modo natural, lógico.

¡Y prácticamente todo lo pensaba John Fogerty!, hasta el punto de que a mediados de los setenta circulaba por ahí la especie de que una vez terminada la grabación, el cantante, compositor y guitarrista americano cogía el reproductor más sencillo que hubiera en el estudio con la cinta de la canción y se bajaba al coche para escucharla como la escucharían los jóvenes en las radios de sus autos; y si con esta audición no quedaba convencido volvía para retocarla... Tal vez sea solo leyenda, pero encajaría.
John es un compositor dotadísimo para construir canciones, pues sabe cómo tocar la fibra sensible con una melodía y, a la vez, escribe con intención y sobre temas de actualidad, sobre experiencias, sobre momentos para el recuerdo..., y también de chicas, pero en tonos mucho menos almibarados que la mayoría.

La lista de sus éxitos y grandes canciones es interminable. De apariencia y asimilación sencilla y directa, curiosamente el concepto, desarrollo y ejecución del tema es mucho más complicado de lo que luego resulta, es decir, suena sencillo pero es difícil de hacer. Todo ello lo demuestran títulos tan universales como ‘Have you ever seen the rain, ‘Looking´ out back my door’, ‘Bad moon rising’, ‘Proud Mary’, ‘Green river’, ‘Lodi’, Fortunate son’, Travelin band’, ‘The midnight special’ (sobre canción tradicional), ‘Who´ll stop the rain’, ‘Molina’, Hey tonight’, ‘Effigy’, Fortunate son’ ‘Up around the bend’, ‘Born on the bayou’, ‘Conmmotion’, ‘Down on the corner’, ‘Tun throug the jungle’, ‘Whis i could hideway’, ‘Long as can see the light’, ‘Sweet hicker’, ‘Pagan baby’, ‘Sailor´ lament’..., ¡si es que las que no se mencionan son tan buenas!, sin olvidar sus escogidísimas, acertadísimas y personalísimas adaptaciones de títulos ajenos que demuestran una vez más el buen gusto de John Fogerty y sus Creedence (su hermano Tom, Stu Cook y Doug Clifford). Es difícil mencionar otro grupo con tantos títulos para el recuerdo.

Hace más de 40 años que se escribieron y grabaron esas canciones, la gran mayoría de las cuales tuvieron éxito inmediato en todo el mundo (aquí, en España, había festivales en los colegios en los que los chavales salían haciendo play back con sus temas), y hoy día siguen sonando igual que entonces, cientos de veces cada día en cualquier lugar del mundo, con el mismo magnetismo, la misma gracia, el mismo encanto que entonces. Esto es magia.
                

CARLOS DEL RIEGO


viernes, 1 de junio de 2012

ENERGÍA, ETERNO PROBLEMA Tarde o temprano los combustibles fósiles se agotarán, por lo que ya no es cosa de tontos idealistas empezar a buscar alternativas factibles y eficaces


Los coches eléctricos, hoy, son caros y poco eficaces

Desde el comienzo de la Revolución Industrial la búsqueda de la energía más barata y eficaz ha sido una constante, aunque llegado el petróleo y el gas (los combustibles fósiles en realidad), las máquinas han funcionado exclusivamente con ellos. Pero los combustibles fósiles se agotarán pues tardan millones de años en formarse y muy pocos en consumirse.

Por eso, prácticamente todas las grandes marcas de automóviles tienen ya en el mercado al menos un modelo con motor eléctrico o con propulsión híbrida. El por qué todos los fabricantes se han puesto manos a la obra en terreno tan poco explorado hay que buscarlo en un hecho que vienen diciendo los expertos desde varios años: “más vale que nos olvidemos para siempre de la gasolina a precio razonable”, lo que quiere decir que los que conocen el asunto por dentro saben que la situación actual tiene los días contados.

El del carburante que mueve los automóviles es la parte más visible del problema, y viene a ser muy representativa del mismo y un buen comienzo a la hora de buscar soluciones. Se han probado diversos combustibles, pero lo cierto es que sólo se han comercializado vehículos eléctricos. Estos presentan no pocos problemas; por un lado son muy caros, doblando o triplicando a coches de su segmento movidos por gasoil o gasolina; por otro, tienen poca autonomía, y cuando se agota la batería hay que tenerla cargando durante horas y horas; además, la batería se entrega en alquiler, de modo que el cliente ha de pagar una cantidad todos los meses; y por si fuera poco, la energía eléctrica que se toma del enchufe ha sido producida por una central térmica que quema combustible fósil, o sea, produce contaminantes, con lo que lo que se gana por un lado se pierde por otro. Puede parecer que los inconvenientes son insolubles, pero si las fábricas se ponen a investigar utilizando todos los medios a su alcance, seguro que en unos pocos años estarían resueltos (o mitigados) la mayoría de los problemas. Sólo hay que comprobar cómo han mejorado los coches en la última década: son muchísimo más seguros y cómodos, consumen mucho menos y son más funcionales, cuentan con todo tipo de ayudas electrónicas y, en fin, facilitan muchísimo la conducción y las maniobras. Por eso cabe pensar que, si los diseñadores e ingenieros de las fábricas se toman el coche eléctrico (u otra alternativa mejor que aun esté por descubrir) con seriedad y empeño, pronto habría automóviles con motor eléctrico con coste, autonomía y tiempo de recarga similares a los de motor de explosión. Bueno es recordar aquí que el primer coche eléctrico rodó hace casi dos siglos, de modo que si se hubiera seguido por ese camino seguro que hoy existiría un problema menos en el mundo.

La acumulación de basura nuclear
es el verdadero problema de esta energía
Pero el de los automóviles es sólo una cara del asunto. Las fuentes de energía, como está demostrado, son muchísimas, y gran parte de ellas son inagotables y fáciles de obtener, a diferencia de la que proporcionan los fósiles. A falta de que la energía solar y la eólica (además de la que producen las olas del mar, la geotérmica o las pilas de hidrógeno) puedan utilizarse en cantidad significativa, con coste y eficacias razonables, lo único que queda es la energía nuclear.

El propio nombre ya tiene connotaciones negativas y presenta sus inconvenientes. Los accidentes nucleares producen lógica gran alarma en todo el planeta, pero aunque la liberación de contaminantes nucleares por causas de origen natural o humano originen grandes desastres en todos los terrenos, ciertamente cada día las centrales son más seguras; y en todo caso, el asunto de la seguridad (incluyendo vigilancia, mantenimiento e inversión continuas y exhaustivas) es algo que se puede mejorar hasta acercarse bastante a la tranquilidad total; los accidentes de Chernóbil o Three Mile Island parecen lejanos, y el reciente de Fukushima ha sido provocado por un desastre natural. De este modo sólo habría que resolver el gran problema: qué hacer con los tan contaminantes residuos nucleares. Podría llegar un momento en que los gobiernos optaran mayoritariamente por la energía nuclear, cosa que ya habrían hecho de no ser por la lógica disidencia de los ecologistas y el miedo de las poblaciones (que siguen viendo eso de lo nuclear como un peligro), con lo que nos encontraríamos con una enorme acumulación de residuos altamente contaminantes distribuidos por todo el mundo; si actualmente hay en el planeta alrededor de 500 centrales nucleares con reactor de fisión (seguro que hay más) que producen  cerca de 11.000 toneladas de residuos cada año, ¿cuántos se producirían si se impone la energía nuclear y se triplica o quintuplica el número de plantas en todo el planeta?. El problema sería tremendo, pues esa basura nuclear permanece activa y es contaminante durante muchos miles de años. Si se entierra, aunque sea a medio kilómetro de profundidad, un terremoto puede volver a sacarla a la superficie, produciendo gran catástrofe, y siempre se puede romper o resquebrajar el almacén y empezar a contaminar; no se puede arrojar al mar o dejarla en cualquier sitio, sino que hay que construir gigantescos sarcófagos de hormigón que estarán en algún lugar, con el correspondiente peligro. Podría lanzarse al espacio profundo en un cohete, aunque seguro que hay docenas de inconvenientes. Por eso, lo mejor es volver a la solución antes mencionada: aumentar la inversión en investigación, dedicar todos los recursos para conseguir, por ejemplo, que los residuos sean aprovechables hasta que se conviertan en inocuos o resulte fácil su eliminación, en fin, buscar el modo de que el residuo sea muy escaso y poco peligroso. Sólo hay que ponerse a ello de verdad. Y mejor cuanto antes.       

CARLOS DEL RIEGO