miércoles, 29 de abril de 2020

LA CRUEL VENGANZA GODA DE DOÑA SANCHA DE LEÓN

Los godos recurrían fácilmente a la puñalada a traición, y los reyes de León en torno al año mil eran sus  descendientes


La Edad Media es una de las etapas de la Historia menos conocida, tal vez por eso está envuelta en un halo de leyenda. También el Medievo se asocia a crueldades, masacres y violencia sin fin; aunque aquel larguísimo período (unos mil años) también tuvo sus luces, y no pocas. Pero sí, las traiciones, venganzas y puñaladas eran cosa corriente. Una leyenda, quizá con base histórica, de la Alta Edad Media narra el asesinato del Conde García de Castilla a la entrada de León. Corría el año 1029.
Todo hace indicar que lo que se cuenta en el Romance del Infante García (hay varias versiones) tiene orígenes en cantares populares, en narraciones y leyendas, aunque algunas crónicas mencionan el suceso, la primera unos cien años después; y también se encuentran inscripciones que se refieren al hecho en varios monumentos. Sin embargo, como casi todas las leyendas, es probable que tenga algo cierto, sobre todo en lo que atañe a la crueldad con que se llevaban a cabo las venganzas en el ámbito de los godos y sus sucesores astures y leoneses.
El que sería último conde de Castilla, García Sánchez, de unos 19 años, había sido prometido a la hermana del rey de León, Vermudo III. Debía ser la primavera del año 1029 cuando García y su séquito acamparon en el emplazamiento de Trobajo, muy cerca de León. La leyenda dice que el fogoso García no quiso esperar y salió del campamento (con una escolta de 40 caballeros) para ver por primera vez a su futura. Según algunos textos fue el 13 de mayo cuando García y Sancha, de unos 15 años, se vieron por primera vez. Luego, paseaban cerca de donde hoy está San Isidoro cuando, repentinamente,  fueron atacados por la hueste de Íñigo y Rodrigo Vela, familia de origen alavés enemiga acérrima de los castellanos. Se entabla la batalla, los sorprendidos castellanos caen uno tras otro, incluyendo el joven García, seguramente atravesado por un metro de acero. Su aterrada prometida presenciaría toda la escena y, seguro, tras reponerse pensaría en la venganza. Sí parece documentado el asesinato de García a manos de los Vela. Sólo eso.
La noticia debió ir de boca en boca por los reinos cristianos. El rey de Navarra, Sancho III El Mayor, se puso de parte de la desconsolada Sancha y, tal vez, le prometiera castigar a los asesinos y, quizá, la joven infanta leonesa le rogara que le trajera a alguno vivo…
El poderoso ejército del rey navarro acorraló a los Vela y sus partidarios en el castillo (quizá el de Monzón). Merece la pena imaginarse el asalto: una fortaleza defendida por soldados expertos, un ejército atacante dispuesto a todo, nubes de flechas, griterío salvaje y ruido permanente, puede que rocas y líquido hirviendo desde las almenas, escaleras de asalto, espadazos, tajos, alaridos desesperados… Sancho toma el castillo, corta la cabeza a todo el mundo menos a los odiados Vela, a quienes echó al fuego. Escapó uno de los capitanes, Fernando Laínez, que pronto fue hecho prisionero; entonces, tal vez Sancho recordara la promesa hecha a la desconsolada infanta leonesa y decidió llevarle vivo a Laínez.
Al verlo, Sancha Alfónsez, hija de Alfonso V de León, preparó una muerte larga y dolorosa para uno de los asesinos de su García. Primero le cortó manos y pies, luego le aplicó algo tan godo como sacarle los ojos, siguió la lengua…, y lo que quedaba lo ató a un caballo y lo hizo arrastrar…
Fue una venganza salvaje, brutal, horrorosa, pero doña Sancha era de origen godo y tales eran los modos de los godos; unos doscientos años antes (en 835) Ramiro II de León ya había castigado a sus enemigos con esos mismos métodos, que son los que ya usaban los reyes visigodos, aficionados a apuñalar a traición, cegar, cortar narices y orejas…
Lo más probable es que se trate de una leyenda, con la base real del asesinato de García, pero tal vez, improbablemente pero no imposiblemente, sucediera algo parecido. Lo que sí es histórico es que doña Sancha se casó con el siguiente conde de Castilla, Fernando Sánchez, que luego derrotó a su cuñado Vermudo III, rey de León, hermano de Sancha (batalla de Tamarón, 4 de septiembre de 1037), convirtiéndose en Fernando I de León. Y ella la reina Sancha.
Ha pasado un milenio desde este posible suceso. Hay que situarse en la época para entenderlo.       
CARLOS DEL RIEGO

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