miércoles, 8 de marzo de 2017

PABLITO PODEMOS Y SUS EMBUSTES. Aunque haya quien lo niegue o lo justifique, la tozuda realidad señala al káiser Pablo Podemos como un trolero, un manipulador y un caradura capaz de mantener la mentira ante la demostración empírica que la desmiente.

No es necesario comentar.
Los métodos, las palabras y los actos de Pablo Podemos encajan perfectamente con el pensamiento del populista fascistoide y totalitario. La última de tal sujeto y la organización que lidera es lo del acoso a los periodistas que osan criticarlos. Hay pruebas (mensajes y llamadas siempre desde el anonimato, claro), pero él y sus adláteres lo niegan, y cuando las pruebas se impongan ya tienen preparada la respuesta, que consistirá en dar la vuelta a las cosas, de modo que explicarán que su propósito siempre ha sido denunciar el desamparo de los periodistas y su precariedad laboral; además, dada su querencia al acoso callejero (eso que llaman escrache), al boicoteo de actos de los demás y al apoyo a ‘sus’ violentos, lo del hostigamiento vía redes sociales no es más que lo mismo pero desde casa. Son tácticas de manipulación, persecución y amenaza más que conocidas y utilizadas por todos los dictadores de uno y otro signo, tácticas que ya usaba el poderoso Ministro de Propaganda nazi, Joseph Goebbels, quien era capaz de convertir una cosa en su contraria y defenderla con gran vehemencia, como si de verdad él estuviera convencido de su mentira. Tal que así se maneja Pablito, el hijo del terrorista del Frap (no extrañará su cercanía al entorno etarra).    

Otro ejemplo del sesgo de tiranuelo que exhibe sin ningún rubor el mencionado individuo es el hecho de calificar a quienes no están con él, a quienes discrepan de su opinión (incluso dentro de la estructura que preside), como ‘enemigos’; de este modo, sus ‘hitlerjugend’, sus Juventudes Hitlerianas, tiran de acoso, de desprecio, de insulto, de sentimiento de superioridad como parte del arsenal con que pretenden la aniquilación del enemigo. Este Pablo ‘Podemos’ Iglesias (su segundo apellido es Turrión, término del leonés antiguo que tiene su origen en los animales que continuamente están embistiendo a otros animales y a personas, y que significa cabezón, tozudo) es un hacha cuando se trata de humillar a sus ‘enemigos’ ideológicos pero, a la vez, se rebela cuando se le paga con la misma moneda. Idéntico al pensamiento y proceder de Trump.

Igualmente utiliza la mentira con gran naturalidad, sin descomponerse, demostrando que el suyo es un rostro de mármol; y ello es así porque se piensa agraciado con la única verdad y, por tanto, se siente legitimado para usar la trola y la engañifa con el fin de lograr sus objetivos. En general, quienes se sitúan en la izquierda más pura o en la derecha extrema están convencidos de que el fin, su fin, justifica sus medios…, privilegio que, claro, no tienen otros fines. Así, con un rostro verdaderamente pétreo, el muy turrión proclamó que uno de los suyos, apellidado Bódalo, estaba en la cárcel por ser sindicalista (si así fuera no sería el único sindicalista encerrado), cuando en realidad está condenado en firme por atizar a un concejal del Psoe y por amenazar, insultar y zarandear a una mujer embarazada que ejercía su derecho al trabajo en día de huelga (por cierto, esta mujer declaraba que jamás olvidaría la expresión de odio y de rabia de semejante estantigua). Una de dos, o Pablo sabe que está mintiendo, en cuyo caso el calificativo que se merece es obvio, o está tan fanáticamente convencido de su verdad que su nublado cerebro es capaz de arrinconar la razón e imponer como cierto lo que le conviene. Y llegado el momento, ante pruebas y testimonios concluyentes, el sectario recurrirá a lo de ‘esto es un montaje, una persecución’. Es también digno de estudio cómo él, que menosprecia a quien le parece (Iglesia, banca, empresa, ejército…), grita indignado cuando hay quien denuncia sus excesos y los de sus cofrades, sus insultos y disparates, y denuncia que existe una campaña contra ellos y que los grandes poderes no los dejan en paz…, es como el terrorista asesino que exige sus derechos cuando lo pillan con la pistola humeante ante el cadáver de su víctima. 

El embuste es, en fin, una de las principales herramientas de caudillo turrión y, por extensión, de todos los que integran su corte. Lo curioso es que la trola muchas veces desemboca en esperpento, en negación de lo evidente; por ejemplo, el tiparraco y sus acólitos son capaces de declarar, entre otros desvaríos, que el chavismo ha acabado con la pobreza en Venezuela (¿). Otra muy gorda la soltó hace unos días (III-17), cuando largó que él nunca había exigido el control del centro de espionaje (el CNI) en aquel intento de unión con el Psoe de Sánchez para alcanzar el poder; sin embargo, el digital eldiario.es (algo así como el boletín oficial del partido) publicó en febrero de 2016 que Iglesias pedía al Psoe, a cambio de su apoyo y en caso de alcanzar la mayoría suficiente, la Vicepresidencia y, entre otras cosas, la supervisión del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el control del BOE y el del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Asombrosamente, y dejando en evidencia una jeta más dura que una de AC DC, el trolero personajillo vocea por ahí que él nunca pidió nada de eso. ¡Hay que tener un don natural y mucho entrenamiento para mentir con tanto aplomo!
No es que la mayoría de los que se dedican a esta desprestigiada y vilipendiada profesión no utilicen las mismas herramientas para retorcer la realidad a su conveniencia (todos presionan a la prensa, aunque no todos acosan), pero es que lo de esta criatura bordea lo patológico. Tal es el engreimiento y descaro con que se maneja esta gente.   


CARLOS DEL RIEGO