miércoles, 11 de febrero de 2015

¿HAY CABALLOS CON CABEZA Y CUERPO DE CONEJO? En un episodio de la serie Los Simpsons se anuncia un fenómeno asombroso: “¡Un caballo con cabeza de conejo y cuerpo de conejo!”, y cuando el animal echa a correr, se apostilla: “¡Se aleja galopando!”… Hay quien está dispuesto a creérselo.

Aunque parezaca increíble, hay quien cree ver un caballo con cabeza de conejo
 y cuerpo de conejo. 
Lo más sorprendente no es que haya individuos que traten de colocar una paparrucha de tal calibre, sino que haya personas (y no pocas) que estén dispuestas a creerse tal prodigio. Y sin embargo así es. Una farsa semejante se está representando en diversas partes del mundo: El pueblo venezolano, cuando votó al líder bolivariano, se creyó la superchería: “Un Salvador con cabeza de Hugo Chávez y cuerpo de Hugo Chávez”; y tan profundamente interiorizaron la maravilla, que les está resultando muy difícil darse cuenta de que no hay forma de cabalgar un conejo; a pesar de todo, los feriantes caraqueños siguen insistiendo en que el brioso corcel que hoy tira del país es el sucesor de aquel gran semental, o sea, que todos los males del país (desabastecimiento, corrupción, pobreza, delincuencia descontrolada) son culpa de los que se empeñan en ver conejos, cuando lo que hay son caballos aunque tengan cabeza y cuerpo de conejo.

El poder de sugestión de los impostores populistas debe resultar irresistible para muchos en ciertas circunstancias, pues aquellos siempre encuentran masas que les escuchen con devoción y con una total disposición a creer en sus palabras por muy disparatadas que sean. Los argentinos confiaron en que la solución a todo consistía en montar en “un caballo con cabeza de Perón y cuerpo de Perón”, y pasadas décadas, siguen tratando de galopar a lomos de conejos, con resultados lógicos y naturales. El problema es que los abundantes ejemplos sudamericanos se están extendiendo, hasta el punto de que en la vieja Europa, en Grecia, gran parte de su población ya ha digerido la idea: “unos políticos capaces y honestos con cabeza de charlatanes y cuerpo de charlatanes”; así, los recién llegados con el bálsamo de fierabrás acusan de todos sus males a los de fuera, cuando lo cierto es que en la histórica Hellas había personas de 60 años cobrando pensión de orfandad y hospitales públicos con cinco jardineros y sin jardín…, por ello no es de extrañar no quieran ver la viga en el ojo propio.

Los buhoneros han instalado su feria también en España. De este modo, los recién llegados a la política tratan de atraer al personal con las típicas arengas del feriante timador modernizado, cuya barraca se ha transformado en televisión: “Un Ghandi con cabeza de Iglesias y cuerpo de Iglesias”, o “unos genios de la política con cabeza de sectarios y cuerpo de sectarios”. Como era de esperar, no ha faltado gente ansiosa de creer. Y no le ha importado a esa gente que los mesías que van a salvar al país empiecen a estar manchados por asuntos dinerarios (y eso que aun no han tenido acceso a fondos públicos), ni que hayan negado la libertad de expresión a discrepantes (boicotearon e impidieron que políticos rivales dieran una charla en “su” universidad), ni que demuestren su fanatismo ciego viendo mensajes reaccionarios en pelis como ‘El rey león’ o ‘Peter Pan’ (el garfio del Capitán Idem, afirman, es un símbolo peyorativo de la hoz comunista…, y eso que el libro con tal personaje es anterior a la Revolución Rusa); nada de eso hace mella en el dogma de fe que los mesías de la política española han conseguido implantar en gran parte de la población (a la hora de la verdad la cosa no será tanto como anuncian las embaucadoras encuestas).      
            
En fin, si un animal tiene cabeza de conejo y cuerpo de conejo no podrá ser otra cosa. Del mismo modo, un político es un político, y no hay nada que se parezca más a uno que otro, independientemente de creencias, partidos y proclamas; todos, sin mirar siglas o nombres, recurrirán a las mismas tretas, trucos y manipulaciones, tal y como se está demostrando con los bisoños que van a arreglarlo todo con ‘la purga de Benito’. ¿Que pillan a uno de los suyos con pasta dudosa?, todos sin excepción reaccionan del mismo modo: “es mentira, yo no sabía nada, es un ataque a nuestro partido, etc”. Por poner un símil cotidiano, los políticos son como los futbolistas, ¿acaso un defensa no agarrará, empujará o trabará al delantero si el árbitro no mira?, pues los profesionales de la política harán igual. Lo verdaderamente inusitado es que, pase lo que pase, hay verdaderas multitudes dispuestas a creer a pies juntillas todo lo que diga su redentor…, aunque tenga cabeza de político y cuerpo de político.
  

CARLOS DEL RIEGO