miércoles, 10 de mayo de 2017

‘EL PRINCIPITO’ EN ANDALUZ, LA IGNORANCIA AL PODER. Se sabe que alguien es ignorante no cuando queda claro que tiene poco conocimiento y menos sensatez, sino cuando hace alarde de sus carencias. La cosa viene a cuento de la ‘traducción’ al andaluz que gentes ignaras han hecho de ‘El Principito’.

Asombra que haya personas que no se avergüencen de perpetrar
 cosas como esta.

Unos ‘cráneos privilegiados’ han tenido la infeliz ocurrencia de convertir una obra ligera y cargada de gracia como ‘El Principito’ en un texto burdo y zafio, se han atrevido a sustituir un brillante ejercicio de lenguaje por un escrito en el habla… vulgar. Y es que, para empezar, ‘el andaluz’ no existe como idioma (están más cerca del concepto de idioma el leonés o el asturiano), sino que es un dialecto, una variación lingüística del español que en ningún caso alcanza la categoría de idioma. Por otro lado, es un habla muy apta para expresar guasa y gracejo, sin embargo, su sonsonete e inflexión vocal demuestra poco esfuerzo por ser correcto en la pronunciación; así, ese acento puede resultar difícil de entender para no pocos hispanohablantes, y eso a pesar de que sólo difiere de otros en la dicción. En definitiva, el andaluz es un dialecto, y como tal, escrito es como una tanda de ganchos, directos’ y ‘uppercuts’ en ojos, nariz y mentón…, salvo que se haga con intención jocosa, como hacían algunos dibujantes de la extinta revista satírica y neurasténica ‘El Papus’.

Esta ‘iniciativa’ (ocurrencia, dislate, grosería) es la exaltación del cateto, el orgullo del palurdo, puesto que se está dando estatus de idioma a lo que es castellano o español mal pronunciado y horriblemente escrito (¿por qué habrán copiado del estilo vasco la abundancia de zetas y kas?), y se hace alarde de ello como si de un gran logro se tratara. Es algo así como decir que en Uruguay se habla uruguayo, en Cuba cubano, en Australia australiano y en Brasil brasileño…, y sentirse erudito.

Este atrevimiento ignorante no surge de modo aislado. En los últimos años se ha notado en España una curiosa tendencia (seguro que en otros sitios ocurre lo mismo): la idiocia y la torpeza han perdido totalmente cualquier atisbo de rubor cuando se trata de demostrar tal condición. Las causas hay que achacárselas al hecho de que las redes sociales permiten que cualquiera con menos cerebro que un calcetín tenga el mismo altavoz y difusión que la opinión más informada y autorizada (a veces más); pero este fenómeno también tiene su raíz en aquel momento en que alcanzó el poder un individuo tan simple como José Luis Rodríguez Zapatero, el cual, no hay que olvidarlo, pensaba que la pobreza se soluciona repartiendo dinero, e incluso tuvo la ‘genial’ idea de cambiar padre y madre por progenitor A y progenitor B. Y es que los desvaríos y procesos mentales del ex presidente concuerdan a la perfección con un esperpento como ese de ‘Er Prinzipito’, perpetrado para más inri por criaturas que sueñan con algo tan delirante como la independencia de Andalucía.

Es el actual el tiempo de máxima exposición pública de la figura del tontaina (con carrera o sin), el cual ha perdido totalmente el miedo a decir y hacer las mayores majaderías sin tener en ningún momento la sensación de ridículo. En fin, ejecutar de este modo la obra de Saint-Exupéry, aunque es algo totalmente innecesario, como gracieta podría pasar, pues sería algo así como transcribir los versos de Lorca a la jerga ‘cheli’; pero si quienes han perpetrado semejante gamberrada van en serio el asunto es preocupante. Como lo sería si esta cosa hubiera contado con financiación pública.

De todos modos, seguro que hay muchísimos andaluces a los que esto no les ha parecido gracioso.


CARLOS DEL RIEGO