miércoles, 15 de abril de 2015

UCRANIA EQUIPARA Y PROHIBE LA HOZ Y MARTILLO Y LA ESVÁSTICA El parlamento ucraniano (y no es el único exsoviético que hace tal cosa) equipara la hoz y el martillo a la esvástica, o sea, el comunismo al nazismo, y los crímenes de unos a los de otros. Sorprendentemente, la noticia ha pasado casi desapercibida.

Esto ocurrió
De este modo, la cámara de Ucrania prohíbe la exhibición de ambos símbolos totalitarios, soviéticos y nazis, así como himnos, banderas y consignas comunistas, tan execrables como las de cualquier régimen totalitario y liberticida; la pena puede ser incluso de cárcel para quien exhiba enseñas o distintivos nazis o soviéticos. Además retira imágenes, monumentos, estatuas y calles que tuvieran que ver con personajes significados del comunismo soviético.

En realidad no puede sorprender mucho que Ucrania reniegue de todo lo que tenga que ver con el comunismo. Y es que en aquel país no se olvida el ‘holomodor’, la atroz hambruna que se llevó por delante a millones de ucranianos en 1932-33. Al respecto, los autores prosoviéticos (que apuntan a no más de millón y medio de muertos) afirman que el hambre se debió a la requisa de cosechas impuesta por el régimen colectivizador estalinista, que expropió tales cantidades de cereal que dejó sin recursos a millones de agricultores en toda la Unión Soviética, especialmente en Ucrania (la obsesión era exportar grano e importar maquinaria industrial); los autores antisoviéticos (que elevan la cifra de muertos hasta los diez millones) aseguran que el hambre fue provocada artificialmente para controlar al campesinado (que protestaba porque les confiscaban casi todo el producto de su trabajo), y para machacar cualquier atisbo de contestación al régimen. Asimismo también hay historiadores que se quedan en el medio y opinan que aquella catástrofe alimentaria (que, según las estimaciones más razonables, acabó con la vida de cuatro millones de personas) se debió a una combinación de ambas causas; también existen los que, defendiendo una u otra postura, añaden una mala cosecha. En cualquier caso, nadie se atreve a negar que fue el régimen bolchevique el responsable directo de aquella monstruosa mortandad (Rusia lo admitió hace años). Por ello, parece comprensible la animadversión que existe en este país para con todo lo que suene a comunismo. 
       
Ambos símbolos representan la negación de la libertad y los Derechos Humanos
La cuestión es si todas las ideas son respetables. ¿Es respetable la idea de la superioridad de la raza aria y que, por tanto, estén sus adeptos legitimados para exterminar a las demás? ¿Es respetable la idea de que los enemigos del proletariado y los capitalistas son parásitos que deben ser exterminados como tales? ¿Es respetable la idea de que el hombre es superior a la mujer y que, por tanto, ésta ha de estar sometida a aquel? ¿Es respetable la idea de que se puede pegar a la esposa para mantenerla bien sujeta? ¿Es respetable la idea de que para conseguir unos objetivos (sean políticos, económicos, territoriales…) se pueden poner bombas? La respuesta lógica a todas esas cuestiones no puede ser otra: no, y por tanto, no toda idea es respetable (en realidad lo que es respetable es cualquier persona, no cualquier idea).
Volviendo al asunto, la hoz y el martillo representan el comunismo, y siendo que el comunismo (al igual que cualquier totalitarismo) se impone y mantiene aplastando cualquier atisbo de disidencia (como se demuestra al examinar todos los países donde se implantó o se mantiene el comunismo), la hoz y el martillo representan la negación de los Derechos Humanos y de cualquier libertad. Además, si alguno de los países donde se implantó el comunismo hubiera respetado las libertades y los Derechos Humanos de su población, podría defenderse que ese modelo económico tenía respetabilidad o legitimidad; pero la realidad es que los gobiernos marxistas, estalinistas, maoístas… negaban (niegan) hasta la libertad para salir del país. En fin, es una obviedad que el comunismo es un régimen absolutamente liberticida, tanto como el nazismo; de hecho, desde un punto de vista político, uno y otro coinciden punto por punto, siendo la única diferencia el modelo económico: capitalista o planificado. 
 
Sin embargo, no está mal visto que un ciudadano que vive en un país democrático (imperfecto, sí, pero sin duda el sistema menos malo) se proclame con orgullo como comunista, pero nadie se atreve a significarse fascista abiertamente pues será insultado, menospreciado, acusado (lógicamente, merecidamente). La esvástica se identifica, como  es natural, con el terror de los campos de concentración, pero hoz y martillo no se asocia a las purgas y los gulags. Y ello a pesar de que ambas ideologías causaron (causan) millones de víctimas y que coinciden en su desprecio por cualquier tipo de libertad. Por otro lado, cualquiera de los que hoy defienden el comunismo marxista leninista, estalinista o de cualquier tipo, fácilmente hubiera sido víctima de las purgas de Stalin, la Purga y la Gran Purga que diezmaron el ejército, el Politburó, el Komintern, el NKVD, el Partido Comunista de la Unión Soviética (Pcus), comisarios políticos o humildes agricultores…, o sea, proclamarse comunista en la URRS no era garantía de tranquilidad; es más, no pocos de los que acusaron y sentenciaron fueron luego  acusados y ejecutados, incluyendo nombres tan sonoros como Beria o Yagoda.    
En fin, el Parlamento Ucraniano (y los de otras repúblicas exsoviéticas) se sacude prejuicios, complejos y miedos y pone los puntos sobre la íes: comunismo equivale a nazismo, campo de concentración es lo mismo que gulag, la Gestapo es igual que el KGB, hoz y martillo significa lo mismo que esvástica…, y ambos símbolos son totalmente contrarios a democracia (de hecho, no hay que olvidar que Hitler y Stalin firmaron en 1939 el acuerdo ‘Ribbentrop-Molotov’). Tan horrible e indeseable es una cosa como la otra, y los testimonios de las víctimas de una y otra ponen los pelos de punta de idéntica manera (se sabe de casos de algunos desdichados que estuvieron en Siberia y en Auswitz). A pesar de ello hay ciudadanos que justifican o desprecian a las víctimas de un lado a la vez que se compadecen de las del otro.

Y ya no es el primer parlamento en dejarlo escrito.      

CARLOS DEL RIEGO