jueves, 15 de febrero de 2018

EL ESCÁNDALO OXFAM Y LAS OENEGÉS Tremendo es el daño que a la causa de la solidaridad internacional ha hecho el último escándalo protagonizado por la ONG Oxfam, el cual alcanza tanto a sus dirigentes como a los que actúan sobre el terreno y, por extensión, a todas esas organizaciones

Hay que ser un auténtico pervertido para aprovecharse de la desgracia de los más necesitados

Una de las noticias más inquietantes que han saltado al primer plano mundial en este febrero de 2018 es la que acusa de odiosos delitos a una organización nominalmente humanitaria, Oxfam, muchos de cuyos integrantes organizaron fiestas en Haití con niñas y mujeres que, seguro, estarían dispuestas a todo a cambio de un pedazo de pan; así, los que en teoría estaban allí para paliar los efectos de los desastres naturales no hicieron más que aprovecharse de las necesidades de los desdichados. Y para rematar, se ha demostrado que no pocos de sus dirigentes viven en la corrupción más asquerosa, que es la que se queda con el dinero que la solidaridad de la gente dona para aliviar a los que sufren todo tipo de desgracias. Lo malo es que esto no es nuevo, sino que dicha  organización ya tenía denuncias, y muchos de sus componentes (tanto voluntarios como directivos) han tratado de esconderlas, de encubrirlas durante años; así, se habla de una costumbre de abusos desde Haití hasta Chad, y que la dirección de Oxfam los conocía y ocultaba. Peor aún, son cientos las denuncias contra actuaciones de diversas oenegés en muchas partes del mundo, incluyendo la ONU, organización encabezada por profesionales de la política, o sea, caraduras profesionales, y en la que militan verdaderos indeseables que lucen cascos azules.
Dos citas ilustran el asunto a la perfección. Explicaba Cervantes que cuando una sirvienta abre la puerta de su alcoba a los hombres por la noche y no pasa nada, es señal de que la señora de la casa hace lo mismo, ya que, en caso contrario, de ningún modo permitiría que tales ‘desvergüenzas’ tuvieran lugar en su casa. Con las organizaciones no gubernamentales (deberían cambiar esta denominación, ya que casi todas recaudan  de gobiernos) pasa lo mismo: si los de abajo perpetran barbaridades como las mencionadas en repetidas ocasiones y los jefes lo permiten (imposible que no se enteren) no hay duda, también ellos están pringados.
La otra cita procede de la actualidad. En una ocasión contó el veterano periodista Vicente Romero que un día se quedó hasta tarde en la redacción y que llegó la señora de la limpieza, la cual le preguntó a qué organización sería mejor donar un poco de dinero con el que ella quería colaborar; él respondió que, a pesar de ser ateo, a Cáritas, y explicó las razones: en primer lugar, los de este organismo no están ahí por moda, por realizar unas vacaciones solidarias, por viajar y ver mundo o por tener algo prestigioso que poner en el currículo para, al acabar la temporada, volver a casita…, nada de eso, sino que los de la mencionada organización están por vocación, por convicción, sin intereses mundanos o materiales y, pasado el verano, no se marchan; en segundo lugar, añadió Romero, porque como llevan mucho tiempo sobre el terreno, tienen sus propios transportes y almacenes, saben cómo evitar a los bandidos y los aprovechados, conocen los caminos y las necesidades específicas de la población, saben cómo sacar el máximo partido a los fondos recibidos y, en fin, no toman ni un céntimo para sí mismos, o sea, no están allí por interés; en tercer lugar porque, cuando regresan a casa, están deseando volver y suelen repetir que hay mucho trabajo que hacer, lo que quiere decir que ese trabajo es su vida, su vocación, su objetivo principal. En resumen, Vicente Romero,  reportero y corresponsal con experiencia de muchos años por todo el mundo, aconsejó a la desprendida trabajadora con un profundo conocimiento de causa.
En el actual estado de las cosas puede afirmarse que las ONG´s son necesarias, aunque tanto los dineros que a ella se destinan como el personal que los maneja deberían estar muchísimo más controlados; también parece de sentido común que nadie de los que trabajan para esas instituciones debería recibir remuneración o, al menos, no sacada de lo recaudado de la generosidad y solidaridad de la población donante.
Por último, es preciso señalar algo muy chocante: muchas de las organizaciones no gubernamentales están profundamente ideologizadas y no dejan de clamar contra el capitalismo; sin embargo, sus integrantes viven en y del capitalismo, recaudan de los países capitalistas y exigen fondos a los gobiernos capitalistas, es decir, no dejan de recurrir al ‘despreciable’ capitalismo para (teóricamente) paliar las desdichas que se producen en los países del llamado tercer mundo. Precisamente una de las oenegés que más elevan su voz contra el capitalismo es Oxfam, en cuyos informes y memorias no dejan de culpar a los países y sociedades capitalistas de todos los males de este mundo. Es contradictorio que se acuse y se señale al mismo al que se pide dinero, que se le insulte y acto seguido se le solicite ‘la voluntad’. Contradicción que se convierte en hipocresía y desfachatez en el caso Oxfam.
Sea como sea, es de esperar que la desvergüenza y cinismo de unos cuantos no desactive las ganas de echar una mano.

CARLOS DEL RIEGO