jueves, 1 de enero de 2015

ALGUNAS MENTIRIJILLAS DEL CINE ¡Cómo engaña el cine! Sí, para convertir cualquier historia real en una magnífica película hay que adornar, tergiversar, retorcer, y así, burlando la realidad, es como se asombra y se fascina al espectador. Eso sí, a veces las mentirijillas chirrían

El auténtico Custer se parecía poco al que presentó Hollywood
El cine es engaño y trampa, es su esencia, como en el ilusionismo. Sin embargo, hay casos en que la seducción exige incluso modificar la verdad y traicionar a los protagonistas de la Historia. Y no se trata sólo de anacronismos como el del romano que luce reloj. En no pocas ocasiones muchas personas llegan a conocer a un personaje histórico a través del cine. Por ello, sucede que algunas licencias que se toman guionistas y directores para adornar o dar mayor dramatismo al guión, son consideradas como hechos históricos por buena parte del público, que asimila inocentemente estas mentirijillas.

Los casos abundan. Uno de los más reconocibles es el de la supuesta envidia criminal de Salieri a Mozart en la película ‘Amadeus’. Pero como es sabido, Antonio Salieri no sólo no tuvo que ver en la caída del genio, sino que más bien parece que éste y su padre se obsesionaron de modo enfermizo con el italiano al conseguir éste un puesto que Mozart deseaba. El monstruo del pentagrama llegó a acusarlo del fracaso en Viena del estreno de una de sus obras…, cuando el acusado estaba en París.

Una engañifa muy buena tiene al Cid como prota. Hubo un tiempo en que en España se dio por cierto que el héroe medieval español por excelencia había ganado una batalla después de muerto; la realidad es que esta creencia procede de ‘El Cid’ (1961, Anthony Mann), en la que atan el cadáver del caballero al caballo para hacer creer a los moros que está vivo y es poco menos que inmortal, y así los sarracenos huyen despavoridos. El hecho es falso como el bigote de Groucho. Sin embargo, Rodrigo Díaz a caballo y blandiendo el espadón debía ser aterrador. Y el cine agradece estos cuentos.   

Igualmente Hollywood ha distorsionado la figura del capitán Bligh. En varias películas sobre el motín del barco Bounty aparece como un vengativo, cruel y estúpido comandante, presentándose el famoso motín como un acto de legítima defensa, de justicia. Así, en la peli, William Bligh ordena sangrientos y continuos castigos, flagelaciones y ejecuciones (“¡pasadlo por la quilla!”), es malhumorado, sádico y enfrentado a todo el mundo. Pero la verdad es que el capitán era más amigo de dar el sermón, la regañina, que de fustigar y, mucho menos, de ejecutar; es más, era culto y se preocupaba por el bienestar de su tripulación (según diarios, crónicas y memorias). Finalmente fue absuelto con honores en el proceso que investigó la pérdida del barco. ¿El motín?, lo más probable es que, tras cinco meses de placeres y holganza en Tahití, los marineros (vagos, exigidos y mal pagados) no estuvieran dispuestos a volver al trabajo y el aislamiento, por lo que decidieron regresar al paraíso y echarse nuevamente en brazos de las tahitianas. Piénsese: o disfrutando del trópico con nativas amistosas y sin dar golpe o fregando la cubierta… Claro que las pelis atraen más con un buen malo.  

Lo contrario ocurre con el general Custer. Clásicos del cine lo muestran como heroico y sacrificado al frente del Séptimo de Caballería, pero la cosa no fue así. Orgulloso y soberbio hasta lo impensable, la vida de sus soldados le importaba un pito: la brigada que mandó en la batalla de Gettysburg batió todos los récords de bajas, por no hablar de sus asaltos a los poblados indios. La célebre derrota de Little Bighorn fue, sin duda, causa directa de sus desmedidas vanidad y ambición. No sólo cometió el error de dividir sus fuerzas ante un enemigo numéricamente superior, sino que rechazó llevarse unas ametralladoras que hubieran sido definitivas porque lo retrasarían, y él no quería correr el riesgo de que otro llegara antes y se llevara la gloria. El nieto de un soldado que sirvió a sus órdenes declaró que su abuelo le había confesado que el general había sido la peor persona que había conocido en su vida… Pero los estadounidenses tienen sus héroes y gestas y no son escrupulosos si hay que falsear la cosa.

El caso de Juan ‘Sin Tierra’, Ricardo ‘Corazón de León’ y Robin Hood está asimilado por todos: el primero es el malo y los otros dos los buenos. La verdad es distinta. El rey Ricardo, que apenas sabía inglés y no pasó en Inglaterra más de seis meses durante su reinado, se presenta como el héroe de la historia, cuando en realidad estuvo siempre ‘de viaje’, y mucho menos preocupado por su reino y sus súbditos que por hacer buenas migas con Saladino; según un especialista, “fue mal hijo, mal marido y mal rey, pero gran soldado”. Juan (que sí, trató de usurpar el trono…, como todos los hermanos e hijos de reyes de su época) se encargó del gobierno de Inglaterra y sus posesiones francesas mientras su hermano estaba de parranda, quitó impuestos al pueblo, se enfrentó a los aristócratas y firmó la muy avanzada (para ser 1215) Carta Magna. Robin Hood, en fin, era un nombre común para los asaltadores de caminos; alguno podría ser el que menciona la leyenda, pero no coincidió en el tiempo con Juan y Ricardo.   

Falsificación semejante se hizo en ‘Braveheart’. En ésta, Robert Bruce traiciona a William Wallace en favor del rey Eduardo I; sin embargo, la Historia afirma que Bruce engañó al monarca inglés, se unió a la rebelión y la continuó cuando Wallace renunció. Claro que para llegar a ser rey de Escocia no dudó en engañar, traicionar y asesinar, como hacía todo el que podía en aquel entonces, a comienzos del siglo XIV. 
Hay muchos otros casos de licencias históricas en el cine, pero ¡qué sería del cine si sólo fuera Historia!  


CARLOS DEL RIEGO