domingo, 26 de julio de 2015

THE CRAMPS Y ALIEN SEX FIEND, ALMAS GEMELAS Sucede a veces en esto del rock. Hay grupos que presentan características similares a pesar de que el resultado de su trabajo no tenga tanto parecido. Así es con los estadunidenses The Cramps y los ingleses Alien Sex Fiend

Los inseparables Lux y Ivy en modo Cramps
Estas dos bandas de ‘serie B’, tienen un sinfín de elementos comunes, tanto en su puesta en escena como en los ambientes que crean sus canciones, a pesar de lo cual, es imposible confundirlos; de hecho, se trata de grupos peculiares, singulares, tremendamente originales y, sin duda, con mucho rock en su propuesta.

Mr. y Mrs Fiend, un matrimonio bien avenido, en casa y en escena
The Cramps son unos diez años ‘más viejos’ que los Alien y tienen sobre éstos una poderosa influencia. Curiosamente, el núcleo de los dos grupos es una pareja, un chico-chica indisoluble: Lux y Poison fueron matrimonio hasta la muerte del primero en 2009, mientras que Mr. & Mrs. Fiend son inseparables desde hace más de tres décadas. ‘Calambres’ y ‘Alienígenas’ militan en una honrosa segunda división del rock, aunque marcados con el valiosísimo sello de los auténticos; de los que transitan por la retorcida senda del r & r sin contacto con las grandes compañías, atendiendo lo imprescindible al negocio, a las multinacionales (fueron tentados pero dijeron no) y dedicándose sólo a la parte artística; con esta actitud perdieron fama, ventas, pero ganaron una total libertad creativa y nunca se vieron sujetos a obligaciones, contratos e imposiciones. El éxito multitudinario siempre se les negó, pero poseen ese prestigio, esa reputación que proporciona el haberse negado siempre a pasar por el aro, algo que tarde o temprano exige la gran empresa.


Otro denominador común que exhiben con orgullo los dos grupos es su pasión por las viejas películas de terror y ciencia ficción de los años cincuenta, las conocidas como ‘serie B’ estadounidenses, de las que extraen gran parte de su estética y puesta en escena; por eso disfrutan moviéndose entre ambientes irónicamente terroríficos, entre el horror divertido y la parodia con cementerio y lápidas, con formas monstruosas que sonríen, y con clásicos del cine de terror en blanco y negro. Así, no sólo no producen canguelo, sino que se ve toda esa parafernalia con gesto guasón, incluso con sentimiento de complicidad, como cuando se está ante algo cercano y entrañable. Humor negro, grueso, irónico con todo, hasta con ellos mismos.



Pero es que, además, los cantantes de las dos formaciones son (Lux Interior fue) artistas de la cabeza a los pies, con inquietudes más allá de la música, sobre todo en lo que se refiere a las artes plásticas. Y por si fuera poco, esos dos histriones componen y crean a la primera impresión, es decir, convierten en música lo primero que se les ocurre, sin arreglar en exceso, sin modificaciones ni mejoras, sin permitir que nada altere la intención original, nada de eso, lo único que les valía era la sensación inicial.


Sus canciones, sus discos, ritmos y melodías, así como las atmósferas que sugieren sus composiciones son precisamente lo que más separa una banda de otra. Así, The Cramps son básicamente rockabilly con tintes psicóticos y un sonido tremendamente esquemático; por ello, se puede afirmar que ellos inventan eso del ‘psicobilly’ y, dado que también incorporan elementos punk de primerísima mano, es evidente que también abren la puerta del ‘punkabilly’ (sin ellos el revival remozado de muchos ‘gatos’ hubiera sido imposible). El ambientillo gris oscuro de los clásicos hombres-lobo y frankensteins, brujas y vampiros impera en sus canciones, pero sin perder jamás el tinte jocoso, el tono de mofa y sarcasmo. El sonido es pura simplificación: la batería apenas se sale de los cuatro porrazos en caja y plato, la guitarra suena a esbozo y huye de florituras, mientras la voz, cortante, dibuja unas notas cargadas de ingenua amenaza o pensamiento tragicómico…, y no hay más, puesto que en no pocos de sus discos (los primeros) ni siquiera necesitan bajo. Increíblemente, con tan poca cosa The Cramps logran algo originalísimo, nuevo y primitivo a la vez. En el escenario los ojos del espectador siempre iban hacia la figura larguirucha y desgarbada, provocadora y desafiante de un excesivo Lux Interior, y a la vez a la excitante Poison Ivy, su esposa, siempre con taconazos, faldita escueta, gran guitarra…, y siempre con gesto de estar pensando: “no te pases un pelo o te pateo el culo, je je”.    

Alien Sex Fiend también gusta de decoración a base de gusanos y murciélagos, calaveras deformadas y lápidas derruidas, caretos corrompidos y ojos purulentos…, a pesar de lo cual nunca desaparece el aspecto chusco ni la sensación de que van a quitarse las máscaras y echarse a reír; sí, estos alienígenas pervertidos resulta muy divertidos, inquietantemente divertidos. Su sonido (sin bajista) es también muy especial, con guitarras cuyas cuerdas no se están quitas jamás y teclados indefinidos, fundidos al todo; tiene algo glam, algo hard, algo gótico, algo rock y mucho punk. El resultado es denso, hipnótico, atractivamente tenebroso. En España, en realidad en Valencia, tuvieron un tremendo tirón que, seguro, les dio presencia en los ambientes más atrevidos de toda Europa; todo se originó en las enormes discotecas de aquella zona (Barraca, Chocolate), donde ya en 1983 sonaban de modo impío obligando al personal a bailar frenéticamente, compulsivamente, como si al detenerse fueran a morir. En vivo solían aparecer enredados en una especie de gruesa y elástica telaraña que unía músicos, micrófonos, instrumentos, monitores…, en medio de una luz negra y fluorescente; y luego estaba Mr. Fiend con sus ojos desorbitados, cara encalada, sonrisa socarrona y turbadora y movimientos exagerados, pusilánimes, dementes, y finalmente, carcajeantes. 
       
Lux y Mr. Fiend, en fin, están entre Bela Lugosi y Eduardo Manostijeras, Frankenstein y Laurel y Hardy. Y sorprendentemente, ambos poseen un pálido aire de romanticismo clásico.


CARLOS DEL RIEGO