domingo, 10 de noviembre de 2013

TREINTA AÑOS VIBRANDO CON ‘THRILLER’ Aunque en puridad se editó a finales de 1982, el mágico ‘Thriller’ de Michael Jackson fue un disco del año siguiente, siendo en muy poco tiempo un álbum aplaudido en todo el mundo. Tres décadas después sigue causando sensación.

Aquellos fueron sus mejores años
En 1983 existía la Unión Soviética, el Muro de Berlín y el Telón de Acero, la guerra Irán-Irak continuaba con cientos de miles de muertos, no faltaba en USA el majara con fusil que tira contra todo lo que se mueve causando docenas de víctimas. En España se cerraban los últimos capítulos del estado autonómico y un delincuente apodado el Nani desaparecía mientras estaba bajo custodia judicial por un quítame allá esos kilos de oro. ¡Ah!, y fue el año del 12-1 a Malta. En cuanto a música, tras la patada en la puerta del punk, la ‘new wave’ se había hecho con la parte del león de la industria; fueron años de vacas gordas en creatividad y ventas. Aquel año murió el recordado Eduardo Benavente, las listas hispanas estaban dominadas por Alaska y Mecano y había mucho mercado para la música en general y la ‘nueva ola española’ en particular. Y en estas, Michael Jackson, lanza su nuevo disco.


Todo el que en España tuviera algún interés por la música (hay que recordar que de aquella, los que pasaban de 35 ó 40 años no tenían el menor contacto con la música pop, rock o similares) sabía ya de Michael Jackson; se le reconocía como el niño prodigio de los Jackson 5 y ya podía presumir de éxitos en solitario incluso en esta parte del mundo: ‘Rockin Robin’, ‘Ben’. A todo esto, la afición estaba bastante polarizada: por un lado estaban los viejos rockeros acérrimos que no cambiaban a sus Stones y viejos dinosaurios por nada, y por otro estaban los que sólo tenían ojos para las continuas novedades que asaltaban los mercados. Por eso (y muchas otras cosas), ‘Thriller’ cayó como una bomba en todo el mundo, puesto que en la misma cara del disco, incluso en la misma canción podía escucharse rock y funk, pop y disco, y la cosa no sólo no chirriaba, sino que funcionaba a la perfección…

El tipo tenía apenas 25 años y ya había publicado docena y media de discos con sus hermanos y otros cinco en solitario, o sea, no era un recién llegado. El álbum presentaba nueve canciones tocadas por las musas y por una producción extraordinaria del gran Quincy Jones, pero entre ellas estaban algunas de las cumbres de la música de la segunda mitad del siglo XX. La pieza que abre el disco, ‘Wanna be startin´ something’, es funk imaginativo y transgresor, con cantidad de efectos, arreglos, sorpresas, voces, pasajes instrumentales y una tensión mantenida de principio a fin. La cuarta era la que daba título al álbum y la única de las grandes cuatro no firmada por Jackson; en ella sigue el tono funk pero más contundente, marcado por una línea de bajo muy sólida, profusión de sección de metal y carta blanca para sintetizadores; ahí está el consabido ambiente terrorífico, zombi, plagado de efectos de pelis de terror e incluso con la evocadora voz de Vincent Price dando ambiente.

En medio del disco está la insuperable ‘Beat it’, puro rock, incontestable, poderoso y hechizante. La peña de iniciados estaba despistada. ¿Cómo es posible que una guitarra evidentemente heavy se pasee por una canción de un artista funk-soul-disco?, ¿qué?, ¿que el solo de guitarra es de Eddy Van Halen del grupo heavy Van Halen? (se dice que hizo dos tomas y fueron tan buenas que no hubo que grabar más). Bueno, la cosa tiene algo más de sentido, ¡vaya, sí que es una gran canción! Sí, hasta los más duros de la época reconocieron que esto era algo inaudito, ¡heavy y funk de la mano!, ¡ni Sly & The Family Stone se atrevieron a tanto!

E inmediatamente, ‘Billy Jean’, un funky electrizante y tenso sirviendo de base a una melodía pop de talla genial y que podría haber sido firmada por Lennon y McCartney. En el inicio el bajo engancha y ya no suelta, e imposibilita distraer la atención, luego el cantante introduce la melodía con sutileza y gracia. De repente, una precisa y cadenciosa guitarra, enérgica y cautivadora, entra y sale, toma el frontal del escenario y se va, explosión funk, seducción negra. No faltan efectos orquestales y violines juguetones. Si hay canciones que tocan la perfección, ésta es una de ellas.
Hay en este disco atemporal otras piezas de gran calibre y estribillos pegajosos en clave soul, funk y balada enamoradiza que, aun a gran altura, bajan unos centímetros respecto a las cuatro grandes.

Es sabido que el disco fue un éxito apabullante, posiblemente el mayor de la historia de la discografía, con ventas declaradas superiores a los 65 millones de ejemplares, pero más importante es que a pesar del tiempo transcurrido esas cuatro grandes permanecen en la memoria de miles de millones de personas en todo el mundo y, más difícil todavía, mantienen su embrujo para con las mentes más jóvenes y abiertas.   

Y a todo esto, la voz del ya malogrado artista, una voz fina pero potente, voz delicada y cristalina, voz madura pero aun ingenua, voz en plenitud, flexible y capaz de múltiples registros, entonada y medida. Una voz apagada por las consecuencias de una infancia sin infancia, destino al que van todos los que deslumbraron en la niñez, vida desarreglada y acosada por fantasmas, complejos, obsesiones y, casi seguro, traumas infantiles. Pero la idea que perdura, la verdadera imagen de Michael Jackson coincide con la que tienen aquellos que tuvieron la suerte de verlo alguna vez en directo, esa que  tendrán grabada de modo indeleble en su mente: delgado y con movimientos precisos de robot y ágiles de felino, pies con vida propia, baile hipnótico. Ritmo y melodía engarzados con genio. Arte. Y espectáculo.

Hace ya treinta largos años que salió ‘Thriller’ y cuatro desde que murió Michael Jackson pero ¿alguien ha olvidado al artista y su obra?


CARLOS DEL RIEGO