domingo, 7 de diciembre de 2014

EL CÍRCULO MÁGICO DE DAVID BOWIE Hace unos días David Bowie lanzó un recopilatorio (el enésimo) en el que se recogen temas de su extensa carrera, grandes éxitos y piezas menos conocidas; sus años dorados, su círculo mágico, sin embargo, es para muchos el que va desde 1969 a 1980

Bowie acaba de lanzar otro enorme recopilatorio en el que está,
cómo no, lo mejor de sus años dorados
Esta gran recapitulación de canciones del Gran Duque Blanco titulada ‘Nothing has changed’ se ofrece en doble vinilo, doble o incluso triple Cd. Y contiene maravillas absolutas, casi todas (sin duda las mejores) pertenecientes a esos años que están entre dos canciones mágicas unidas por el tema y el protagonista de ambas, el ‘Space oddity’ del 69 y el ‘Ashes to ashes’ de 1980. Son doce años de un Bowie pletórico, explosivo, creativo, tiempos en los que las grandes melodías, las letras agudas y misteriosas, las atmósferas más alucinantes parecían caérsele de las manos.


‘Space oddity’ hablaba de la aventura, de la rareza espacial del Mayor Tom, mientras que ‘Ashes to ashes’ recuperaba al astronauta y explicaba qué es lo que le había pasado; entre esas dos glorias de la historia del rock hay melodías imperecederas, álbumes innovadores, distintos, atrevidos, piezas que marcaron camino. La primera de aquellas dos tiene ese don que sólo se encuentra en el pionero absoluto (incluyendo cuenta atrás); para empezar, existe el juego de palabras oddity-odissey, o sea extravagancia-odisea, como si el autor identificara ambas cosas con aquel momento clave en la carrera espacial; además, existen otros enigmáticos juegos de palabras, como ‘el planeta Tierra es azul/triste’, y el protagonista, el Mayor Tom, parece estar flotando-colgado; el caso es que el cosmonauta rompe la comunicación con el ‘Control de Tierra’ después de despedirse de su esposa y sin que quede claro el por qué… La melodía es excelente y permite esa descarga de pasión que Bowie siempre reparte generosamente, con variación de tonos y de intensidad expresiva; una pieza magistral, genial, colosal.

Tras la ‘Anomalía espacial’ (escrita bajo la influencia de la peli ‘2001, una odisea del espacio’ y por el primer viaje a la luna), el emergente Bowie lanzó el poderoso ‘The man who sold de world’, que incluye uno de los primeros temas clasificables como hard-rock, ‘The wide of a circle’, así como el que da título al Lp y que décadas después versioneó Nirvana. El ‘Hunky dory’ entrega auténticas joyas como el ‘Changes’ o ‘Life on Mars’, para muchos uno de sus tres mejores títulos y una de las canciones más inspiradas de la historia del rock. Luego llegó una auténtica locura de álbum, un disco mimado por las musas, ‘Ziggy Stardus’, del que es difícil extraer sus cimas, aunque algunos se quedan con la homónima del Lp, el incontestable ‘Starman’, la preciosa ‘Lady Stardust’ (dedicada a Marc ‘T-Rex’ Bolan) o la depresiva ‘Five years’. Y sólo corría el año 1973. Luego llegaron otros discos y otras canciones brillantísimas (incluyendo las versiones de ‘Pin ups’), como la impecable ‘Rebel rebel’ o la premonitoria ‘1984’; el insuperable ‘Heroes’, que cuenta una historia de amor en torno al Muro de Berlín (de hecho todo el álbum del mismo título es cien por cien berlinés) o el intencionado ‘The Jean Genie’; el sofisticado ‘Fame’ o esa delicia con ecos del rockabilly y de glam-rock que es el ambiguo ‘John, I´m only dancing’ (¿el chico le dice a su chico que está con una chica pero que sólo está bailando, o el narrador responde al comentario que hizo John Lennon sobre los chicos que se visten de chica?).  La lista de los grandes títulos del londinense sería inacabable, y con el añadido de la enorme dispersión de cada uno, es decir, cada álbum, cada nuevo tema de Bowie en esa época era una incógnita y una sorpresa…, nunca dejó de evolucionar, de adaptarse, de sobrevivir al paso del tiempo y los gustos de cada momento.

Y en estas, en el último momento de la década de los setenta, en un cruce de caminos social, intelectual y artístico, David Jones vuelve a conmocionar a crítica y público con un fascinante, ingenioso e inspirado álbum, ‘Scary monsters’; en plena efervescencia de cambio y con la ‘new wave’ en primerísima página, el disco exhibe tanta frescura y atrevimiento como el de cualquier cimbreante ‘nuevaolero’ recién llegado. Además de presentar atmósferas e instrumentaciones cargadas, barrocas, además de ofrecer piezas subyugantes e incluso misteriosas (como la intensa ‘Fashion’), el Lp contiene la conclusión del enigma del Mayor Tom, que se desvela en el prodigioso ‘Ashes to ashes’. Su sonido es tremendamente denso, con guitarras sintetizadas y un ritmo desconcertante; el texto empieza recordando a aquel chico que cortó la comunicación con el ‘Control de Tierra’, y al poco dice explícitamente que “sabemos que el Mayor Tom es un yonqui”, el cual afirma ser feliz donde está, “atado allí arriba, en el cielo”; también hay quien interpreta que la letra se refiere al lanzamiento de la primera bomba atómica… En todo caso se trata de unos versos-adivinanza coronados por un sentencioso ‘polvo al polvo’.     


A partir de ese momento, desde ese ‘Scary monsters’ (para muchos su última gran obra), el músico con ojos de distinto color hará muchos otros álbumes e incluso alcanzará más éxito y repercusión mundial que nunca, compartirá discos y escenario con las máximas estrellas del rock mundial, y se convertirá también él en un auténtico astro de la música; sin embargo, su época dorada, sus años de clarividencia artística ya han pasado. Enmarcados por la alucinante aventura del Mayor Tom, doce discos históricos ofrecieron canciones de referencia, títulos que tienen vida propia por sí mismos en el devenir de esto que llaman rock, y cada uno de los cuales ha ejercido poderosa influencia en no pocos estratos del arte y la cultura de la sociedad occidental. Sin duda, ésta hubiera sido distinta sin el genio de Bowie, sin lo que éste creó dentro del círculo mágico abierto y cerrado por el extravagante astronauta que no quiso volver.


CARLOS DEL RIEGO