miércoles, 22 de octubre de 2014

PALIZA A LA LENGUA ESPAÑOLA… INCLUSO DE LA RAE La lengua española es verdaderamente prodigiosa, un tesoro propiedad de cientos de millones de personas. Sin embargo, continuamente es asaltada, ensuciada, retorcida y violentada incluso por los encargados de cuidarla.

El idioma español está recibiendo más palos que don Quijote
Por todas partes se agrede al idioma español, que continuamente es asaltado por barbarismos y acepciones innecesarias, voces mostrencas, términos oportunistas, giros y locuciones disparatadas… Pero lo peor no es el continuo pateo que sufre por parte de los medios de comunicación o en internet, sino que la encargada de defenderlo, la Real Academia Española (‘Limpia, fija y da esplendor’), se suma a los vándalos lingüísticos para rebozarla en la chabacanería más garrula, bajando su calidad y privándola de su identidad.

Los continuos ataques que recibe el español proceden muchas veces de quienes deberían ser especialmente respetuosos, como los medios de comunicación, o de quienes están dispuestos a amoldar la lengua a sus intereses ideológicos. Por ejemplo, hay sectores de la prensa muy descuidados a la hora de expresarse, de modo que adquieren y utilizan rápidamente modismos del momento: una frase muy de actualidad se refiere al supuesto derecho de la persona a que le ayuden a suicidarse, y lo llaman ‘derecho a una muerte digna’…, como si el que no renuncia a seguir viviendo por muy grave que sea su enfermedad, como si el que decide luchar y someterse a los tratamientos que la ciencia médica recomienda tuviera, finalmente, una muerte indigna. ¿Por qué es más digna la muerte del que pide ayuda para quitarse la vida, convirtiendo de paso a los médicos y sanitarios en colaboradores necesarios de homicidio?, ¿por qué es más digna la muerte del que renuncia a luchar y se resigna, que la de quien no se rinde? ¿Acaso sólo el que decide poner fin a su existencia tiene una muerte digna?

Por otro lado, es muy habitual que se distorsione el idioma con fines ideológicos. Un ejemplo: en los últimos años ha aumentado el número e intensidad con que muchas personas ejercen y manifiestan su amor a los animales; y para convencer a los demás de que las bestezuelas han de ser bien tratadas, suelen acudir a una frase de Ghandi: “La cultura de un pueblo se mide por el trato que da a sus animales”. Bonita y bienintencionada sentencia pero totalmente falsa. Hay que recordar que en la Alemania nazi se promulgaron leyes que incluían durísimas penas para quien hiciera daño a los animales…, aunque se animaba a masacrar judíos, gitanos, disidentes… ¿Eran los nazis más cultos (o sea, respetables, civilizados, avanzados) que otros pueblos por proteger a los perros de cualquier maltrato? Además, lo habitual es que en todo pueblo haya quien maltrate y quien defienda a los bichos.

El español recibe muchos, muchísimos ‘ganchos’ y ‘directos’ diariamente. Lo malo es que se han puesto en primera fila para golpear (con guantes de peso pesado) los académicos de la Rae. Así, ésta acaba de admitir en el diccionario mamarrachadas tan indignas como ‘precuela’, serendipia (término que no parece de uso extendido y habitual y que equivale a casual, accidental) o ‘feminicidio’ (sin admitir masculinicidio u homosexualicidio); esperpentos tan innecesarias como ‘gorrilla’ para un controlador no autorizado de aparcamiento, ‘bíper’ para contestador automático, ‘citadino’ para ciudadano, ‘identikit’ para retrato robot (dentro de poco admitirá ‘jitazo’, un engendro que mezcla la voz inglesa ‘hit’, éxito, con el sufijo español azo, añadiendo la conversión en j de la h), o ‘impasse’ (¿se debe pronunciar la e final o dejarla muda como en francés?) por callejón o esperando. Respecto a otras como ‘coach’ en lugar de entrenador, o ‘chaise longue’ para un tipo de sofá, no se especifica si han de pronunciarse en inglés o como se escriben. Palabras mostrencas en todo caso, por mucho que otra cosa digan unos cuantos lechuguinos engreídos…; y es que, como dice el refrán, cuando el diablo no tiene que hacer, con el rabo mata moscas.

Algunas dejarán de usarse en poco tiempo, con lo que los académicos que han aceptado estas majaderías sonoras quedarán como marionetas al albur de la moda, como verdaderos mequetrefes; en fin, como alguien dijo, todas esas nuevas entradas se habrán convertido en arcaísmos en pocos años, es decir, habrán pasado de moda. 
La Rae está infestada de papanatas, de patanes que admiten las más ridículas atrocidades lingüísticas, lo que quiere decir que la academia en cuestión está llena de personajillos dudosos, empezando por Cebrián, un verdadero palurdo (tal cosa hay que ser para calificar hechos, pensamientos o personas de hace mil años con palabras, mentalidad y conceptos actuales), un chaquetero (porque fue destacado y entusiasta periodista del Movimiento para, llegado el momento, convertirse en socialista de toda la vida) y un codicioso inmoral (porque a la vez que la empresa por él dirigida mandaba al paro a 800 personas él se otorgaba una prima de varios millones). Si ahí se ha admitido a individuos tan sospechosos… Lo que sorprende es que Pérez Reverte, en otros casos tan combativo y de palabra gruesa, se achante y trague; seguro que, de no ocupar su bonita T mayúscula, se dirigiría a sus ahora compañeros (cómplices) a voz en grito y con calificativos y terminología del tipo acostumbraba Quevedo.    

El lema de la Rae es ‘Limpia, fija y da esplendor’. Sin embargo, de limpia nada, sino sucia e infestada de palabras ilegítimas, falsas, bastardas; de fija mucho menos, pues es voluble y está pendiente de las modas para cambiar tan rápido como ellas; y por tanto, no da esplendor, sino lástima (por el idioma español) e indignación.


CARLOS DEL RIEGO