miércoles, 5 de agosto de 2015

LO QUE EL PRESIDENT QUIERE QUE SE TRAGUEN LOS CATALANES A pesar de que organismos e instituciones subrayan que no aceptarían una Cataluña seccionada de España unilateral e ilegalmente, hay catalanes que creen que, a pesar de todo, todos conculcarían sus propias leyes para cumplir los deseos catalanistas.

Si un autor, ponente o historiador se presenta de esta guisa, es fácil deducir que su labor y conclusiones no van a ser objetivas ni rigurosas
Un pueblo de Cataluña, Montblanc, ha organizado un congreso cuya conclusión es que grandes protagonistas de la Historia como Colón, Teresa de Ávila, Hernán Cortés, Cervantes e incluso Leonardo da Vinci eran catalanes (es curioso que se sepa el lugar exacto al que llegar antes incluso de iniciarse una investigación, es decir, puede afirmarse sin temor al error que esa investigación está viciada desde su origen, puesto que sus conclusiones ya están escritas); más aún, sostienen que existe algo así como una confabulación internacional liderada por España para arrebatar a Cataluña su identidad histórica, y que por eso se ha ocultado la verdadera procedencia de aquellos grandes personajes. Se trata de una muestra más del intento de engaño y manipulación con que el gobierno de aquella comunidad autónoma, con la complicidad de distintas instituciones (gubernamentales o no), pretende embaucar a los catalanes; muchos de éstos ya se han tragado las mentiras y tergiversaciones en que se apoyan los secesionistas, aunque por fortuna también son muchos los que piensan por sí mismos y, por tanto, no permiten que sea el president y los ‘consellers los que piensen por ellos.

Pero el más claro ejemplo de embuste que ha calado en gran parte de la población de la esquina noreste de España se refiere a los organismos internacionales y sus leyes. Así, la Generalitat ha convencido a muchos de que, tras una declaración unilateral e ilegal de independencia, todos los organismos e instituciones del planeta acogerían a la nueva nación con alegría y los brazos abiertos, o lo que es lo mismo, que todas las organizaciones que regulan las relaciones internacionales van a saltarse sus propias leyes cuando estas afecten a Cataluña. Un ejemplo: para entrar en la Unión Europea es imprescindible el sí de todos sus integrantes, de manera que basta el veto de uno de ellos para que el pretendiente sea rechazado; como es lógico, España votaría en contra, Francia también (pues hay alucionaciones secesionistas en Bretaña, Córcega, región vasco-francesa o la quimérica Occitania), Italia (con el nacionalismo padano), Bélgica…, con lo que el ingreso de una Cataluña independiente en la UE se toparía con una negativa tras otra. Otro ejemplo: para jugar las ligas deportivas españolas es condición imprescindible que el lugar donde está radicado el club pertenezca a España (la excepción es Andorra, que al ser un territorio tan minúsculo y de población tan escasa se permite que sus equipos, dos o tres, jueguen en España, igual que ocurre con Mónaco y Francia), de modo que iría contra la ley tal situación.

Pues bien, hay presidents, consellers y governs que han conseguido persuadir a muchos catalanes de que, llegado el momento, la Unión Europea hará la vista gorda y aceptará el ingreso de un territorio desgajado por su cuenta y sin atender a la legalidad; e igualmente se han convencido a sí mismos de que las instituciones deportivas españolas echarán pelillos a la mar, olvidarán los insultos, mentiras y pitadas catalanistas y aceptarán incluir equipos de ‘otro país’ en sus calendarios en contra de su reglamento. Y es que, en su delirio romántico-ilusorio, llegan a creer y han hecho creer que Cataluña es tan importante que todo el mundo se pasará las leyes por el forro para someterse a sus deseos. En fin, existen catalanes seguros de que sus deseos son órdenes para los demás.

Lo más contradictorio del asunto es que, a la vez que piensan que el mundo mundial se ha conjurado contra Cataluña (intentando silenciar que Cervantes es catalán), están seguros de que todos los conjurados pasarán por encima de sus propias leyes para beneficio de Cataluña. Sorprende que gobernantes y población secesionistas asuman sin problemas argumentos tan enfrentados sin siquiera plantearse la cuestión.  

En la misma línea tergiversadora y distorsionadora de la realidad, los segregacionistas hablan de ‘los derechos de Cataluña’, sin darse cuenta de que son las personas, no los territorios, quienes tienen derechos. Y en la misma línea está el ‘derecho a decidir’ que se adjudican a sí mismos, ya que no pocos catalanes están erróneamente convencidos de que Cataluña es suya exclusivamente, cuando lo cierto es que pertenece tanto a ellos como a andaluces, gallegos, riojanos…, del mismo modo que Andalucía, Galicia o La Rioja también pertenecen a los catalanes; por ello, aquel ‘derecho a decidir’ corresponde a todos los españoles, catalanes incluidos.

De todos modos, las mentes que han sucumbido a la manipulación son inmunes al razonamiento, impermeables a la realidad.


CARLOS DEL RIEGO