miércoles, 20 de agosto de 2014

EL TERROR ISLÁMICO, PRODUCTO DE SU RETRASO HISTÓRICO Todo el que se haya asomado a los medios de comunicación no habrá podido dejar de estremecerse al ver la ejecución por decapitación de un periodista de Estados Unidos a manos de un terrorista musulmán. Es el terror islámico, producto de su retraso cultural y espiritual

Imagen que define el fanatismo islámico, aunque las hay peores
 La barbarie de que hacen gala los islamistas no hace sino evidenciar la amenaza que para el resto del planeta significan estos prehomínidos fanáticos. Cierto es que no todos los musulmanes se conducen con tal salvajismo, sin embargo, se echan en falta críticas a semejantes actuaciones por parte de los mahometanos moderados; es decir, ningún imán, mulá o líder religioso, ningún nombre de peso del mundo musulmán levanta la voz para condenar las atrocidades con que el autodenominado ‘Estado islámico’ está tratando de aterrorizar; por miedo o por complicidad, el caso es que ningún muecín ha afeado a los asesinos su brutalidad en nombre de Alá. 
    
Esa persecución del disidente, esa caza de quien profese otra religión y de quien no observe los preceptos del Corán según lo entienden ellos, esa crueldad de bestia estúpida, junto al silencio cómplice de quienes podrían al menos proclamar que el Islam abomina de tales violencias, viene a demostrar el retraso intelectual, psíquico, cultural e histórico que padece la humanidad islamita.

Sin embargo, echando un vistazo al devenir histórico de las culturas, casi resulta lógico el estado de subdesarrollo en que vive el pensamiento sarraceno. La cultura occidental está basada en la Democracia y los Derechos Humanos, en conceptos como el respeto al otro, la igualdad o la separación de poderes, y es así porque en el siglo XVIII surgieron en Europa (cuya  cultura y mentalidad tiene bases judeocristiana y grecorromana) hombres cuyo pensamiento ascendió hasta alcanzar la Ilustración, la cual es la base de los sucesivos avances filosóficos, culturales y humanos, el pilar imprescindible del progreso lógico de una sociedad cimentada en la razón. Pero el musulmán no hizo la Ilustración, y a diferencia de otros entornos culturales del planeta, no sólo no la asimiló sino que la rechazó: el concepto que la Declaración de Derechos Humanos tiene en las sociedades que progresan no es admisible por el pensamiento islámico. Por eso su mentalidad está estancada y por eso no puede tolerar la idea de que todas las personas tienen los mismos derechos; por consiguiente, en su ideario una mujer vale sólo la cuarta parte que un hombre (en un juicio se necesita el testimonio de cuatro mujeres para contrarrestar el de un varón), no soporta discrepancias religiosas e ideológicas y ejecuta, mutila, flagela, lapida, ahorca, decapita. De este modo, sin raíz en la razón y el respeto al otro, la persona se convierte fácilmente en monstruo, en animal irracional.

Claro que, pensándolo detenidamente, cabe la pregunta ¿qué ha aportado al progreso, al avance y al beneficio de la Humanidad la cultura y pensamiento musulmanes en los últimos cinco siglos?, la respuesta no puede ser otra: aparte de algunos buenos escritores, nada, absolutamente nada. Curiosamente, muchos occidentales criados en la vida democrática que permite criticarlo todo arremeten contra occidente (que no es, dicho sea de paso, la perfección, pues las personas no lo son) a la vez que disculpan, justifican e incluso defienden la violencia de corte yihadista; incluso hay supuestos intelectuales que acusan a España por haber ‘reconquistado’…, pero también hay que imaginarse en dónde estaría la vieja Hispania si Fernando e Isabel no hubieran acabado con los reinos de taifas (las comunidades autónomas de entonces) y expulsado el ideario mahometano. Lo sorprendente es que antes de aquel emblemático 1492 los árabes y moriscos sí que habían ofrecido al resto del mundo grandes aportes en navegación, agricultura, arte, filosofía y cultura en general, pero a partir de ese momento, exceptuando el terreno de las letras, el vacío. Mientras, en esos quinientos años, la cultura de origen grecorromano y moral judeocristiana trajo la Ilustración, que dio lugar a esas bases democráticas que permiten la libertad y el progreso (con todas sus deficiencias); recapitulando a vuelapluma: los ámbitos del arte y la tecnología, las ciencias exactas, médicas y farmacológicas, los medios de comunicación (del periódico a Internet y los móviles) y transporte, el cine o el rock & roll, el deporte y los Juegos Olímpicos, la solidaridad y la preocupación por la naturaleza…, incluso ensayos filosóficos errados como el comunismo, todo ello fue posible en el entorno de libertad que proporciona occidente y que se origina en la vieja Europa; y jamás se disfrutaría de esos avances si en su momento la yihad no hubiera sido frenada y derrotada (Covadonga, Tours, Lepanto, Granada).

Si esas batallas (y otras) no los hubieran detenido, los fanáticos islámicos hubieran impuesto su insoportable y liberticida visión de la existencia en Europa, lo que hubiera imposibilitado la llegada de aquel movimiento filosófico ligado al enciclopedismo, el cual abrió las puertas a todos los derechos y libertades imperantes en occidente (al menos en teoría). Si los sarracenos hubieran triunfado en aquellos lugares, la estampa de un asesino encapuchado decapitando a un semejante, o la del que orgulloso posa con las cabezas que acaba de cortar, no llegaría de esa convulsa zona de Oriente Medio, sino que estaría tomada a la puerta de casa, pues ese retraso intelectual, esa miseria espiritual estaría instalado en todo el Viejo Mundo. 

¿Qué europeo preferiría vivir en una Europa vigilada por la sharia como ley suprema?


CARLOS DEL RIEGO