miércoles, 8 de abril de 2015

LALO SE FUE SOLO Y EN SILENCIO, EL AVIADOR CON ESTRÉPITO CRIMINAL El exjugador de baloncesto Lalo García se marchó humildemente e inculpándose injustamente. El copiloto alemán quiso llevarse consigo a centenar y medio de inocentes y metiendo mucho ruido. Lalo despierta compasión, el otro desprecio.

El desdichado Lalo García, a diferencia del criminal piloto alemán, se fue solo y en silencio
Lao García se fue él sólo, atormentado por haber llevado a la ruina a familiares y amigos, incluso a sí mismo (habrá otras causas, pero todo señala a ésta como la principal). Se fue de casa sin decir nada a nadie, desapareció en silencio, sin meter ruido, casi pidiendo perdón a aquellos a los que creía haber defraudado, casi ofreciendo su vida como compensación. El desdichado exjugador debió pasar un auténtico infierno. Sí, hubo de retirarse del baloncesto antes de tiempo a causa de las lesiones y, como sucede en demasiadas ocasiones, las cosas no le fueron todo lo bien que él merecía fuera de la cancha; pero (según cuentan quienes estaban cerca) el motivo determinante de su tragedia interior fue el desasosiego y pesadumbre que le produjo el hecho de haber aconsejado a amigos y familiares una inversión que resultó catastrófica; sin embargo, hay que tener en cuenta que él lo hizo con toda la buena fe del mundo. En pocas palabras, pensó más en los otros que en sí mismo.   

El copiloto alemán quiso irse con estrépito, llevándose con él a casi 150 personas totalmente ajenas a sus pensamientos y preocupaciones. Si Lalo se sentía culpable (sin serlo), el alemán culpaba a todos los demás de la posibilidad (o la certeza) de perder su licencia, y si él no podía guiar aviones, su enfermiza vanidad le persuadió para matarse del modo más escandaloso posible, del modo más criminal e inhumano. Este tipejo no merece la mínima empatía, y bien puede comparársele con los islamistas que estrellaron los aviones contra aquellas torres acabando con la vida de miles de inocentes; en ambos casos la causa de la barbarie fue el fanatismo: los islamistas sacrificaron a todos aquellos por una demencial religiosidad, el aviador por una no menos enloquecida vanidad, ya que llegó a decir a sus allegados que el mundo recordaría su nombre.

Al contrario que el primero, el segundo no sólo no pensó en nadie más que en él; conscientemente, intencionadamente, premeditadamente asesinó a 150 hombres, mujeres y niños, y hubiera segado 150.000 vidas si hubiera tenido ocasión; no soportaba la pronta retirada de su carnet de conducir aviones y se vengó (preventivamente) golpeando, destrozando a sus semejantes. Y no sirve de escusa su desarreglo mental, pues la meticulosidad y frialdad con que preparó y ejecutó su perverso y crudelísimo plan muestra un individuo que sabe perfectamente lo que hace, que es perfectamente consciente de sus actos y sus consecuencias.  
  
Lalo García se echó a su espalda toda la culpa, mientras que el otro culpó al resto del mundo. El entrañable Lalo será siempre recordado con emoción y cariño. El estúpido aviador será siempre maldito y su recuerdo dará asco.    
    

CARLOS DEL RIEGO