domingo, 24 de noviembre de 2013

HETERODOXOS, BICHOS RAROS Y PERDEDORES La gran mayoría de los grupos y solistas que han existido no han dejado huella; unos por tratar de salirse del camino ya trazado, otros por sus extravagancias y actitudes de lunático, y otros por no se sabe qué. Muchos de ellos, sin embargo, tuvieron mérito


Uno de los bichos más raros de la historia del rock, The Residents.
Es curioso pero existe una fascinación, una atracción románica, casi poética, por la figura del perdedor, el derrotado, el que nunca vio cumplidas sus ilusiones. La historia de la música rock está abarrotada de vencidos, de hecho, la mayoría de quienes han probado fortuna en este negocio jamás consiguieron asomar la cabeza ni se dejaron ver por las listas; algunos de los que se quedarán para siempre en el anonimato  no hicieron mérito suficiente, pero hay otros que sí aportaron, que sí tuvieron destellos de inspiración y que, por tanto, se merecían mejor trato por parte de la prensa, el público o la industria. 

Cada espectador tendrá en su memoria a aquel grupo o cantante que, hace una eternidad o el año pasado, tuvo un destello en el que pocos se fijaron, pero que él mantiene entre sus recuerdos sin saber muy bien por qué.


El capítulo de heterodoxos, de esos que quisieron ante todo salirse de lo común, está bien poblado, y aunque algunos lograron llamar la atención para convertirse en leyenda o nombre de culto, la mayoría pagaron cara su osadía y dejaron muy escasa huella. Y en todos los géneros ha habido disidentes. Por ejemplo, dentro del rock & roll y rockabilly se puede recordar a The Meteros, la trepidante banda británica (“sólo The Meteors es puro psichobilly”, decían) que lleva en activo desde 1980 y que, a pesar de haber publicado docenas de álbumes y haber recorrido miles de escenarios, jamás han pisado uno de primera división. Sus compatriotas King Kurt también se acercaban al rock & roll, pero lo suyo era más disparatado, enloquecido, divertido, y aunque hicieron algún amago, lo cierto es que jamás contaron con el favor del gran público. Woodentops es otra banda de largo recorrido que fabrica un pop-rock enérgico, sorprendente y llamativo, muy distinto a los estándares habituales y que, seguramente por eso, jamás se ha comido una rosca en el ‘show biz’. La poesía musicada de Anne Clark nunca salió de los ambientes más intelectuales a pesar de su extensísima producción. Igual que el sonido elitista, cristalino y delicado de la guitarra de Vini Reilly al frente de su Durutti Column, que goza de encendidos elogios pero jamás ha tenido recompensa. También se puede recordar a Scritti Politti o a Japan cuando se hace alusión a los que arriesgaron sin que su apuesta resultara ganadora. La lista es mucho más larga y todos tienen en común un atrevimiento casi suicida que, finalmente, definitivamente, los relegó a papeles muy secundarios a pesar de su indiscutible valía. ¿Alguno español?, ¿alguien se acuerda de Lavavos Iturriaga?

Bichos raros los ha habido siempre. No se trata de los que, como los anteriores, tratan de distinguirse sin salirse de los límites, sino de esos que no quieren tener nada que ver nadie, y que optan por el camino del disparate, del absurdo, de lo feo y desagradable incluso. Lógicamente, la repercusión de este tipo de bandas ha sido prácticamente nula. Aquí caben los increíbles The Residents, uno de los mayores misterios de la historia de la música del siglo pasado; sus integrantes nunca han revelado sus identidades, ni se han dejado fotografiar (salvo con disfraz), ni han concedido entrevistas ni, en fin, han querido tener nada que ver con la industria; su nombre procede de la peripecia de una maqueta que enviaron a una editorial, la cual fue rechazada y, ante la falta de un nombre en el remite, pusieron ‘To the residents’; han editado docenas y docenas de discos desde los primeros años setenta y siempre han permanecido en el anonimato, pues han señalado que sólo desde la oscuridad, ajeno a expectativas e influencias, puede el artista mantenerse puro; ¿su estilo?, disparatado y de difícil audición, sobre todo tras unos minutos de escucha. Pero lo máximo en el terreno del desvarío, el delirio o la locura con algún nexo con la música es lo de Whitehouse; baste señalar que uno de sus discos en directo apenas dura diez o doce minutos, pues al cabo de ese tiempo el público, enfurecido, asaltó el escenario con intención de romperlo todo y sacudir a los músicos; lo suyo es la provocación por la provocación. En el capítulo de bichos raros entran los Test Dept, Throbbing Gristle, o alemanes como Can, Amon Dull II o Einstürzende Neubauten… Por cierto, aquí encajan como un guante los españoles Los Iniciados.


Perdedores con encanto los ha habido siempre, algunos tocaron el éxito pero acabaron derrotados, y otros nunca lograron un reconocimiento a su mérito. ¿A alguien le suenan nombres como The Jazz Butcher, The Three Johns, The Origin, Bruce Woolley, SPK (nacido en un siquiátrico y con suicidios en su corta trayectoria), Big Pig o incluso The Flying Burrito Brothers? Pues todos ellos hicieron aportaciones valiosas, discos verdaderamente recomendables sin exceder los límites del rock o el pop. ¿Uno español que decidió permanecer en su “papel de nuevo perdedor”? Los Cardiacos.
Y es que, en realidad, la decepción de ilusiones y expectativas es lo más abundante dentro de este caprichoso universo.


CARLOS DEL RIEGO