domingo, 25 de enero de 2015

PERVERTIDOS, INDESEABLES Y CRIMINALES EN EL MUNDO DEL ROCK Malos hay en cualquier sitio, y el mundo del rock no es excepción. No es que abunden, pero hay depravados y cobardes, hay violentos y asesinos, hay verdaderas hienas humanas escondidos tras la guitarra eléctrica.

El rock también tiene sus demonios, sus depravados, su hombre del saco.
La maldad está presente en todas partes, y así como hay buena gente en cualquier capa de la sociedad o entre los más diversos campos profesionales, igualmente se encuentran malas personas en todo sitio o colectivo. Y tal sucede también en el universo de la música rock, que no está exento de sus dosis de abyección y ruindad. Lógicamente se dan casos de traición y deslealtad, de robos y estafas, de engaños, mentiras y otras típicas y comprensibles debilidades humanas, pero esto es otra cosa, esto es algo que traspasa los límites de la criminalidad más sucia. Eso sí, afortunadamente, no son pocos los hechos y personas que poner en el otro lado de la balanza.

Dentro de los más asquerosos y miserables de la historia del rock & roll, sin duda indignos de ser recordados, hay auténticos pervertidos asquerosos como Gary Gliter, Ian Watkins o Roy Harper. Son tres callas crudelísimos, tres pederastas que no deberían salir nunca de presidio. El primero, otrora estrella del glam, ha sido acusado y condenado unas cuantas veces por todo tipo de actos depravados con menores en varios lugares del planeta; incluido en el Registro de Ofensas Sexuales como ‘de los más peligrosos criminales’ y extraditado de un país a otro al no querer acogerlo ninguno, este degenerado viene ejerciendo sus fechorías desde hace décadas: al parecer, en los setenta del siglo XX ya estaba en eso junto al locutor de la BBC Jimmy Saville, cuyas infamias se descubrieron una vez muerto. Ian Watkins (líder de un grupo de cierto éxito en los noventa) ha sido condenado a 35 años de prisión por numerosos cargos de abusos a niños menores de trece años, e incluso a un bebé ¡de once meses!; ni los animales se salvaron de sus instintos animales; el juez afirmó que esta bestia de dos patas “es un riesgo para mujeres y niños” y añade términos como “profundidades de la depravación”. Roy Harper (autor folk, amigo de los Led Zepellin y los Pink Floyd) está siendo juzgado tras ser sido denunciado por forzar a niñas de entre once y dieciséis años, y todo apunta a que pasará unos cuantos años a la sombra (sean los que sean, son pocos comparado con el daño hecho). De la misma calaña que esos tres degenerados es John Phillips, de The Mamas & The Papas, que introdujo a su hija Mckenzie en las drogas y, peor, en el mundo del sexo.

No falta en el planeta de la música rock la figura del cobarde despreciable que golpea y maltrata física y psicológicamente a su mujer. Destacan en este malvado y canallesco apartado dos envilecidos desalmados como Ike Turner o Bobby Brown. El primero zurró y vejó a la gran Tina Turner durante años, hasta el punto de que la ‘Reina Ácida’ intentó suicidarse con pastillas; saturado de cocaína, Ike pegaba o abandonaba a su mujer e hijos como no lo hace ninguna alimaña de cuatro patas; en más de una ocasión Tina hubo de refugiarse en casas de amigos e incluso llega comprarse una pistola; finalmente consiguió el divorcio de semejante protoser. Bobby Brown hizo prácticamente lo mismo con Whitney Houston, de cuyo éxito se aprovechó y, a cambio, la molía a palos y la indujo a las drogas, las cuales, finalmente, la llevaron a la muerte. Ambos son reconocidos como ‘wifebeaters’ que viene a ser ‘golpeaesposas’.

En otro escalón se puede situar a los pistoleros. Aquí caben desde el iracundo productor Phil Spector, encarcelado por asesinato, hasta los raperos-gángster, aunque el rap no puede ser considerado música (no es tal si no se puede tararear ni admite instrumentales) y, ni por asomo, rock. También tienen querencia a las armas y al olor a pólvora un tipo de dudoso talento como Kid Rock u otro con más meritoria trayectoria como Ted Nuggent; sin embargo, éstos ‘sólo’ se divierten matando pumas, osos…; seguro que se camuflan en un tendejón y, con fusil de mira telescópica, tiran contra los animales a unos metros de distancia para luego exhibir su trofeo como si hubieran realizado una proeza.

Sí, la maldad está en todas partes, como la bondad. Pero una cosa es estafar a un colega, plagiar descaradamente, traicionar a un amigo, engañar a quien confía en ti u otros pecados incruentos (incluso ser un bocazas engreído como Morrisey), y otra es abusar de niños y, en fin, ejercer la más sucia y cobarde violencia.  

Ojalá el rock los borre de su memoria.


CARLOS DEL RIEGO