miércoles, 29 de marzo de 2017

LOS CRONISTAS DE INDIAS ENJUICIAN A BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, Y NO SALE BIEN PARADO. Parece comprobado que el origen de la leyenda negra contra España está en la obra de Bartolomé de las Casas, tenida por exacta por gobiernos y ciudadanos; sin embargo, otros cronistas de Indias lo desdicen e incluso desvelan cómo era aquel fraile.

Fray Bartolomé de las Casas, según él mismo, exageró, y según otros cronistas, no era tan recto como presumía.
La obra ‘Brevísima relación de la destrucción de las Indias’, publicada en 1552, fue la base de eso que se llama la leyenda negra; el dominico fray Bartolomé de las Casas la escribió buscando la defensa del indio, siendo notorios sus esfuerzos y desvelos en favor de los indígenas americanos… Pero la cosa no está tan clara si se investiga y se analiza lo que sus colegas, los cronistas de Indias contemporáneos suyos, han dejado escrito acerca de sus virtudes como historiador y como persona. Y no sale bien parado de esos testimonios. No se trata de las exageraciones que contiene ese libro (el propio fray Bartolomé reconoce que exageró para llamar la atención), como la de que en la isla la Española vivían quince millones de indios (¿cómo llegaría hasta esa cifra?) y que estaba surcada por más de treinta mil ríos (¿); ni tampoco se trata de revisar las contradicciones en que cae, como cuando señala que al ir costeando la isla de Cuba no se vieron indicios de presencia humana (o sea, estaba escasamente poblada) para años después olvidarse de lo dicho y denunciar que los españoles mataron a doce millones de indios (lo que indicaría que estaba muy poblada); también es contradictorio e incoherente que pidiera al emperador Carlos que, para aliviar el esfuerzo de los indios, se trajeran negros de África (luego rectificó, pero ya le habían hecho caso), o de que clamó contra la esclavitud de los indios pero no dijo ni una palabra de la existencia de esclavos en España y en toda Europa para, después, no mostrar la mínima atención a los barcos portugueses cargados de africanos que llegaban a América. Ni siquiera se trata de demostrar sus groseros errores, como describir a los indios como “mansos, buenos” cuando se sabe que eran sociedades tremendamente violentas y sanguinarias. Se trata, en fin, de revisar qué es lo que decían de él sus colegas, los otros cronistas de Indias que vivieron aquella aventura.

El asturiano Gonzalo Fernández de Oviedo (1478-1557), que gozó del don de la oportunidad y presenció hechos de enorme trascendencia histórica, se convirtió en uno de sus enemigos al dejar constancia escrita de la catástrofe en la que desembocó la idea de Las Casas de colonizar pacíficamente. La cosa fue más o menos así: el fraile indigenista reclutó a trescientos españoles para que ocuparan un territorio en la actual Venezuela, se casaran con nativas y labraran la tierra; pero al llegar se encontraron con que ya había allí españoles que incluso habían fundado un pueblo (le llamaron Toledo), entonces el “colérico clérigo” (como él mismo se define) les ordena que se vayan inmediatamente, a lo que se niegan; el fraile dice que va a Santo Domingo a presentar la reclamación ante las autoridades, y le acompañan los españoles que estaban antes, dejando solos a los recién llegados que, al poco, fueron exterminados por los indios. El caso es que Oviedo dio a conocer el hecho, e incluso explica que Bartolomé se encerró en un convento en La Española, de donde salió ordenado para evitar dar explicaciones sobre el asunto. Por esto, Las Casas convirtió a Oviedo en uno de sus principales enemigos.

Después, López de Gómara (cuya obra se basa en la de otros, pues nunca estuvo en América y no conoció a ningún protagonista de la conquista, ni siquiera a Cortés, en contra de lo que se lee en Wikipeda), se hizo eco de la historia de los labradores muertos por los indios, de modo que también entró en la lista negra de fray Barolomé. Éste lo acusó de haber escrito al dictado de Cortés cuando vivió en su casa; sin embargo, Gómara nunca dice que Cortés le contó esto o aquello, y eso a pesar de que todo historiador busca la propia credibilidad destacando que recibe sus informaciones de primera mano, de modo que el soriano Francisco López de Gómara (1511-1566) hubiera estado encantado de escribir  “esto me lo dijo el propio Hernán Cortés”, cosa que nunca hizo porque nunca lo tuvo delante.

Pero tal vez sea Fray Toribio de Paredes (1482-1569) quien más detalladamente describe a Las Casas. Este fraile zamorano (de Benavente) adoptó, al llegar a México, el nombre de Motolinia, que en náhuatl significa pobreza, haciendo honor a tal apodo durante toda su vida. Éste cuenta que, en 1539, “con unos poquillos cánones que el de Las Casas oyó, él se atreve a mucho, y muy grande parece su desorden y poca su humildad”, y añade “porque él procuró saber sino lo malo y no lo bueno, ni tuvo sosiego en esta Nueva España, ni aprendió lengua de indios, ni se humilló ni aplicó a les enseñar”. En una carta a Carlos I en 1555 Motolinia denuncia la conducta de Las Casas y lo tacha de hipócrita que predica una cosa y hace otra muy distinta, que al llegar a Tlaxcala traía “de veintisiete a treintaisiete indios” para que le cargasen su equipaje y que no les pagaba por su trabajo; de hecho, cuando Las Casas se negó a bautizar a un indio que había llegado de muy lejos para tal fin, Motolinia le dijo: “padre, todos vuestros celos y amor que decís que tenéis a los indios se acaba en traerlos cargados (…) que solo vuestra caridad traéis cargados más indios que treinta frailes”… Teniendo en cuenta que siempre, invariablemente, todos los que lo conocieron y mencionan afirman que era de una integridad y honestidad a toda prueba, resulta difícil no creer a Toribio de Paredes, Motolinia.

Asimismo, Bernal Díaz del Castillo (en torno a 1492-1584) desdice y niega varias veces las afirmaciones de Bartolomé de las Casas (quien también fue encomendero e incluso llegó a obispo) con muy sólidos argumentos, pero mostrando siempre un gran respeto. En realidad, casi todos los cronistas de Indias que hablan del “clérigo colérico” lo tachan de soberbio, aprovechado, exagerado, incoherente y tendente a la rabia. Y ello a pesar de que en la corte española siempre le hicieron caso: Carlos I promulgó a instancias suyas en 1542 las ‘Leyes Nuevas’ para “el buen tratamiento y conservación de los indios” (como ya había hecho su abuelo Fernando de Aragón en 1512 con las Leyes de Burgos). Cisneros y otros altos cargos eclesiásticos enviaron a América, tras escuchar a Las Casas, varios frailes para que velaran por el bienestar del indio; dicho sea de paso, fray Bartolomé escribe que se le nombró Defensor y procurador universal de todos los indios, sin embargo, de este nombramiento no hay ni rastro en los archivos y ningún otro autor hace la más mínima mención de tal cargo. Asimismo, se organizó en 1550 un gran debate en torno al asunto de los indígenas, la ‘Junta (o Controversia) de Valladolid’. Es decir, sus denuncias no sólo fueron escuchadas, si no que se tuvieron muy en cuenta para combatir los abusos.

Viendo las cosas en perspectiva, sorprende que un autor tan cuestionado por sus colegas y de quien hay tantos testimonios adversos haya sido la base de algo tan duradero como la leyenda negra, la cual sigue siendo admitida por muchos, sobre todo españoles.


CARLOS DEL RIEGO