domingo, 6 de diciembre de 2015

LA INQUIETUD DEL ROCK POR LA TIERRA Y EL MEDIO AMBIENTE Parece que los que detentan el poder se empiezan a tomar en serio eso del cambio climático y el calentamiento global, o sea, los políticos siempre llegan los últimos. El rock, por el contrario, lleva mucho tiempo aireando su preocupación por el tema.

Michael Jackson escribió muchas y muy buenas canciones con la Tierra como telón de fondo.
Cierto. Desde hace décadas hay abundancia de grupos y canciones que, de un modo u otro, han prestado atención a la conservación, han mostrado su preocupación por el deterioro medioambiental y, en fin, han puesto música a su inquietud por la contaminación y el desgaste que la actividad humana impone al paisaje (recuérdese que todo eso es preocupante para el hombre, su organización, su sociedad, pero para el planeta apenas es un rasguño y, además, tiene miles de millones de años para repararlo).

Este asunto del ecologismo, del amor por la naturaleza, de la belleza de lo silvestre, se viene tratando con aires de rock desde hace mucho, aunque es evidente que es en los últimos años cuando el tema se ha vuelto casi una obligación para las bandas de música joven, sea cual sea el subgénero. Unos como tema recurrente y otros de modo más ocasional, raro es el autor que no ha escrito una pieza pensando en el mantenimiento de esta casa esférica o denunciando los excesos de los inquilinos. Aquí va un pequeño extracto de algunas de las ideas más brillantes surgidas del ingenio del rock.


Ya en los sesenta del siglo pasado (en realidad, todo lo que tiene que ver con el pop, el rock y derivados procede de ahí) quienes estaban en primera línea tuvieron la clarividencia de hacer canciones en torno a esos argumentos. The Beatles (no pueden faltar) en su extraordinario ‘Álbum blanco’ (1968) incluyeron la preciosa ‘Mother nature´s son’; pieza ligera, con matices de la India, acústica y cristalina en la que McCartney señala la belleza natural que le rodea, el campo, las flores, el sol…, así como su deseo de unirse a la naturaleza como hijo suyo que es; una canción encantadora. Más o menos de la misma época es el elocuente ‘Earth anthem’, o sea, el ‘Himno a la Tierra’ de The Turtles, una pieza muy espiritual con texto evidente: “No somos más que una isla en un océano, esta es nuestra casa (…) Para mantenerla siempre verde me gustaría dar mi vida”.

El converso Cat Stevens siempre tendió a los ambientes filosóficos, tiernos y bienintencionados; en su Lp ‘Tea for the tillerman’ incluyó el ‘¿Dónde van a jugar los niños?’, en la que su voz rasgada es exigida como nunca, con su inseparable guitarra y su sempiterno contexto de ‘paz y amor, hermano’; en esa canción de 1970 viene a decir que hemos construido ingenios que viajan por el espacio y construido más y más alto, pero ya no quedan sitios donde jueguen los niños... Poco más tarde Ian Anderson concibió para Jethro Tull otra partitura que parece mecer al oyente, el ‘Wond´ring again’ (1971); se trata de una obra de gran lirismo, lenta, corta y suave, con entorno lírico, bucólico; sin embargo, el texto es una ironía acerca del modo de vida consumista alentado por los políticos, a lo que se une la superpoblación; entre sus versos destaca “Los recursos naturales son cada vez menores y nadie envejece”.

Los australianos Midnight Oil publicaron un buen número de canciones con el medio ambiente como fondo. La banda del intimidador Peter Garret (que además de músico es o ha sido político del Parlamento Australiano e integrante de Greenpeace) han tenido la causa conservacionista y ecologista como prioridad en sus letras; su gran éxito ‘Beds are burning’ (1988) va más a la denuncia del desprecio que se tiene con las tribus y sociedades que hasta hace poco vivían aisladas de la civilización occidental, y concretamente delata el pésimo trato que la sociedad y el gobierno australianos ha dado a los aborígenes. Ya en los noventa, el gran Steve Forbert escribió una pieza cargada de fuerza expresiva (aunque apenas tenga acústica, armónica y voz), el ‘Good planets are hard to fin’, o sea, los planetas buenos son difíciles de encontrar; en ella, el cantante, compositor y guitarrista de Mississippi viene a señalar lo extraordinario de la Tierra, lo casi imposible que es encontrar un sitio en el que, como éste, se den todas las circunstancias para que exista vida.

A finales del XX Manu Chao iniciaba su carrera en solitario con el celebrado álbum ‘Clandestino’, en el que el hispano-francés hablaba a ritmo de ska-rock (entre otros) sobre sus temas favoritos: la solidaridad, el mestizaje, las desigualdades, la maldad del sistema…, y también el cuidado de la Naturaleza; ‘Por el suelo’ presenta una Tierra decaída, abatida, triste, una madrecita a la que nadie hace caso y que se muere porque no se la respeta; “mamacita te vamos a matar (…) Pachamama me muero de pena” son algunas de sus reflexiones (Pachamama viene a ser ‘Madre Tierra’ en algunas culturas americanas precolombinas).

También el malogrado Michael Jackson puso su talento al servicio del conservacionismo, de modo que son unas cuantas las composiciones que ideó pensando en el medio ambiente. Una de ellas es la genial ‘Heal the World’ (1991), que con matices y coloración negra (va del góspel al soul) desliza por una melodía brillantísima proclamas de hermandad; de hecho, la idea del título, ‘Cuida el mundo’, se refiere más a un mundo presidido por el amor fraternal, aunque no deja de preguntarse “¿Por qué seguimos estrangulando la vida y herimos esta Tierra?”. El propio genio de Indiana, autor y productor de este magnífico tema, declaró que era la canción de la que más orgulloso se sentía.   

En realidad, las causas solidarias y benefactoras (para la Tierra y sus habitantes, humanos o no) han encontrado en la música pop y rock un potente altavoz que difunde mensajes y gana adeptos, y que revisa todos los aspectos y puntos de vista del asunto.


CARLOS DEL RIEGO