jueves, 31 de octubre de 2013

LA IMPUNIDAD DE LAS MASACRES COMUNISTAS Millones de asesinatos y crímenes escalofriantes cometidos durante los años del totalitarismo comunista permanecen en el olvido, pues parece que casi nadie esté interesado en aquellas víctimas; en Rumanía hay quien quiere cambiar esa situación

Pol Pot masacró a más de dos millones de cambodianos en tan sólo cuatro años.
La justicia de Rumanía va a investigar a dos de los directores de prisiones por sospecha de asesinato masivo durante la dictadura comunista previa incluso a Ceaucescu. Lo curioso y sorprendente es que esto no haya ocurrido antes y en todos los países que estuvieron más allá del telón de acero; si aquellas dictaduras hubieran sido de corte capitalista  miles de voces hubieran denunciado, al día siguiente de la caída del régimen, a quienes masacraron a todos los que le resultaban molestos, pero al ser la tiranía de izquierdas parece contar con una benevolencia cómplice de todos aquellos que se creen de izquierdas, buenistas y correctos políticamente.

Cuando caen los videlas, somozas y pinochets, más pronto que tarde se busca y acusa a los responsables de la represión y la muerte de disidentes (como es lógico y natural), se les juzga y encarcela (desgraciadamente no a todos); hoy, en España se siguen buscando criminales de hace décadas y se acusa a indeseables torturadores octogenarios que, a pesar de sus edades, deberían ser llevados ante el juez, aunque esto no sirva nada más que para hacerles pasar un bochorno. Pero asombra que nada de esto se exija cuando se trata de investigar a los fascistas de corte comunista.

El problema es que la violencia de los fascismos capitalistas es vista con repugnancia sin más (como es lógico), pero cuando se trata de la de los fascismos comunistas la cosa cambia, pues se suelen negar o minimizar las masacres y, cuando la prueba es ya evidencia, se buscan disculpas, porqués, motivos…, ¡con decir que hay quien, a día de hoy, encuentra argumentos para defender el régimen de Corea del Norte!

En Rumanía estaba la Securitate, en Alemania Oriental la Stasi, en la URRS el KGB y, en fin, en todos aquellos había policías políticas, las cuales se pasaron décadas y décadas reprimiendo al disidente con saña, con crueldad inenarrable, pero no hay procesos para los responsables, ni siquiera se producen denuncias contra todos aquellos que se encargaron de borrar del mapa a quien se atreviera a levantar la voz. Se dice que hasta la llegada de Ceaucescu la policía política rumana hizo desaparecer (tras escalofriantes torturas) a no menos de 600.000 personas; en la DDR, en Polonia, en Bulgaria y otros países con gobiernos títere de la URRS las cifras no serán muy lejanas, pero nada que ver con lo que tuvo que pasar en La Unión Soviética (sólo el ‘Holomodor’ de Ucrania se llevó a tres millones), en la China de Mao (las cantidades deben ser aterradoras), en Cambodya (¡un tercio de la población!). En total, estimaciones conservadoras cifran en alrededor de cien millones de personas las sacrificadas en aras del marxismo. A pesar de todo, de momento parece que a nadie interesa, pues cuando se habla de crímenes de esa talla sólo se piensa en los fascistas capitalistas, no en los fascistas comunistas (hay que recordar que el comunismo es un sistema económico más que político, cuyo contrario es el capitalismo), sin embargo, seguro que antes o después se empezará revisar todo lo que ocurrió en aquellas dictaduras, se buscarán las fosas y se encontrarán los miles y miles de cadáveres de los que dejaron su vida en los gulags, en los campos de reeducación o en las aterradoras cárceles e ‘instituciones mentales’ de los países de la órbita soviética. Y las cantidades serán acongojantes, aunque realmente se tenga ya una idea bastante aproximada.

Lo preocupante es que, de momento, apenas hay siquiera ganas de revisar e investigar los hechos, tal vez porque los hijos y nietos de aquellos líderes comunistas ocupan hoy puestos desde los que impedir cualquier intento de indagación, pero sin duda llegará el día en que todas las atrocidades cometidas en nombre del comunismo, de la revolución, del proletariado tengan la misma consideración que las cometidas en nombre de la patria. No hay que olvidar que un asesinato es un asesinato sea donde sea, en la Alemania Nazi o en la Unión Soviética, y ambos han de tener igual consideración, es decir, torturar y matar son crímenes que nunca deben ser vistos a través de un cristal ideológico. Sin embargo, los que claman contra la impunidad sólo se refieren a culpables de un color, no a los del contrario.

Y por esa misma razón nadie gusta de ser tachado de fascista, pero hay muchos que se autoproclaman comunistas sin ningún rubor, cuando lo cierto es que una cosa y otra son equivalentes, son términos sinónimos.

Por cierto, ¿dónde está el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo?, la respuesta es fácil: escondiéndose y saliendo del cubil para velar sólo por los Derechos Humanos de verdugos terroristas y violadores y arrinconar los de las víctimas.


CARLOS DEL RIEGO