miércoles, 1 de octubre de 2014

ALIEN, 35 AÑOS TEMIENDO AL MONSTRUO “Un superviviente al que no afectan la conciencia, los remordimientos ni las fantasías de moralidad”, así definía el agonizante científico de la nave Nostromo a uno de los más aterradores bichos jamás imaginado por mente humana. Décadas después los sentimientos que provoca no han variado

El terror se dibujaría en el rostro de cualquiera ante esta visión

Es difícil imaginar criatura más repulsiva
Su estreno fue una auténtica convulsión para los aficionados al cine, sobre todo para los amantes de las películas de serie B y de ciencia ficción, de las de terror y suspense. A finales de 1979 un auténtico monstruo, un ser horripilante y repelente recorrió el mundo, ‘Alien’, el pasajero invasor que parece un ser y también una máquina, que tiene exoesqueleto como un insecto y una boca extensible dentro de su boca, que puede recordar a un dragón y que es cien por cien hostil…, nada imaginado o soñado en la más alucinante pesadilla puede infundir el paralizante miedo que provoca semejante atrocidad. Sin embargo, aun puede haber algo peor que quedar al alcance de sus babeantes mandíbulas y sentir cómo te arranca la cara: puede que no te mate, sino que te capture para colocarte, inmovilizado, ante un asqueroso huevo del que saldrá la cosa que te introducirá por la boca el embrión del monstruo, el cual te romperá el pecho desde dentro para nacer (los actores no estaban avisados de lo que iba a pasar en ese momento, de ahí sus caras de verdadera sorpresa, es más, uno incluso se desmayó del susto). Aterrador.
  
Además del escalofriante diseño del bicho (del suizo Giger, fallecido hace unos pocos meses) y de la atmósfera angustiosa y claustrofóbica que impera de principio a fin, además del modo en que es ‘concebida’ la bestia y otras muchas sorprendentes y novedosas ideas que aporta la película (héroe chica, Ripley, chicos víctimas, hombre que ‘da a luz’ tras introducirse en su boca el germen…), tal vez sea la incertidumbre que preside todo el metraje lo que multiplica el efecto aterrador. Hay incertidumbre cuando la nave cambia su rumbo sin saber por qué, ¿la señal es de auxilio o de advertencia? Las dudas siguen cuando un ente asqueroso se pega al rostro de un tripulante y no se sabe qué hacer, ¿permitir que entre ‘eso’ en la nave o cumplir con el protocolo de cuarentena? Incluso cuando hay que abandonar y destruir la astronave y recurrir a la auxiliar, la protagonista cambia de idea e intenta volver… La inquietud por lo desconocido impregna de miedo a todos los desafortunados viajeros. Pero la mayor incertidumbre, lo que aterra tanto a los personajes como al espectador es el hecho de que ni un segundo aparece la criatura claramente y en su totalidad, no se sabe exactamente qué es, cómo es, cómo mata, qué pretende, qué les hace a sus víctimas…, sólo se atisba que es un ser feroz, repugnante y muy violento. Es este uno de los grandes aciertos del emblemático título, ya que el desconocimiento conlleva miedo; lo desconocido es en este caso intuido en varios entrecortados y escasos instantes, lo justo para provocar el estremecimiento, la angustia, el espanto de todo el que mira. Y mucho más en aquel 1979, pues hay que recordar que hasta entonces los seres procedentes del espacio casi siempre eran inteligencias superiores que procedían con un propósito (aunque fuera perverso), mientras que el octavo pasajero no piensa, sólo actúa como un verdadero monstruo.  
  
Miedo extremo, pavor profundo, pánico absoluto es el sentimiento que el filme transmitió a toda la sala cuando en aquellos últimos setenta se estrenó en todo el mundo. Cómo esa especie de crustáceo repelente se pega a la cara e introduce por la boca de la víctima el embrión del monstruo, cómo emerge éste, en qué se convierte y cómo mata la alimaña adulta… Todo ese caudal de terror lo personifica el personaje de Lambert, la chica que desde el primer momento teme: “¿lo habrá querido coger vivo?” comenta ante la espantosa posibilidad de que la primera víctima esté aun con vida en poder del monstruo; pero como no podía ser de otro modo, la desdichada comprueba finalmente cómo sus temores se hace realidad y, en una de las mejores y más expresivas escena de toda la película, la criatura se planta ante la infortunada, que se resigna paralizada por el horror y sólo puede gritar…

Sin embargo, puede que lo peor no sea la criatura sino la revelación del traidor cuando, destrozado, confiesa las órdenes de la compañía: “Regresar con ese organismo. Las demás consideraciones anuladas. Tripulación sacrificable”. Después de todo, los directivos de la empresa exhiben mayor maldad que la mismísima bestia (algo que se confirma en las secuelas).

Sea como sea, pocas películas transmiten tanto terror y producen tanto escalofrío como aquella primera entrega de ‘Alien’. Han pasado tres décadas y media, pero la visión de tan significada película continúa estremeciendo.

Y una última incertidumbre, ¿tiene ojos el monstruo?


CARLOS DEL RIEGO