La casa del anticapitalisa Roger Waters, en Long Island, el sitio más caro de Usa, con vecinos como Spielberg o Ralph Lauren. |
Es muy habitual que quienes escriben rock & roll lo hagan reivindicando derechos de los desfavorecidos, denunciando injusticias o posicionándose ideológicamente. Todo es perfectamente legítimo e incluso loable si se hace desde la coherencia, pero resulta hipócrita e innoble cuando lo que se dice choca contra lo que se hace, es decir, cuando se canta a una ideología de modo agresivo e insultante mientras en la vida real se reproducen esos mismos comportamientos, esas maneras que se afean a los demás. Quien más ha repetido esa contradicción es Roger Waters, el ex integrante de Pink Floyd, que siempre que tiene un micrófono a mano echa sapos y culebras contra todo bicho viviente a la vez que su estilo de vida y su pensamiento apenas se diferencian de aquello que acusa.
Lo de arremeter contra Trump a diario,
ante la prensa o en el escenario, con canciones o insultos, es algo ya muy
manido, muy facilón, muy cansino…, sin que nadie ponga en duda que Trump es un
zoquete escaso de entendederas. Lo que sorprende es que abronque al presidente por
las declaraciones que hace, por sus ideas y posiciones (hay que insistir:
disparatadas), cuando él hace, dice y se comporta de modo casi idéntico. Por
ejemplo, cómo trató a sus ex compañeros ‘pinkfloydianos’, manipulándolos y
arrogándose la propiedad del grupo del mismo modo que un dictador se hace con el
poder total en su país. Cuentan que durante la grabación de ‘El Muro’ voceaba a
todo el mundo, iracundo y despectivo; increpaba al batería Nick Mason cuando no
hacía exactamente lo que él exigía e incluso llegó a sustituirlo en plena
grabación; y se ensañaba con Rick Wright aprovechándose de que éste era un tipo
de maneras refinadas, con un carácter más bien silencioso, tímido,
imposibilitado para la bronca, los malos modos y la ordinariez de Waters; éste le
gritaba e insultaba delante de todo el mundo, hasta que acabó echándolo del
grupo y contratándolo como un músico de acompañamiento más… Son las maneras
típicas del soberbio colérico que se siente superior. Eso sí, procuraba
llevarse bien con David Gilmour porque le interesaba, ya que retocaba muy bien
sus composiciones, a pesar de lo cual, el guitarrista declaró que, en los
últimos años de vida del cuarteto, él trataba de ir al estudio sólo cuando
Waters no estaba. Se había convertido no en el líder de la banda, sino en el
dictador que manda y ordena. Mezquino y rencoroso, cuando cayó el Muro de
Berlín y se organizó allí un fastuoso concierto basado en el recordado ‘The
Wall’, Roger invitó a dos docenas de artistas…, pero a ninguno de sus tres ex
colegas de Pink Floyd. También es sabido que el ‘comunista’ Roger Waters
siempre intentaba (a veces con éxito) que sus compañeros no aparecieran en los
créditos como autores y productores para así quedarse él con la tajada
correspondiente. Una más: para la portada del disco ‘The final cut’ impuso a la
discográfica la contratación de un familiar. Y otra: En casi todos sus directos
en solitario (normalmente exitosos) arenga al púbico gritando las
reivindicaciones del lugar y el momento, en un ejercicio de demagogia y
populismo. Así las cosas, ¿hay mucha diferencia entre el proceder de Waters y
el de Trump?
Otra característica del músico
británico, que acaba de publicar nuevo disco en solitario, es su activismo
anticapitalista. En no pocas letras de sus canciones carga de modo explícito
contra el capitalismo y contra los ricos, a pesar de lo cual él calca todos los
símbolos propios de uno y otros. Por ejemplo, quien ideó la gran mayoría de las
piezas maestras ‘The dark side of the Moon’, ‘Wish you where here’ o ‘The Wall’,
al igual que los grandes magnates, guarda a buen recaudo en paraísos fiscales sus
gruesas cuentas corrientes; curiosamente no soporta que se lo recuerden, como
si se negara a aceptar lo imposible, lo absurdo e irreal de su postura, pues ser
comunista y millonario es tan irrealizable como un círculo cuadrado. Tiene
mansiones en los lugares más caros del mundo, incluyendo una enorme y
lujosísima en Long Island, Nueva York, probablemente el suelo más caro de todo
Estados Unidos, con vecinos como John McEnroe, Richard Gere, Jennifer López, Raplh
Lauren, Brian de Palma, Steven Spielberg… Luce los bienes de consumo más caros
y ostentosos (tuvo una disputa con su ex durante su último divorcio por un
carísimo Rolex), disfruta de todos los lujos que el dinero proporciona, es un
apasionado del golf y juega en los clubes más exclusivos y elitistas del
planeta… En fin, que desprecia el capitalismo pero lo vive intensamente, y
elogia el comunismo pero jamás en su vida ha renunciado a ninguna de sus
(múltiples) propiedades, se cree comunista pero jamás lo ha practicado. Ha
escrito mucho contra el dinero (como la fabulosa ‘Money’), pero él lo ha
perseguido con verdadera usura y ha urdido mil estratagemas para acumular
cuanto más mejor.
Roger Waters fue el genio creador (con
sus compañeros, pues en solitario…) de algunos de los mejores discos de rock de
la historia, pero el talento no siempre se acompaña de calidad humana, como se
ha demostrado con otros artistas geniales, como Picasso, un gran machista, mezquino
con las mujeres y comunista millonario. Nadie está libre de las muchas y
variopintas debilidades que caracterizan a la persona, pero lo que sí que
chirría, lo que se antoja irritantemente incoherente es que alguien a quien la
vida ha sonreído reniegue del sistema que le ha permitido su desarrollo
artístico y económico hasta llegar a la cima en ambos casos.
Nadie se atrevería a poner en duda los
logros artísticos de este gran compositor, productor, guitarrista, bajista,
cantante…, pero también es evidente que cae continuamente en aquello que más
odia y se comporta como aquellos a quienes más odia.
CARLOS DEL RIEGO
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