domingo, 8 de junio de 2014

CUATRO LENTAS CON ALMA Dentro del universo del rock también hay lugar para las piezas poco revolucionadas pero con mucha carga, con mucha alma. Cada amante del rock podría decir sin respirar no cuatro, sino cuarenta, y todas tendrían enorme capacidad de evocación

Las baladas rock dan mucho juego en los conciertos.
La pieza lenta, el ritmo pausado y cadencioso, la melodía calmada y sosegada forma parte imprescindible del repertorio de la práctica totalidad de los grupos de pop y rock que han tenido algún peso en la historia de estos géneros musicales. Casi siempre esas piezas de atmósfera premiosa tienden al tema amoroso, recurso infinitamente repetido que, por increíble que parezca, sigue siendo la materia con la que se construyen la mayoría de las canciones. Hay, sin embargo, lentas que se separan del sentimentalismo más o menos acaramelado, melodías cuya parsimonia rítmica contrasta con un contenido fogoso, cargado de sentido e intención. El catálogo de grandes canciones con muy pocos golpes de bombo por minuto es interminable, así que hay que escoger.

Aquí van cuatro que bien podrían ser cuatrocientas, cuatro que cualquiera podría sustituir fácilmente por otras tantas de igual categoría y significado, dos pares de títulos que, con paso calmo, tienen significado específico
   


The house of the rising sun’ es un tradicional estadounidense de autor anónimo; la primera grabación que se conoce es de 1934 y quien la cantaba explicó que la conocía porque se la cantaba su abuelo…, y poco más se sabe de su origen (tal vez incluso británico). Aunque existen no pocas versiones, la que lanzaron The Animals en 1964 (grabada de una sola toma y con todos tocando a la vez) es la que más recorrido ha tenido; ese arpegio con que da comienzo, esa voz profunda y modulada de Eric Burdon, ese órgano evocador y ese ambiente melancólico e incluso inquietante que tienen los dos minutos y pico, transmiten la intención pecadora de la pieza. Como todo interesado en el asunto conoce, la casa del sol naciente es un prostíbulo-casino de juego (un ‘saloon’ del oeste tal vez) que “ha sido la ruina de muchos pobres chicos, y yo soy uno de ellos”, dicen los versos más evidentes del tema, pero hay otros que remarcan el ambiente de vicio y perdición de aquella casa de Nueva Orleáns, como “Madre, dile a tus hijos que no sigan los pasos que yo seguí, malgastando sus vidas en pecados y miseria en la casa del sol naciente”. Juego, mujeres y alcohol, eso es esa casa.


‘Accidents will happen’ abría el tercer álbum del gran Elvis Costello, ‘Armed forces’ editado en 1979, con el que el londinense no hacía sino confirmar su talento inagotable. La melodía es deliciosa (como casi todas las que componía en aquellos creativos años), con la voz dando inicio y con una secuencia musical lógica, sencilla, fácilmente asimilable, tarareable, dulce y melancólica. La letra trata de dos de los asuntos que siempre han preocupado a Costello, la infidelidad y la culpa, la traición y el remordimiento; así, explica que “ocurren accidentes, golpean y se van, no quiero escucharlo, porque sé lo que he hecho (…) es el daño que hacemos y que nunca sabremos”. Es de tema amoroso, pero va mucho más allá de la simpleza superficial de la canción sensiblera y enamoradiza.


‘Golden brown’ es una preciosa pieza con irresistible compás de tres por cuatro en donde brilla un órgano muy meloso, el cual adorna una tonada melódica de esas que enganchan desde la primera audición y que siempre se desea volver a escuchar (un periodista inglés dijo que era ‘un intento de vals’). The Stranglers irrumpieron en la primera hornada punk, pero pronto se les quedó pequeño el género, ya que poseían demasiada capacidad interpretativa y creativa para limitarse a hacer canciones de dos acordes y tres arreglos. Incluida en su elegantísimo álbum de 1981 ‘La follie’, su letra resulta tremendamente ambigua, tanto que ellos han dicho que debe escucharse como si fuera un test de esos en los que te enseñan manchas y dibujos y tú tienes que decir qué te sugieren, qué es lo que ves en ellos; sin embargo, en alguna ocasión, los propios ‘estranguladores’ han comentado que, en realidad, tiene referencia tanto a la heroína marrón como a una chica de piel dorada. Los versos dicen (más o menos) “marrón dorado de textura como el sol, me posee, se lleva mi mente (…) marrón dorado, la gran tentadora”. ¿Chica o droga?, da igual, canción preciosa.

‘Wind of chance’, de Scorpions, es tal vez el tema que mejor se identifica con aquello que se llamó ‘perestroika y glasnost’ (en ruso, apertura y transparencia, o algo así), con la caída del Muro de Berlín, el colapso de la Unión Soviética y el fin de la guerra fría. Aquel ‘viento de cambio’ comienza en Moscú , ‘hacia el parque Gorky (…) una noche de verano (…) soldados que pasan escuchando el viento de cambio (…) el futuro está en el aire (…) llévame a la magia del momento de una noche de gloria (…) recuerdos distantes enterrados para siempre en el pasado”. Lenta, muy lenta, es una balada típica de los alemanes que, siendo heavys de toda la vida, siempre mostraron predilección por las lentas con melodías especiales para hacer ambiente en los conciertos. Quienes vivían y contemplaran asombrados las imágenes históricas de la caída del ‘muro de la vergüenza’ las recordarán con emoción, que es precisamente el gran valor de esta canción: la evocación de un instante inolvidable, de una noche de gloria que significó un cambio perceptible en todo el planeta.  


Son sólo cuatro lentas con alma y corazón, pero estas otras también ‘Please dont let me be missundertood’, ‘Forever Young’, ‘Perfect day’ y ‘Dead flowers; ¿y qué tal estas otras cuatro? ‘Hey Jude’, ‘White bird’, ‘If you ever seen the rain’ y ‘Lady stardust’; y también podrían ser ‘California dreaming’, ‘Heart of gold’, ‘Dust in the wind’ y ‘Knocking on heaven´s door’. Todas son maravillas a muy pocas revoluciones, pero todas tienen espíritu, sentimiento, humanidad.   


CARLOS DEL RIEGO